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Lo peor de Marcelino Perelló es lo que no dijo
Destaco algunas frases de Marcelino Perelló. No esas frases soeces con las que cree que está develando el mundo para “los conservadores”, sino aquellas en las que ni siquiera repara… y que lo desnudan tal cual es (como a tantos más).
Por Blog Invitado
25 de abril, 2017
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Por: Jaina Pereyra (@jainapereyra)

“Ciro, ¿es tan difícil entender que lo que queremos es simplemente que se respete nuestra integridad, nuestro cuerpo, nuestra libertad y, por supuesto, nos hemos ganado también el respeto a nuestra dignidad ¿no?”, prácticamente con esto cerraba Patricia Olamendi una entrevista con Ciro Gómez Leyva en el 104.1 de F.M el jueves. Sonaba desesperada. La estructura perfecta con la que comenzó su entrevista se había perdido ya para cuando yo la encontré, por ahí de la mitad. Yo no entendía muy bien la actitud de “abogado del diablo” que había asumido Ciro, ni por qué ella estaba tan enojada. No contaba con el antecedente. No había escuchado un día antes al hoy famoso y parece que desde siempre infame Marcelino Perelló.

Me quedé dándole vueltas. Me intrigó saber qué habría dicho Perelló para justificar los dichos que, al día de hoy, todos conocemos, a saber que “sin verga no hay violación” y que “hay mujeres que sólo conocen el orgasmo a través de la violación”- sólo sobre ésos abundaron-. Tal vez morbo o tal vez necesidad de resarcimiento me hicieron buscar la entrevista del día anterior en Radio Fórmula (para los valientes: acá la pueden ver). El resultado fue que el personaje me repugnó aún más.

Destaco algunas frases. No esas frases soeces con las que cree que está develando el mundo para “los conservadores”; no esas poses plagadas de soberbia, de groserías que enuncia con entusiasmo, como si fuera un chiquillo que ya puede maldecir frente a sus papás. Más bien selecciono esas frases en las que Perelló ni siquiera repara… y que lo desnudan tal cual es. Destaco el discurso subyacente, el discurso que confirma que es un misógino, aunque lo niegue insistiendo en que “adora a las viejas”. Destaco el discurso sutil (es un decir) porque ese discurso no sólo está en Marcelino Perelló, sino en tantos más, que ni siquiera son conscientes.

“Ni siquiera tengo claro de dónde vienen los fregadazos. Hay varias teorías de los amigos más cercanos”, comienza la entrevista. Claro, todo es una conspiración. Es genuinamente incapaz de reconocer por qué sus palabras merecen reprimenda. Más tarde dirá, incluso, que los directivos de Radio UNAM se disculparon después de correrlo. No tenían de otra, dice que dijeron, aunque no creían que el castigo fuera apropiado. Porque bros before hoes, como siempre.

Explica (es un decir): “Yo estaba hablando de lady guapa… ¿Tamaraaaa? ¿O cómo se llama? ¿De Anda?”… Porque al quitarle el nombre, fingiendo desconocerlo, la anula.

“Yo hice una apología del piropo”… El piropo merece una defensa. Es un derecho sagrado el de los hombres: manifestar su opinión no solicitada sobre nuestros cuerpos. El piropo necesita una apología y ¿quién mejor para defenderlo?

“Si no podemos piropear a las viejas, se acabó la alegría del mundo, pues”… A las viejas se les piropea. Más tarde oiremos su cliché sobre “la sabiduría de las mujeres”. Las mujeres, a saber, son su mamá, su mujer (su mujer) y su hermana. Como para todo macho acusado de misógino que quiere demostrar que “ama” a las mujeres, las mujeres son aquellas que están vinculadas afectivamente con él. Las demás son viejas y si no puede expresarse como y cuando él quiera sobre su cuerpo, se acaba la alegría del mundo. Su alegría, me imagino. Porque la alegría de nosotras al caminar por la calle, tal vez comenzaría. ¿Se imaginan, mujeres? Caminar en falda sin tener que hacerlo más rápido e incómoda porque ya te voltearon a ver. Poder liberar el gesto de enojo, dejar de fruncir el ceño que usamos como escudo para que no nos hablen. Dejar de caminar concentradas en las puntas de nuestros zapatos esperando que termine la cuadra. Dejar de fingir que no escuchamos… Vaya alegría que sería esa realidad.

Continúa Perelló: “y defendí que se pudiera piropear y hay piropos más elegantes… Y después hay otros más vulgares”. Y por supuesto da sus ejemplos. Porque es un hombre tan culto que los domina todos… Porque, para Marcelino, lo que nos resulta ofensivo es la vulgaridad en el uso de la palabra verga. En su mente, nos preocupa la forma en la que se expresa, no el contenido de lo que dice.

Luego explica cómo llegaron al tema de “meterle los dedos a Dafne”, la adolescente violada en Veracruz… “Y cuando empezaba a explicar esto, oootra de mis colaboradoras… líbreme Dios de mis amigos, que de mis enemigos me ocupo yo. Me dijo ‘es que eso es una violación’”… Y ya sabemos todos que eso ella lo dijo no porque fuera su opinión, ni porque fuera cierto, sino para joderlo a él, el centro del universo; para incitarlo a hablar sobre violaciones (que revisando su historial es un tema recurrente). Él, débil, cayó en la trampa.

Después de haber argumentado en su difunto programa que no había violación “sin verga”, ya revisó el Código Penal Mexicano y resulta que sí… “Lo cual me parece una estupidez del Código Penal porque no coincide con la definición clásica (sic) que está en todos los diccionarios”… No coincide con la definición que él- tal vez- podría entender. Para Marcelino Perelló, la “violación” no implica violentar. Para él, la violación se define por el objeto que vulnera el cuerpo reacio; no por lo reacio del cuerpo, ni por el efecto que tiene en la víctima.

A continuación, Marcelino da una cátedra bastante deficiente sobre cómo el psicoanálisis, la psiquiatría y la psicología “psi, psi, psi”, repite como si el ritmo del sonido le diera razón, argumenta que la violación podría generar placer en muchas mujeres y que no reconocerlo es de mojigatos. No entiende. Marcelino no entiende. Ciro trata de equilibrar. Le pregunta si en una violación tumultuaria en una cárcel puede haber placer. Yo me quedo pensando por qué Ciro tiene que agravar la violación a tumultuaria y situarla en una cárcel. ¿No es suficientemente grave si es una violación, uno a uno, en tu cuarto? Parece que no.

La entrevista sigue. El tema da para mucho más…

 

* Jaina Pereyra es economista, politóloga y especialista en discurso. Dirige Discurseros SC.

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