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Más de una forma de desaparecer a una persona desaparecida
Hay un olvido colectivo que no permite a la sociedad dimensionar las causas y las consecuencias de la desaparición en México, medir los daños, acoger a las víctimas y nombrarlas a todas, porque son muchas más de 90,000 y el problema persiste en todos los estados, todos los días.
Por Silvia Patricia Chica Rinckoar
21 de octubre, 2021
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De cuántas maneras se le nombra para que no sea lo que es: personas levantadas, ausentes, no localizadas, perdidas… y en el ejercicio de nombrarlas el principio de volverlas a desaparecer.

Una búsqueda permanente y un conjunto de delitos continuos, casos de larga data que acumulan años y la mirada en el camino, en la montaña, en el lodazal, en el lugar desconocido, que esconde, que oculta una fosa, para encontrar un cuerpo o al menos una parte que hable por ella, por él.

¿De cuántas formas desaparecemos a una persona desaparecida?  Aquí una lista de prácticas que se reiteran cuando:

  • No se denuncia la desaparición y la sociedad la borra de la memoria.
  • A pesar de que se denuncia, la institución pública no acepta que ha desaparecido y le pide a la familia que espere a la persona, que no tarda en regresar.
  • Se abre una carpeta y se llena de oficios a terceros, para que respondan otros, para que investiguen otros, para que actúen otros, para no saber más del caso.
  • Se desaparece la carpeta de investigación y a la familia que le busca no se le permite conocer el avance de la investigación, de la búsqueda, cuando se niega el acceso a la justicia.
  • Se archiva un caso porque han pasado años sin una pista, sin una señal, sin un indicio.
  • Se cambia a los funcionarios y se pasa de mano en mano una carpeta de investigación o de búsqueda que no avanza.
  • Se encuentra su cuerpo o sus restos y no se le devuelve su nombre y su familia. Volviéndolo a exhumar bajo un código o un registro vacío de datos.
  • No hay testigos y en silencio una sociedad oculta lo que sabe qué pasó, oculta dónde está y oculta quién lo hizo.
  • Se pasa a ser parte de un número, un registro, un dato que se lee en un reporte oficial.
  • Un cuerpo sin nombre sigue esperando una acción forense que le devuelva la humanidad.

La lista puede continuar y se hace más larga con cada año que pasa sin dar con su paradero.  Si hiciéramos la lista completa tal vez todas y todos seríamos responsables de desaparecerlas.

La esperanza sin duda son todas las acciones que resisten el olvido, ese olvido colectivo que no permite a la sociedad dimensionar las causas y las consecuencias de la desaparición en México, medir los daños, acoger a las víctimas y nombrarlas a todas, porque son muchas más de 90,000 y el problema persiste en todos los estados, todos los días.

Una justicia cada vez más lejana con pocas sentencias, investigaciones que no llegan a máximos responsables, impunidad y corrupción que son el contexto perfecto para que se reproduzcan los delitos y para que desaparecer personas se vuelva una práctica que favorece los intereses de redes de macrocriminalidad que operan en todo el territorio.

Desaparecer personas es también una forma de ocultar otros delitos, tal vez por esto resulta tan atractivo y útil, ya que garantiza impunidad para los responsables. Por esta razón es necesario no renunciar a la verdad, a que se le diga a la familia y a la sociedad en general que le sucedió a la persona mientras estuvo desaparecida, solo así es posible su dignidad y solo por esta vía se pueden reconstruir las familias y las comunidades afectadas.

El derecho a ser buscado se pierde sin garantías estatales porque en la práctica somos una sociedad que está acostumbrada a silenciar, ocultar y simular.

A pesar de lo anterior, los colectivos de familiares de personas desaparecidas, las madres, hermanas, hijas, esposas, no olvidan y ahora son más y más fuertes.  En ellas la esperanza y de ellas los avances.

* Silvia Patricia Chica Rinckoar es directora del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (@IMDHyD).

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