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México, en busca de la paz perdida
Desde 2008, México ha caído 45 posiciones en el Índice Global de Paz y en 2013 fuimos el segundo país menos pacífico en América Latina. Este triste galardón era de esperarse pues la tasa de homicidios ha escalado radicalmente en la última década, llegando a 32 homicidios por cada 100,000 habitantes al año, más del triple del promedio mundial, y con una impunidad del 90%.
Por Ana Lucía Dávila y José Luis Chicoma
29 de noviembre, 2013
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Por: José Luis Chicoma (@joseluischicoma) y Ana Lucía Dávila (@AnaDavilac89)

Mientras la disipación del Mexican Moment continúa y el optimismo en torno a las reformas propuestas por Enrique Peña Nieto pasa de moda, los violentos homicidios, la incalculable cifra de desaparecidos y la sobreexposición de los narcotraficantes continúan siendo el problema mexicano por excelencia de la última década.

La violencia se ha vuelto parte de la realidad mexicana y su narrativa en los últimos años. Sin embargo, la coexistencia diaria con ésta no ha generado un conocimiento preciso sobre su estado real. En los últimos 10 años, el gobierno ha fracasado en su labor de informar asertivamente sobre el estado de la violencia en el país. Tal vez porque prefiere no informar verazmente para dar una sensación de falsa calma y seguridad; tal vez porque las autoridades son incapaces de recaudar eficientemente esta información; tal vez porque no hay cifras reales y contundentes por el temor de los afectados y la desconfianza en el sistema judicial.

Ante la falta de entendimiento objetivo de nuestra realidad, este año el Instituto para la Economía y la Paz, reconocido por su experiencia en la medición de la paz y la violencia y autor del Índice Global de Paz publicado desde 2007, eligió a México para elaborar el Índice de Paz México 2013.

Como era predecible, los resultados del Índice en materia de violencia reflejan una situación crítica y costosa debido a un aumento radical en la violencia en México, particularmente desde 2007. En términos de paz negativa, es decir, en presencia de violencia en el país, nuestra realidad sí se asemeja bastante a los encabezados sensacionalistas y los mitos alrededor del tema del narco.

Desde 2008, México ha caído 45 posiciones en el Índice Global de Paz y en 2013 fuimos el segundo país menos pacífico en América Latina. Este triste galardón era de esperarse pues la tasa de homicidios ha escalado radicalmente en la última década, llegando a 32 homicidios por cada 100,000 habitantes al año, más del triple del promedio mundial, y con una impunidad del 90%. Mientras, el tráfico de armas se triplica y, por ende, los crímenes a mano armada se incrementan. Todo esto ha ocurrido aún cuando el gobierno ha aumentado significativamente el gasto público en seguridad y el financiamiento a la policía estatal han crecido desorbitadamente (190%).

Aunado a esto, la violencia nos está generando un alto costo económico como país. El Índice estima que la violencia (tanto directa como indirecta) le cuesta al país el equivalente al 27.7% de su PIB cada año, cantidad con la que podríamos regalar 37,000 pesos a cada mexicano.

Mientras cada vez nuestros índices de violencia se parecen más a los de países centroamericanos y africanos, el reporte es asertivo en destacar que el caso de México es atípico, porque cuenta con un marco institucional, recursos y servicios públicos de mejor calidad. Esta contradicción se puede atribuir a la presencia de crimen organizado y al efecto que sus actividades han tenido en el estado de paz en todo el país.

Índice de Paz en México

El estudio nos enseña que, para comprender el estado real de la paz, debemos considerar que la medición de la violencia no representa una realidad absoluta y a pesar de que los indicadores negativos son indiscutibles, aún existe una luz al final del túnel para México. Como se subraya: “México tiene el mayor excedente de paz positiva en el mundo”. Esto quiere decir que contamos con capacidad para alcanzar la paz, a lo que el Índice se refiere como “paz positiva”.

México calificó arriba del promedio global en 4 de 8 de los pilares de paz positiva como el sólido entorno empresarial, la distribución de los recursos, derechos y garantías, y capital humano, mientras que se ubica dentro del promedio en términos de relaciones con los vecinos. Pero el índice guarda una reserva contundente: México puede superar su situación de violencia a través de su fortaleza institucional, siempre y cuando se emprendan las reformas adecuadas, lo cual presenta un reto importante cuando el país padece de altísimos niveles de corrupción, mal funcionamiento del gobierno y ausencia de libre circulación de información.

El boom y la euforia sobre el prospecto de nuestro potencial ya lo hemos vivido y también lo hemos visto esfumarse tras el recurrente desperdicio de oportunidades, la persistente corrupción y la falta de reformas y políticas públicas innovadoras, verdaderamente multidimensionales e integrales que se atrevan a ir a la raíz del mal endémico de la violencia.

El escepticismo respecto al ejercicio de nuestro potencial no es infundado. Organismos Internacionales y Think Tanks han destacado que nuestras instituciones, aquellas que supuestamente son nuestra ventaja, son uno de los mayores impedimentos en el desarrollo del país y en la superación de la violencia. El Global Integrity Report señaló que México padece de una brecha de implementación enorme, pues mientras su estructura institucional se asemeja a la de Alemania, el funcionamiento de la misma se asimila a la de Uganda y Sierra Leona. Por su parte, el Foro Económico Mundial apunta que la calidad de las instituciones en México es baja. Finalmente, datos y cifras del mismo Índice de Paz de México ponen en entredicho la capacidad institucional de nuestro país: la impunidad que alcanza al 90% de los homicidios, la ineficiencia de una policía altamente financiada, las malas calificaciones en funcionamiento del gobierno, corrupción y libertad de información, sin mencionar la catastrófica pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones y autoridades.

Todo esto es motivo de indignación para cualquier mexicano. Somos parte de un país que cuenta con estabilidad política, capital humano, marcos legales, estructuras institucionales, cientos de programas sociales y acalorados debates democráticos en torno a las reformas económicas, políticas y sociales, pero que no funcionan y no sabemos usar. Es como si tuviésemos un auto de lujo de los 50’s que ya no puede andar o un joven brillante que decide ser nini. Tenemos potencial y herramientas para explotarlo, pero somos incapaces de hacerlo. Permitimos que se oxiden y pierdan partes difíciles de reemplazar. Esta es la historia de nuestro petróleo, de nuestro gobierno, de nuestro sistema de justicia y de nuestra economía.

Pero, a pesar del prospecto negativo, se cuenta con valiosa información del Índice de Paz México 2013, que puede servirnos para tomar acciones y emprender reformas que salgan del paradigma lineal y específico que tanto las ha caracterizado, para aceptar y absorber el carácter multidimensional que la violencia en México tiene, y por ende, sus soluciones requieren.

José Luis Chicoma es Director General y Ana Lucía Dávila es Asesora de la Dirección General en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

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@ethoslabmx

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