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“Nado con Delfines y salud pública”, una pieza de posverdad
Es evidente que sugerir el “Principio Precautorio” para el “nado con delfines” es una medida desproporcionada, injusta e inadecuada ya que no tiene sustento en la realidad y la ciencia: réplica de la AMHMAR al texto de Yolanda Alaniz Pasini "Nado con delfines y salud pública".
Por Roberto Sánchez Okrucky
17 de noviembre, 2020
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El pasado 21 de octubre de 2020, Yolanda Alaniz Pasini firmó una pieza titulada “Nado con Delfines y salud pública”. En ella, trata de establecer que la interacción con delfines implica la transmisión de enfermedades zoonóticas (sugiere que la COVID-19 podría ser una de ellas) por lo que recomienda se aplique el “Principio Precautorio”, con lo que cerraría los delfinarios. En este texto señalaremos los errores e inexactitudes que demuestran que las recomendaciones de Alaniz están sesgadas por su agenda ideológica y política en contra de las instituciones zoológicas modernas con mamíferos marinos.

Alaniz es una conocida activista en contra del cautiverio de los delfines. Ha sido asesora del grupo parlamentario del Partido Verde, que en 2014 intentó fallidamente pasar leyes en contra de esta actividad, o se ha aliado a asociaciones radicales como World Animal Protection, pues comparten objetivos y métodos para descalificar a las instituciones zoológicas modernas con poblaciones de mamíferos marinos, tanto en México, como en otros países.

En el artículo del 21 de octubre, Alaniz asegura que “Las actividades de nado con delfines representan un riesgo para ambas especies, ya que las infecciones pueden transmitirse de una a otra”. Declaración cierta, aunque desproporcionada: el riesgo de infecciones de una especie animal a otra está presente en cada interrelación que existe, ya sea exclusivamente entre animales o de animal a humano y viceversa, lo mismo en entornos silvestres, como urbanos o semi-urbanos.

Los seres humanos tenemos más probabilidades de contraer enfermedades zoonóticas, como la rabia o toxoplasmosis, por el simple contacto o convivencia con animales domésticos sin un adecuado control veterinario como perros o gatos, o por la cercanía con fauna nociva, como ratas y ratones (hantavirus, leptospirosis, enfermedad de Weil), e insectos, como mosquitos (dengue, chikunguya) y garrapatas (enfermedad de Lyme). Es claro que Alaniz busca alarmar al lector al no contextualizar su aseveración.

Alaniz falla también (y como consecuencia, confunde al lector) al NO mencionar que en México todas las instituciones con mamíferos marinos están sujetos a una estricta normativa específica para dichas especies, establecida en la NOM-135-SEMARNAT-2004, que obliga a zoológicos, acuarios y centros de vida marina a mantener un riguroso sistema de medicina preventiva en sus poblaciones. La NOM también faculta a la PROFEPA para asegurar el cumplimiento, y en su caso, sancionar a las instituciones que incumplan con los programas de salud preventiva o que sus instalaciones no alcancen los estándares de higiene establecidos para éstos, como la calidad de agua que deben tener. Esto desacredita el dicho de Alaniz al comparar las instalaciones con delfines a “caldos de cultivo”.

Sobre las zoonosis

La posibilidad de transmisión zoonótica, tanto en mascotas con un adecuado control veterinario, como en instituciones zoológicas modernas, está acotada. A partir de la literatura y conocimiento producido en la materia, se revisan y establecen las mejores prácticas de higiene y bienestar animal (alimento suficiente, enriquecimiento ambiental, expresión de conductas propias de la especie, espacios suficientes y diseñados ad hoc), lo que aunado a un adecuado seguimiento veterinario, resulta en un escenario con posibilidades mínimas de zoonosis.

Alaniz también señala que la actividad es “riesgosa”, ya que los delfines “aún los nacidos en cautiverio, son animales silvestres, predadores, no domésticos”. Nuevamente la agenda ideológica de la autora se antepone a la evidencia técnica y factual, ya que su aseveración -aunque estrictamente cierta- voluntariamente evita mencionar que los delfines y otros mamíferos marinos desde hace más de 30 años se entrenan y desensibilizan del contacto con humanos a través del condicionamiento operante basado en el refuerzo positivo, técnica que evita el castigo y la frustración de manera permanente. Este método se usa en el entrenamiento de perros que rescatan personas o detectan explosivos y narcóticos, como la perra “Frida”, ampliamente conocida por su participación durante los sismos de 2017.

El supuesto estrés en los mamíferos marinos

Muchos de los activistas radicales, como Yolanda Alaniz, basan sus argumentaciones del supuesto maltrato y estrés en delfines por el confinamiento o espacios limitados. Estas posturas se basan en datos antiguos o incidentes descontextualizados, o peor aún, en creencias carentes de evidencia científica y técnica. Estudios recientes, como el publicado por Bergfelt y otros autores en el “Journal of Zoo and Aquarium Research” (31/07/2020), establecen que los niveles de cortisol (una de las hormonas relacionadas al estrés) en los delfines que participan en interacciones con personas, se redujeron después del contacto con éstas: “La disminución relativa de las concentraciones fue del 29% para el cortisol y del 11% para la aldosterona”. Estos resultados son consistentes con otros publicados en 2016 en una muestra más pequeña.

¿Riesgo laboral?

Alaniz Pasini, con base en una cita, señala que “En 2001 investigadores especializados en medicina veterinaria y epidemiología realizaron una encuesta a trabajadores de delfinarios”. Es desafortunado observar que la autora cometa diversos errores al citar, comprender e interpretar el artículo: 1) El documento se publicó en 2008, no en 2001, 2) Alaniz interpreta que el estudio sólo tiene que ver con los delfines bajo cuidado humano o la interacción con éstos; sin embargo, los autores explican que gran parte de los encuestados trabajaban con una amplia variedad de mamíferos marinos, y en especial con muestras biológicas (sangre, secreciones, tejidos) de éstos, 3) Lo más delicado es la aseveración de Alaniz que la encuesta se hizo a “trabajadores de delfinarios”, pero en los resultados se reporta que 58% correspondía a “investigadores”, 29% a “rehabilitación” (atención a animales varados), 10.4% “empleados de zoológicos y acuarios” y sólo 2.1% correspondía a trabajadores de “programas de nado con delfines”.  En las conclusiones del estudio, los autores señalan “Aunque es difícil generalizar entre los diferentes tipos de exposición ocupacional, nuestros hallazgos son consistentes con los casos no fatales de lesiones y enfermedades reportados relacionadas con el trabajo registrados por los empleadores (…)”, lo que implica que los riesgos ocupacionales de estos trabajadores son semejantes a otros.

Coronavirus, humanos y mamíferos marinos

En “Nado con delfines y salud pública”, Alaniz señala que existen diversas enfermedades zoonóticas relacionadas con varios mamíferos marinos como el cetacean poxvirus, la erisipela o la toxoplasmosis. Como lo hemos explicado, la gran mayoría de los microorganismos que provocan enfermedades zoonóticas son parte de la biota (el conjunto de flora y fauna de un lugar determinado) a la que incluso estamos expuestos por contacto humano-humano o con otras especies animales, como las mascotas o fauna nociva urbana.

Sin embargo, no todos los virus que afectan a una especie necesariamente aquejan a otras. Por ejemplo, el “CPV” (Cetacean poxvirus) es exclusivo de los cetáceos y no representa riesgo zoonótico. Otros, en cambio, como la erisipela (Erysipelothrix rhusiopathiae) es provocado por una bacteria (bacilo) con una amplia distribución y la exposición humana no se limita al contacto con mamíferos marinos, ya que se encuentra bastante asociada a animales de granja como cerdos, pavos, pollos y patos. Toxoplasma gondii, causante de la toxoplasmosis, es un factor de infección frecuente en gatos domésticos y, al ser éstos un portador definitivo, existen mayores probabilidades de infección por contacto con heces contaminadas de felinos domésticos, que por la interacción con mamíferos marinos.

En la parte final y, podríamos decir, central de su artículo, Yolanda Alaniz escribe sobre la susceptibilidad a las zoonosis por causa de los coronavirus, dejando entrever que las interacciones entre humanos y delfines pueden desencadenar infecciones por SARS-CoV-2 y desarrollar la enfermedad COVID-19. Por lo anterior, aunque efectivamente se identifican diferentes coronavirus asociados al delfín nariz de botella o mular (Tursiops truncatus), en ambos casos pertenece al grupo de los Gammacoronavirus (Existen 4 tipos diferentes de coronavirus, SARS-CoV-2 es un Betacoronavirus) y no se ha comprobado que los Gammacoronavirus afecten a los seres humanos, por lo que no existe riesgo de infección en humanos para este caso específico.

Respecto a la susceptibilidad reportada en los estudios genómicos aludidos por Alaniz en su artículo, se refieren a un pronostica, por medio de modelos computacionales, la probabilidad de que la enzima ACE2 pueda asociarse al virus y actuar como receptor e infectar. Sin embargo, la probabilidad de afinidad del virus a la enzima no implica que los virus infecten las células de dichas especies como ocurre en el modelo o que, las especies desarrollen la enfermedad (COVID-19) en síntomas o gravedad, como sucede en los seres humanos. Incluso, los mismos autores en un ejercicio de ética profesional “urgen precaución para no sobreinterpretar las predicciones realizadas en el estudio”.

Sugerir el “Principio Precautorio” es inadecuado, injusto y desproporcionado

En síntesis, aún falta mucha información para hacer conjeturas; sin embargo, parece ser hábito en Alaniz, apresurar conclusiones para recomendar medidas: “(…) aplicar el Principio Precautorio que llevaría a evitar el contacto con estos animales y sumergirse en sus estanques”. Alaniz Pasini tiene toda la intención de dañar a las instituciones zoológicas con mamíferos marinos al evocar el “Principio Precautorio” ya que éste implicaría la “(…) adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva. Para dimensionar la medida que Alaniz sugiere, la autora está comparando “el nado con delfines” con la prohibición de transfusiones de sangre contaminada con VIH o el consumo de carne de “vacas locas”, las que, en su momento fueron canceladas usando el “Principio Precautorio”.

De acuerdo al Diccionario Latinoamericano de Bioética, la aplicación del “Principio Precautorio” debería ser la solución extrema: “cuando la potencialidad del riesgo sea muy elevada y no exista otra opción. Pero en muchos casos, la precaución se limitará a medidas intermedias, como promover una profundización de los estudios científicos, para tener una idea más acabada del riesgo; imponer un etiquetado obligatorio de advertencia al consumidor”. Es evidente que sugerir el “Principio Precautorio” para el “nado con delfines”, es una medida desproporcionada, injusta e inadecuada ya que no tiene sustento en la realidad y la ciencia.

Como hemos analizado, Alaniz Pasini escribe estos documentos para lograr el propósito que ha manifestado desde hace mucho tiempo: el cierre o clausura de los hábitats para la interacción con delfines, basado en dudas que ella y otros activistas radicalizados siembran en la mente del público y que ponen a disposición de los partidos políticos y tomadores de decisión que estén dispuestos a patrocinar sus criterios con el objetivo de rentabilizarlos electoral o políticamente.

Aprovechamos el espacio para señalar que producto del retorcido activismo de Alaniz Pasini y otros que comparten esta cosmovisión, se ha estigmatizado el trabajo profesional y contribuciones a la investigación, medicina veterinaria, avance de las ciencias del comportamiento, educación ambiental, sostenibilidad, rescate y rehabilitación de mamíferos marinos en México y el mundo que han aportado, desde hace más de 25 años, las instituciones zoológicas modernas con mamíferos marinos en México, en especial los socios de la AMHMAR.

Terminamos la presente discusión recordando la definición de posverdad de la Real Academia de la Lengua: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Es claro que el artículo de Yolanda Alaniz Pasini “Nado con delfines y salud pública”, es un ejemplo perfecto de posverdad. Los lectores tienen la última palabra.

* Roberto Sánchez Okrucky es vicepresidente de Bienestar y Educación Ambiental de la Asociación Mexicana de Hábitats para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos (AMHMAR, A. C.) y Médico Veterinario Zootecnista por la Universidad Metropolitana Unidad, Xochimilco, en la CDMX. Desde 1989 se estableció en Quintana Roo haciendo clínica e investigación en fauna silvestre. Es autor y coautor en más de 20 artículos y publicaciones científicas especializados en mamíferos marinos. Es miembro del Comité de Medicina Veterinaria de la Sociedad Mexicana de Mastozoología Marina, SOMMEMA, A.C., y del Sub Comité Técnico Consultivo para la Recuperación del Manatí. Es miembro activo del Comité de Expertos en Manatí de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en Latinoamérica. Miembro del Comité de Veterinaria de la Alliance of Marine Mammals Parks and Aquariums, AMMPA. Fue miembro del equipo de expertos en mamíferos marinos del proyecto multidisciplinario internacional “Vaquita CPR”. Fue vicepresidente del Colegio de Médicos Veterinarios Especialistas en Animales de Zoológico.

La Asociación Mexicana de Hábitats para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos, A. C. (@amhmar_mx) es un organismo sin fines de lucro, conformado por las empresas mexicanas líderes del sector; su objetivo principal es la protección y conservación de los Mamíferos Marinos bajo cuidado humano para promover la conservación de los océanos a través de la educación. A lo largo de tres décadas, nuestros Asociados han invertido de forma continua en el bienestar y la calidad de vida de los Mamíferos Marinos bajo cuidado humano, los cuales suman 302 ejemplares registrados ante la SEMARNAT. La AMHMAR como organismo, representa a las principales empresas que integran a más del 95% de los hábitats para la interacción y protección de los Mamíferos Marinos; dichos miembros mantienen una infraestructura fija y de carácter permanente que cumple con las normas y certificaciones vigentes bajo la estricta vigilancia de las autoridades.

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