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Patrones del homicidio en México: una exploración de la tasa de homicidios en grupos de población
La tasa de homicidios más alta para cualquier grupo poblacional en todo el país la tienen los hombres de entre 30 y 34 años en Colima. En 2018, este grupo tiene una tasa de 317 defunciones por homicidio por cada 100 mil habitantes, en contraste con la tasa de 28.6 que se reporta en general para el país.
Por Horacio Ortiz Ríos y Data Lab Mx
9 de septiembre, 2019
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De acuerdo con información de INEGI sobre las defunciones registradas por las autoridades de salud, el nivel nacional de homicidios ha aumentado de manera sostenida en los últimos cinco años: de 2014 a 2018, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aumentó en 72%, pasando de 16.6 a 28.6. El aumento más drástico en este indicador tuvo lugar entre 2016 y 2017, cuando superó el máximo histórico que había alcanzado en 2011. Gracias a la última actualización de la información por parte de INEGI, ahora sabemos que 2018 fue un año todavía más violento. Sin embargo, este aumento general puede oscurecer patrones específicos para ciertos grupos poblacionales dados por estado, sexo, edad y nivel de escolaridad. Para conocer en profundidad los patrones que subyacen a este fenómeno podemos aprovechar el alto nivel de desagregación que ofrecen las cifras.

En primer lugar, podemos notar que la tasa de homicidios ha evolucionado de manera muy distinta para hombres y para mujeres. Para esto, calculamos a la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de manera independiente para hombres y para mujeres. La información sobre el tamaño de la población de cada grupo se obtuvo de las proyecciones de población elaboradas por CONAPO. En ambos grupos hubo un aumento importante en el nivel de homicidios, aunque de magnitudes distintas: entre los hombres el aumento fue de 76 %, y entre las mujeres de 46 %.

Antes de explorar estas cifras en mayor detalle conviene aclarar que los homicidios entre hombres y mujeres parecen ser fenómenos muy distintos, cada uno con lógicas particulares. En la misma fuente de información se especifica para algunos casos si el presunto agresor tiene parentesco con la víctima. Entre los casos que lo especifican, esta condición es cierta para el 68 % de las víctimas mujeres, en contraste con el 36 % de las víctimas hombres. Al tratarse de estadísticas recabadas por las autoridades de salud, no se incluyen datos de los presuntos victimarios, ni se especifica cuáles de los casos corresponderían al tipo penal de feminicidio. Frente a estas limitaciones, se recomienda evitar lecturas de estas cifras como diferencias en la probabilidad de sufrir violencia letal entre hombres y mujeres.

Ahora bien, entre las entidades federativas del país se sostiene la amplia diferencia en las tasas de homicidios para hombres y para mujeres. A nivel nacional en 2018 esta tasa era 9 veces más grande para los hombres. En ese mismo año, la mayoría de las entidades federativas mantuvieron una razón similar entre la tasa de hombres y la de mujeres, a excepción de Sinaloa, donde la tasa para hombres fue 22 veces mayor que la de mujeres. Si exploramos en detalle esta circunstancia resulta que Sinaloa se encuentra entre las entidades con mayor tasa para hombres y al mismo tiempo está entre las entidades con menores tasas para mujeres.

Si se atiende de manera particular las tasas de homicidios de hombres por cada 100 mil habitantes hombres, se puede retratar una faceta de la violencia letal con lógicas específicas en cada estado de la República. En la mayoría de los estados, las tasas de homicidio entre hombres tienen valores del doble de las tasas calculadas para la población en general. Naturalmente, esto tiene que ver con que una gran parte de los homicidios registrados tienen como víctimas a hombres, mientras que este grupo sólo constituye la mitad de la población. Respecto de este indicador específico, los estados con las situaciones más graves de violencia en 2018 fueron Colima, Baja California y Chihuahua, seguidos de Guanajuato, Guerrero y Quintana Roo. Por otra parte, entre las entidades con menores tasas de homicidio para hombres se distingue Yucatán con una tasa de sólo 4.4 homicidios de hombres por cada 100 mil hombres, una tasa 36 veces menor que la de Colima. A Yucatán le siguen Aguascalientes, Coahuila y Campeche.

La edad es otra característica clave de la población que nos permite profundizar en la identificación de patrones de la violencia letal. La siguiente gráfica presenta la tasa de homicidios por sexo y por grupo de edad en 2018. Los grupos con mayor incidencia de violencia homicida son los hombres de entre 25 y 39 años de edad. Tanto en hombres como en mujeres, los niveles de homicidio aumentan drásticamente a partir del grupo de 15 a 19 años. Entre los hombres, el aumento es dramático: la tasa se duplica para el grupo de 20 a 24 años, y sigue en aumento hasta el grupo de 35 a 39 años. También entre las mujeres, no es sino hasta el grupo de 40 a 44 años que la tasa comienza a disminuir.

Las acentuadas diferencias en los niveles de homicidio entre grupos de edad, en conjunto con las diferencias que prevalecen en este valor entre hombres y mujeres, demuestran que la violencia letal en México se concentra en grupos de población específicos. Más aún, la evolución de la tasa de homicidios general que se reporta comúnmente al hablar de la violencia en este país, en realidad refleja lo que sucede en estos grupos de población. El diagrama de calor que se presenta a continuación permite apreciar esto con mayor claridad, específicamente para los hombres. El preocupante aumento en los niveles de homicidio apreciado de 2014 a 2018 fue acompañado por una mayor concentración de la violencia en estos grupos. En 2014, la tasa de homicidios para los hombres de 20 a 39 años era 78 % mayor que la tasa general; en 2018, estos grupos de edad tenían una tasa 86 % mayor que la general.

El mismo patrón de una mayor concentración de la violencia letal se presenta al comparar entre entidades federativas. Conforme aumenta la tasa de homicidios entre las entidades, este fenómeno tiende a concentrarse en ciertas edades, especialmente en los hombres de 25 a 39 años. La tasa de homicidios más alta para cualquier grupo poblacional en todo el país la tienen los hombres de entre 30 y 34 años en Colima. En 2018, este grupo tiene una tasa de 317 defunciones por homicidio por cada 100 mil habitantes, en contraste con la tasa de 28.6 que se reporta en general para el país.

Finalmente, la distribución de las víctimas de homicidio por nivel de escolaridad no varía mucho por sexo. En ambos grupos, el nivel de escolaridad más frecuente entre las víctimas es el de secundaria terminada. El segundo lugar por frecuencia lo ocupa el grupo de nivel educativo primaria. Sin embargo, deben reconocerse algunas limitaciones de esta información. Primero, hay una proporción importante de víctimas para quienes no se especifica el nivel educativo, lo que dificulta la identificación de patrones concluyentes. Segundo, no hay manera de calcular la tasa que representa el número de víctimas para cada nivel educativo, por la falta del dato de la población total que conforma cada grupo. En este sentido, la prevalencia de la violencia homicida puede ser mucho mayor en el grupo que sólo concluyó la primaria pues, a pesar de presentar menos víctimas, la población que lo conforma suele ser mucho menor. Sin embargo, a pesar de estas limitaciones en la información, la exploración de los patrones específicos en la violencia homicida, y en el fenómeno de la violencia en general, se plantea como una tarea urgente. Esta práctica puede profundizar nuestra comprensión del problema y, como consecuencia, nos permite diseñar respuestas públicas más efectivas.

* Horacio Ortiz Ríos (@hortizrios) es investigador titular de Data Lab Mx, sociólogo egresado de la UNAM con formación en ciencias sociales en maestría (Flacso) y doctorado (Colmex). Se especializa en procesamiento y análisis de datos para la investigación social, en temas de seguridad, justicia, violencia y derechos humanos. Data Lab MX (@mxdatalab) es una organización, apartidista sin fines de lucro, multidisciplinaria que combina experiencia científica, académica y profesional, para que con base en la ciencia de datos, desarrolle soluciones innovadoras para problemas complejos.

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