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Nombrar a las olvidadas
Desde hace 17 años las mujeres encuentran en las Casas de las Mujeres Indígenas un espacio para entregar sus penas, dejarlas atrás y reconocer que viven violencia. Llegar hasta una CAMI ya es un acto de resistencia... y hasta de sobrevivencia.
Por Susana Vázquez Vidal
15 de julio, 2020
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La noche del miércoles llovió mucho, parecía que el cielo caería en formas de gotas de agua en cualquier momento. Bajo los truenos y el aguacero estaba Rubén, dando vueltas, gritando fuera de la casa de María1, quería llevarse a sus hijos. María sintió mucho miedo, no pudo dormir en toda la noche. Al otro día, temprano, fue para la Casa de la Mujer Indígena Nääxwiin, sin desayunar, con su mamá y sus dos niños. Estaba desesperada, con miedo, triste y la angustia recorría todo su cuerpo. Este es el medio camino de una historia que comenzó hace cinco años, cuando María se casó con Rubén.

María tiene 24 años, dos hijos y una carga tan pesada, que solo ahora tuvo el valor de comenzar a liberar. Desde que se casó con Rubén ha vivido violencia, pero “aguantó” porque no quería que sus hijos crecieran sin un padre; ella lo sufrió en su niñez. Su mamá la crió sola a ella y a sus cuatro hermanos. Hacía y vendía totopos para poder sostenerlos.

Rubén es militar, golpea a María y la ha violado. Cuando apenas tenía dos meses de haber sido operada de la matriz ―por una complicación que tuvo en el parto de su último hijo―, Rubén la forzó a tener relaciones. Además, le decía que en el hospital ella había tenido encuentros sexuales con los médicos.

Mientras María narraba su historia, rompió a llorar y repetía: “Hay ideas que no se me quitan de la cabeza”. Si un minuto de violencia es demasiado, cinco años pueden ser una eternidad. La vida de María, como la de muchas mujeres indígenas en México, está atravesada por la situación de marginalidad que viven en las comunidades, el machismo que impera ―donde es “normal” callar y aguantar, pues el marido siempre tiene la razón― y la visión de un Estado que minimiza la violencia hacia las mujeres porque la familia mexicana es “fraterna”2.

Esta violencia sería menos visible sin el trabajo que hacen actualmente las Casas de las Mujeres Indígenas. Desde hace 17 años las mujeres encuentran ahí un espacio para entregar sus penas, dejarlas atrás y reconocer que viven violencia. Llegar hasta una CAMI ya es un acto de resistencia… y hasta de sobrevivencia.

Escuchar, escuchar, acompañar

La atención que brindan las CAMI’s es única al ofrecer un espacio de seguridad y de confianza para las mujeres. Ser parte de una comunidad indígena, conocer de cerca la violencia y hablar la misma lengua materna hace que quienes laboren ahí estén sensibilizadas con las disímiles situaciones que presentan quienes buscan auxilio y justicia ante la violencia.

Constanza Cruz Gutiérrez en Nääxwiin ha trabajado durante muchos años en el área jurídica. Las mujeres acuden a ella como kunääx (persona ayuuk) para compartir la angustia. En momentos de incertidumbre y sufrir, la lengua es su refugio, el territorio seguro para compartir el dolor.

Doña Cons y Zoila José son las encargadas de la atención jurídica en Nääxwiin, pero en general las seis mujeres ayuuk, fundadoras de la CAMI, siempre escuchan a las mujeres que necesitan desahogarse y compartir su dolor en mixe. Escuchar es el primer paso para que las mujeres que llegan en buscan de ayuda no se sientan solas.

Cons cuenta que ha aprendido a ver en los ojos de las mujeres su tristeza, sabe cuándo han vivido violencia:

“Al estar en el área jurídica, acompañando a la abogada como intérprete, como traductora, yo me he dado cuenta cómo llegan las mujeres. Tuvimos el caso de una menor de edad que llegó muy lastimada porque el agresor la golpeó con alambre de púas. Ver su físico, entresacada la carne, son cosas que el gobierno o los que tienen el mandato en sus manos no lo ven, no se ponen en los zapatos de las mujeres que viven violencia; no lo sienten porque no ven la realidad de la situación que enfrentan las mujeres, porque están en una oficina con aire acondicionado, con escritorio de lujo. Pero nosotras estamos a diario enfrentando la situación de la injusticia. Es injusto entonces que nos quieran pisotear. Nos discriminan como siempre; los indígenas no valen nada y violentan nuestros derechos”.

El que las mujeres indígenas hablen de violencia hoy y busquen ayuda ha sido un largo camino para Nääxwiin, lo que ha implicado resistir rechazo de los hombres en las comunidades, malos tratos y violencias. Pero con paciencia, talleres con mujeres y hombres, diálogo con autoridades y una labor de preparación constante en temas de violencia de género, ellas han logrado que los derechos de las mujeres indígenas sean más visibles.

Por eso, para Cons “esta situación de las CAMI’s es desesperante porque no se reconoce ni valora el trabajo que hemos realizado por muchos años: es como quedarte entumida, amarrada de las manos después de haber hecho un gran trabajo. Tu esfuerzo, tu energía, tu juventud y 17 años de estar en la CAMI, ¿dónde quedan? (…) Todo eso pues es desvelarte, es pasar hambre, es pasar frío, es pasar sed para que se logre la justicia hacia las mujeres. Por eso a mí me pega muy duro cuando hay esta situación de que no hay recurso”.

“Yo soy una mujer indígena y pobre, aunque yo quisiera que se haga y se dé la justicia, ¿cómo apoyo a la otra mujer? En cambio, con el recurso que nos da el INPI (Instituto Nacional de Pueblos Indígenas), ahí tenemos asegurado que las mujeres tengan apoyo emocional, compañía, traducción y reciban talleres de empoderamiento para que hagan sus denuncias. Para que se integre su carpeta de investigación son necesarios los estudios de perito psicológico, médico y la inspección ocular, que implica moverse a diferentes lugares como Juchitán, Salinas Cruz, Tehuantepec, Tuxtepec o la ciudad de Oaxaca”.

Cuando una mujer indígena se enfrenta sola a una situación de violencia y busca ayuda de instituciones como el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), puede vivir un eterno ir y venir de un lugar a otro que provoca cansancio, gastos económicos y, finalmente, el abandono del caso. Doña Cons, que ha acompañado a las mujeres en el camino para encontrar justicia, narra que el DIF no cuenta con abogadas que litiguen, por lo que empiezan a rebotar ―como a una pelota― a las mujeres indígenas: “No, pues vete al Ministerio Público; el Ministerio Público: ‘ah pues yo no te entiendo lo que dices, a ver búscate a alguien’, y es así como las empiezan a rebotar y ellos mismos canalizan a las mujeres a la CAMI. Tanto el DIF, como el Ministerio Público, como el Juzgado de lo Familiar, no pueden atender a las mujeres que no hablan español porque necesitan que alguien las acompañe, hablamos pues de mujeres indígenas, que alguien les interprete y si ellas no saben a dónde acudir, pues tiran la toalla, ya no le dan seguimiento y siguen viviendo violencia hasta que las matan. Es un caso grave, pues”.

El recorte del presupuesto del 70 al 75% que viven hoy las Casas de la Mujer Indígena y Afromexicana debido a la situación generada por la pandemia de COVID-19, da un mensaje del bajo nivel de prioridad en el que están las mujeres indígenas para el Estado mexicano. Las olvidadas, golpeadas y violentadas siguen siendo ellas, que muchas veces no tienen ni los 60 pesos para pagar el viaje desde una comunidad de San Juan Guichicovi hasta Matías Romero, donde está la CAMI Nääxwiin, por tan solo mencionar un ejemplo. Allá donde el servicio telefónico es poco o nulo, no hay llamadas al 911, la única alternativa a la violencia es lograr salir de la comunidad, con todos los riesgos que implica al convivir con el agresor.

Casos como el de María quizás nunca sean escuchados porque las mujeres no llegan ni a contar la historia, quedan en el camino. Entonces esa mujer se convierte en un número más, alguien que murió en un pueblo olvidado donde hablar de violencia todavía causa risa y enojo.

* Susana Vázquez Vidal (@Suw89) es periodista y estudiante de Doctorado en CIESAS Occidente.

 

1 La historia que narramos es real. Solo cambiamos los nombres de las personas para proteger la identidad de la mujer ayuuk que acudió en busca de ayuda.

2 En la mañanera del 6 de mayo, Andrés Manuel López Obrador argumentó que la familia mexicana es fraterna cuando lo interpelaron sobre la violencia contra las mujeres en sus casas durante la contingencia sanitaria.

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