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Pemex: entre la crisis por la pandemia y la urgencia de replantear la estrategia energética 
En su segundo año, la lucha del gobierno para sanear Pemex ha sido bien documentada, pero con la pandemia en pleno desarrollo existen razones para cuestionar su estrategia.
Por Alonso Hidalgo
6 de octubre, 2020
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En abril pasado, Pemex reportó pérdidas trimestrales por USD 24 mil millones. Esto aceleró dramáticamente la trayectoria de la compañía mucho antes de la llegada del COVID-19: Pemex registró una pérdida neta de USD 18 mil millones durante el año 2019 (equivalente a alrededor del 25 % de su volumen de ventas para el año). Paralelamente, los casos de coronavirus comenzaron a dispararse en todo el país y, pese a los mensajes iniciales contradictorios, el gobierno instituyó una cuarentena que duró hasta mediados de junio. Luego, ya en medio de la pandemia y con el registro del derrumbe de los precios del crudo, el Fondo Monetario Internacional pronosticó que el PIB de México caerá un 10,5 % este año.

Este post hace un seguimiento de las acciones más recientes del gobierno de México en materia de energía y analiza algunas contradicciones, como la diferencia entre la agenda global de transición energética y las ambiciones del actual gobierno para Pemex como agente del desarrollo económico del país.

Pemex en el contexto de transición energética

El presidente Andrés Manuel López-Obrador ha impulsado una agenda económica que prioriza el “rescate” de Pemex desde el inicio de su administración. En su segundo año del gobierno, su lucha para sanear Pemex ha sido bien documentada, pero con la pandemia en pleno desarrollo – y sin ningún alivio a la vista para los productores de petróleo – existen razones para cuestionar su estrategia.

¿Será pues, la respuesta mundial a la crisis un factor determinante para acelerar la transición mundial hacia fuentes de energía más ecológicas? Este avance es necesario para que el mundo cumpla con los objetivos esenciales de reducción de las emisiones de carbono, pero también representa una amenaza para los países productores de petróleo, como México. Es por este motivo que el apuntalamiento de Pemex como columna vertebral de la economía del país podría implicar enormes riesgos para su estabilidad financiera general.

Todas las compañías petroleras enfrentan el riesgo de que el dinero que inviertan hoy no genere un gran rendimiento si la transición energética global resulta en una caída a largo plazo de los precios de este combustible fósil, y Pemex no es la excepción.

Una de las claves para entender este tinglado es el “precio de equilibrio” para proyectos nuevos, que es el precio límite en el que los activos de ciertas empresas petroleras son rentables. A nivel mundial, muchas compañías petroleras están corrigiendo los precios supuestos a largo plazo muy por debajo del precio de equilibrio: BP recientemente proyectó un precio promedio de USD 55 por barril para el período 2021-2050, y las estimaciones de terceros sobre el precio a largo plazo, que sería necesario para lograr los objetivos climáticos globales, son aún más bajas.

El precio de equilibrio promedio de la cartera total de Pemex no es tan alto como el de algunos de sus pares. Si los precios del petróleo regresan a un nivel de USD 70 o más a largo plazo, la mayor parte de la inversión upstream – es decir, en las primeras etapas de la cadena de valor, como exploración y explotación – futura de Pemex podría ser viable. Pero, si la acción global o el cambio tecnológico resultan en una disminución significativa del valor del petróleo a largo plazo -como implicarían algunos escenarios de la Agencia Internacional de la Energía (ver cuadro)- entonces Pemex corre el riesgo de que decenas o cientos de miles de millones de dólares invertidos en activos upstream no puedan generar suficientes ganancias para el país.

Próximas inversiones de capital de desarrollo de Pemex que no serían rentables en los escenarios de la Agencia Internacional de la Energía

Fuentes: Rystad UCUBE, Carbon Tracker, cálculos NRGI.

Además, el gobierno está apostando fuertemente por mejorar la capacidad de refinamiento del petróleo para poner fin a la dependencia del país, al gas y diésel importados. En este contexto y con un costo aproximado de USD 9 mil millones, el gobierno impulsa por poner en operación la refinería Dos Bocas, uno de los proyectos emblemáticos de la actual administración. Sin embargo, el gobierno calcula que operar Dos Bocas durante los próximos 20 años le costará a Pemex USD 31,3 mil millones y los analistas consideran que el proyecto solo será rentable si la compañía descarta devolver el dinero invertido por el gobierno federal.

El gobierno ha asumido el desafío de mantener a flote una empresa con problemas de deuda sistémica. La deuda acumulada por la compañía estatal alcanzó niveles insostenibles en los últimos años, superando los USD 105 mil millones en lo que va del 2020, mucho más que cualquier otra empresa petrolera a nivel mundial. Pemex se ha vuelto “demasiado grande para fracasar” dentro de la economía y el sistema político mexicano, pues existe la preocupación de que sus problemas puedan infectar a la economía en general, lo que ha llevado a costosos rescates financieros por parte del gobierno.

Si bien la administración actual afirma que empoderar a las empresas estatales es lo mejor para el pueblo mexicano, las pérdidas y deudas de Pemex sugieren lo contrario. La administración no ha dado señales de cambiar el plan de negocios original de Pemex ni sus arriesgadas apuestas por desarrollar infraestructura de refinación y, en todo caso, debería ser transparente sobre lo que sacrifica al rescatar a Pemex, especialmente dadas las demandas de los ciudadanos, que esperan que este gobierno rompa con el enfoque de las administraciones pasadas. La Secretaría de Hacienda, por su parte, debería poder explicar claramente la política de apostar por una mayor producción de petróleo y cómo es que lograrán hacerlo sin arriesgar el dinero de los contribuyentes.

La pandemia, por contradictorio que parezca, ofrece al gobierno actual la oportunidad de destacar y lograr un reconocimiento histórico por marcar el inicio del cambio para el país. Pero sus ambiciones para la atribulada Pemex parecen mal encaminadas. Ha llegado el momento de pensar en el petróleo y la energía de una manera verdaderamente revolucionaria, que evite malgastar dinero.

* Alonso Hidalgo es funcionario del Natural Resource Governance Institute (@NRGInstitute) para América Latina.

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