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Nosotrxs y el nuevo mundo, ¿qué hemos aprendido en dos meses de pandemia en México?
Es momento de hablar de una economía regenerativa en donde pongamos a la naturaleza y nuestras necesidades en un mismo nivel de importancia y no sólo extraigamos recursos sino que también busquemos la forma de regenerarlos y cuidarlos.
Por Odile Cortés
16 de mayo, 2020
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Sin duda la crisis de salud y económica del COVID nos ha cambiado la vida. Aun al que menos involucrado ha estado en el tema, al que no ha podido o querido quedarse en casa, y al más sano y esperanzador de los municipios. En IntegraRSE desde el arranque de la cuarentena nos hemos dado a la tarea de analizar semanalmente en webinars cómo se han dado estos cambios, pero -sobre todo- cuáles de ellos queremos que se queden para tener un mejor mundo responsable y sostenible.

En las últimas dos semanas la visión ha sido “hacia afuera”, es decir, ¿cómo podemos desde las organizaciones cuidar al planeta y al otro? Y las respuestas son amplias, pero empiezan por reconocer que toda organización, del tamaño y tipo que sea, está conformada por individuos y el cambio máximo debe venir justamente en ese ámbito, en entender la responsabilidad social individual que todos tenemos y hacer algo al respecto.

¿Ha cambiado nuestra forma de ser comunidad? Sin duda, empezando por definir a la comunidad como algo que ocurre “de la puerta para afuera” de nuestras casas o empresas a algo que nos incluye directamente a nosotros y nuestros seres queridos. La vulnerabilidad no es algo que sufren agentes externos a mi círculo, ya no es un “yo / ellos” sino “nosotros”: no son vulnerables sólo los huérfanos, los pobres, los adultos mayores, la gente con discapacidad. Somos vulnerables todos y de un día para otro crece esa vulnerabilidad. Ya no son cosas que le pasan “a los otros” sino a nosotros mismos, nuestros padres, nuestros hijos. Somos parte de una comunidad porque vivimos en ella, no porque participamos en una causa. En IntegraRSE constantemente vemos a empresas elegir una causa social y arroparse en ella a través de donativos o voluntariados, pero sigue siendo algo externo, algo “que le pasa a otros”, y esta crisis confiamos que cambiará esa visión para entender que los problemas sociales nos pasan a todos: una enfermedad no le da a alguien más, le puede dar a cualquiera y mejor aún, si no le da a tu comunidad cercana de todos modos la afecta porque es un tema de salud pública, porque exige recursos y preocupaciones en los familiares y ciudadanos que lo rodean.

¿Ha cambiado la forma de ayudar? Muchísimo porque por primera vez no se trató de “salgamos todos a ayudar” sino por el contrario, dejemos que ayuden lo que sí saben cómo ayudar. En este caso el personal de la salud, pero también los de los servicios básicos que en otras ocasiones hubiéramos invisibilizado: el que nos reparte el gas, el que lleva la comida, los que hacen oficios básicos como recolección y limpia. Todos ellos están ayudando simplemente con salir a hacer su trabajo porque se están arriesgando. Y quienes nos pudimos quedar en casa tenemos el reto de aprender a ayudar como la comunidad necesita que se le ayude: no basta dar despensas y regalar ropa usada, necesitamos activar la economía, comprarle al de la tiendita, pedir comida de la fonda cercana. No podemos hoy hacer voluntariados, no es factible hacer grandes donativos, pero si podemos contribuir colocando recursos que de por si usamos en donde tengan un mejor impacto. El consumo local y responsable es uno de los grandes aprendizajes de esta crisis: por ahorrarnos unos pesos a veces impactamos económicamente a un sector poblacional muy dependiente del dinero constante.

¿Hemos cambiado como ciudadanos? Quiero confiar que sí, sobre todo como individuos que consumen, ayudan… y contaminan. Empezamos a ver un mejor entendimiento de lo que le hemos hecho al planeta: Comenzamos a ver las fallas que tiene la economía extractiva, basada en la extracción del valor de la naturaleza y en la destrucción de la misma y se hizo evidente que, sin esta visión destructiva, existen peces, aves, flores que en el día a día no apreciamos pues las ahuyentamos y hasta exterminamos con nuestras actividades.

Es momento de hablar de una economía regenerativa en donde pongamos a la naturaleza y nuestras necesidades en un mismo nivel de importancia y no sólo extraigamos recursos sino que también busquemos la forma de regenerarlos y cuidarlos: a través de huertos urbanos, de reúso de productos, eliminación de empaques, disminución de contaminantes por transporte, etc.

Nunca ha bastado con compensar, ahora más que nunca lo notamos, decir que “uso productos llenos de plástico, pero los reciclo después” no es una visión responsable de nuestro consumo. Lo que es realmente responsable es ver nuestras compras no como un intercambio de dinero por producto/servicio sino de una redistribución económica dentro de toda una cadena productiva. No solamente recibo mi producto sino todo lo que viene con él (sus plásticos envolventes, el cartón y etiquetas, el CO2 de su transporte…) y también lo que gracias a él se genera: pago de sueldos –justos o no– pago a proveedores, uso -o abuso- de recursos naturales, empleo en lugares rurales, etc.

¿Seremos empresas más responsables? Deseamos fervientemente en IntegraRSE que así sea y los webinars justo buscaban discutir cómo. Esperamos que las empresas cambien su relación con las individuos que las conforman (desde colaboradores hasta proveedores) y los entiendan más como personas que como recursos, que auténticamente se preocupen por su bienestar y tengan relaciones más transparentes y colaborativas en serio, no sólo de nombre. Que las empresas empiecen a generar proyectos de negocios con una visión regenerativa tanto del tejido social como de los recursos naturales, proyectos sólidos y redituables en los que se pueda invertir: ya sea comprando o atrayendo capital. Vemos ya una tendencia a privilegiar productos ecológicos o con causa, los inversionistas ya están también realizando auditorias de temas socioambientales.

Hagamos que esta tendencia sea ya una normalidad al salir de la crisis y busquemos cambiar realmente el paradigma económico en el que hemos vivido hasta ahora: responsables o no, es momento de ser consumidores conscientes. Si cambia el individuo, necesaria e innegablemente cambiará el sistema económico que se genera. Ahora más que nunca, ¡seamos el cambio que queremos para el Nuevo Mundo!

Para conocer todas las conversaciones generadas en los Webinars de IntegraRSE, visiten la página y regístrense a los webinars y cursos gratuitos que ofrecen.

* Odile Cortés es Directora de Operaciones de IntegraRSE (@integrarsemx), consultora en responsabilidad social.

 

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