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Laboratorios ciudadanos: la nueva revolución
La mayoría de las políticas públicas se diseñan sin involucrar a los ciudadanos y se ejecutan a través de acciones programadas que no se ajustan a una realidad cambiante. Los Laboratorios Ciudadanos son un paso adelante que los mismos gobiernos pueden dar para contribuir a resolver este problema.
Por Pedro Rangel
26 de octubre, 2015
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¿Qué tiene en común la pintoresca Xalapa con la artística Barcelona? ¿Qué hace similar a la tapatía Zapopan de las antiguas ciudades de Madrid y Hamburgo? ¿En qué es parecida la gran ciudad de México a las pequeñas ciudades de Filadelfia y Boston?

La respuesta está en un nuevo movimiento que sacudirá los cimientos de la forma tradicional de hacer gobierno: la revolución de los Laboratorios Ciudadanos.

Los Laboratorios Ciudadanos son espacios de acción colectiva en los que personas con diferentes especialidades se reúnen para replantear las causas de los problemas públicos, diseñar nuevas soluciones y encontrar nuevas oportunidades.

Estos laboratorios no son lugares de exhibición sino espacios que fomentan la creación. Por hacer una analogía, son un lugar en donde la gente no va a ver una película, sino a crear el guión.

Diversas ciudades alrededor del mundo están empezando a escribir nuevos guiones en conjunto con sus ciudadanos a través de la creatividad colectiva que fomentan estos laboratorios sociales.

La ciudad de Boston tiene la oficina de New Urban Mechanics, que ha innovado en la forma de prestar servicios a la ciudadanía. Su modelo fue replicado en Filadelfia y sirvió también de inspiración para el Laboratorio para la Ciudad del Distrito Federal. El Madrid Prado-Lab es el laboratorio de la capital española y el Barcelona Lab el de la catalana; Next Hamburg es el laboratorio de la ciudad de los puentes.

En México ahora ya tenemos dos casos de municipios medios que trabajan en este sentido: el Zapopan Lab en medio de la perla tapatía, y Xalapa con una fuerte iniciativa de datos abiertos.

La historia nos enseña que las revoluciones se gestan cuando un modelo de organización que no funciona se agota y la necesidad del pueblo a la movilización por el cambio sobrepasa la comodidad de la inacción.

El modelo de gobierno que tenemos está en sus últimas y se agota cada día a pasos agigantados. La gente está descontenta, las soluciones que se generan en los tres niveles de gobierno no son suficientes para resolver los problemas que nos afectan. La mayoría de las políticas públicas se diseñan sin involucrar a los ciudadanos y se ejecutan a través de acciones programadas que no se ajustan a una realidad cambiante. La ciudadanía se siente ajena a la mayoría de las iniciativas gubernamentales.

Los Laboratorios Ciudadanos son un paso adelante que los mismos gobiernos pueden dar para contribuir a resolver este problema. Son espacios en los que los ciudadanos son incluidos en la generación de soluciones a los retos sociales, en donde se ponen a prueba nuevas iniciativas que se ajustan a los cambios del entorno, y que se escalan en caso de que se compruebe su efectividad.

Los municipios de México cargan en su espalda elefantes blancos que no les permiten innovar como podrían: políticas públicas obsoletas que permanecen durante años a través del cambio de administraciones sin que se realicen diagnósticos adecuados ni evaluaciones de impacto; programas que obedecen más a la inercia gubernamental y a los intereses políticos que a la solución de los problemas públicos que requiere la ciudadanía.

Desde luego, toda revolución necesita de líderes políticos o ciudadanos que impulsen el cambio. Por lo tanto, para detonar la revolución de los Laboratorios Ciudadanos en el país necesitamos urgentemente dos cosas: que los ciudadanos exijan estos espacios a sus gobernantes electos, y que los gobernantes tengan la visión de impulsarlos.

¿Quiénes de nuestros representantes políticos preferirán agotar el modelo actual hasta sus últimos momentos y quiénes otros tendrán la valentía de dejar la seguridad del status quo para probar la incertidumbre que genera la innovación?  Afortunadamente no hay marcha atrás: la revolución ya comenzó.

 

* Pedro Rangel (@petrorangel) es maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard.

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