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¿Por qué la Reforma Energética no vende?
La reforma energética no vende. Los argumentos y debates generan demasiados contenidos, muchos de ellos muy interesantes, sin embargo sólo trascienden las dos posturas abrir o mantener cerrado. Ninguna de las tesis engancha a nadie nuevo.
Por Roberto Trad
6 de agosto, 2013
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Por Roberto Trad (@trad_)  *

Dejemos de engañarnos: la reforma energética no le interesa a la mayoría de los mexicanos. Son muy pocos los sectores que la respaldan. El discurso de la oposición tampoco es ganador; es un discurso de resistencia que no genera nuevas adhesiones. Moviliza a los mismos de siempre, pero no para siempre. La gente también se sabe cansar. La reforma energética no vende. Los argumentos y debates generan demasiados contenidos, muchos de ellos muy interesantes, sin embargo sólo trascienden las dos posturas abrir o mantener cerrado. Ninguna de las tesis engancha a nadie nuevo. Desde la comunicación podemos encontrar tres razones:

1. Porque es más emocionante mantener el status quo (entendido como defender lo nuestro) que cualquier cambio.

La retórica común del oficialismo y la oposición es históricamente perfecta y racionalmente indiscutible: “en el estado actual de las cosas, no estamos maximizando la renta petrolera (y vienen las explicaciones: no tenemos la tecnología; la tasa de retorno sobre la inversión es muy baja; los pasivos laborales nos están comiendo; etcétera). Necesitamos una reforma que permita –en concepto– sacarle más jugo a la renta petrolera para que México y los mexicanos tengamos más dinero y podamos hacer más cosas”. Palabras más, palabras menos, ese es el argumento.

Si esto lo vieran Carville y Begala (los estrategas de los Clinton) dirían que el argumento es perfecto, sólo un burro diría que no.  ¿Por qué el argumento no emociona? Porque el depositario de ese “dinero” con el que podemos “hacer más cosas” no es confiable. Es el gobierno Mexicano, que en la mejor de sus intenciones es ineficiente y en el más frecuente de los casos, corrupto. Y eso lo sabe la gente. En el fondo, la gente preferiría dejar el tesoro bajo la tierra que sacarlo para que se lo roben una manga de corruptos.

El otro argumento del oficialismo, el del impulso a la participación de la IP, también perfecto, es el del crecimiento económico y la generación de empleos, mismo que quedaría en manos del sector empresarial. En un sistema incapaz de redistribuir la riqueza y capaz de generar tantos millonarios como el nuestro, ¿quién quiere darle más ventajas los principales ganadores del sistema? Y ahí están las estadísticas sobre la brecha entre ricos y pobres, si bien no todos tienen acceso al dato, absolutamente todos los mexicanos tienen acceso a la realidad y vemos en nuestra vida diaria como unos van avanzando y enriqueciéndose a gran velocidad mientras otros se van quedando atrás y la clase media poco a poco desaparece.

Por eso es mucho más emocionante defender la soberanía popular sobre nuestros recursos (lo que sea que eso signifique) que apoyar la reforma energética.

2. Porque es enfadoso: llevamos casi cien años con el mismo cuento. 

Y no es que necesite ser divertida; necesita ser refrescante. La reforma energética se trata hoy, tanto desde el oficialismo como desde la oposición, de ver cómo sacamos más provecho la mayoría de los mexicanos a nuestro tesoro enterrado: un recurso no renovable que un día se va a terminar. Seguimos discutiendo en los términos con los que Lázaro Cárdenas nacionalizó el Petróleo. No hemos modernizado nuestro discurso y eso nos ha hecho un gran daño; mientras seguimos invirtiendo tiempo en ver la manera de maximizar el potencial de nuestro tesoro, éste se acaba.

3. Porque no ha logrado comunicar beneficios palpables a la ciudadanía. 

El discurso mainstream de la oposición, insisto, es sólo de resistencia. Dice que es lo que no hay qué hacer y por qué pero no nos invita a un sí y no logra posicionar los beneficios de mantener el status quo. Del otro lado, los beneficios de cambiar el régimen de nuestra política energética tampoco bajan a la gente. No han logrado (en parte por lo expuesto en el punto 1) convencer a la sociedad de que efectivamente una reforma traerá beneficios económicos al bolsillo de las personas.

¿Qué pasa si estructuramos el discurso de otra forma? 

La reforma energética es un asunto de emergencia nacional (algunos futurólogos y teóricos de la globalización dirían que mundial).

La energía es el recurso estratégico que nos permite trabajar, producir, convivir, construir, ser felices (y todos los verbos que se nos ocurran). El petróleo es hoy nuestra principal forma de obtener energía. Pero el petróleo un día se va a terminar. Punto.

Es como una vaca estéril, que mientras tenga vida, nos dará leche, pero nuestra linda vaquita (que ya tiene casi cien años) un día se va a morir y nos vamos a quedar sin vaca y sin leche. Existen hoy alternativas al petróleo que nos van a permitir subsistir cuando éste se termine: ¿por qué no hacemos una reforma energética que nos permita producir ese tipo de energía en lugar de centrar nuestra discusión en el petróleo? (y el gas natural y el gas shale y el gas licuado). La vaca se está muriendo y nosotros, en lugar de discutir cómo vamos a sustituirla, estamos pensando si la llevamos al rastro municipal para que la reparta o se la concesionamos a una carnicería extranjera. 

Quien quiera ganar el debate y quiera ganar simpatizantes políticos en el tema energético debe cambiar el objetivo: pasar de ¿cómo hacemos para maximizar la renta petrolera?, a ¿cómo hacemos para transformar nuestra matriz energética y convertir a México en líder y pionero en energías renovables? Inviten al ciudadano a soñar con el futuro: 1. Energía para siempre; 2. energía barata (para que puedas producir y pagar tus cuentas); 3. energía para todos (en un esquema liberal, sí pero con una rectoría firme del Estado sobre el Mercado); 4. energía responsable con el medio ambiente y con la vida.

Y no es idea mía, en realidad, todos los actores involucrados en el tema energético tienen una postura más o menos interesante y clara sobre energías renovables. Prácticamente no hay diferencias entre ellos, por lo menos no son diferencias tan polarizantes e incompatibles como abrir o mantener cerrado Pemex.

Un discurso futurista y esperanzador sería mucho más exitoso y generaría muchas más adhesiones sociales que el discurso racional del oficialismo y el discurso rebelde de la oposición. Evaluemos si abrir o mantener cerrado es lo mejor con miras a cambiar del todo la forma en la que producimos energía y no con miras a maximizar la renta petrolera a favor del gobierno ineficiente y corrupto.

Ahí está la oportunidad de desatorar la reforma: conviertan lo que tienen en común en el objetivo central. Inviten a México a soñar en un país diferente.

Un ejemplo: Tapicemos los desiertos del norte con paneles solares: cada cien barriles de petróleo que venda Pemex financiaran un panel y con equis número de años, comenzará a bajar tu recibo de luz. Le estas diciendo al ciudadano en qué vas a invertir el tesoro. Otros ejemplos: régimen fiscal especial para fabricantes de calentadores solares para casas; tasa cero de IVA a focos ahorradores de energía; entre otros. ¿De dónde vamos a compensar al gobierno por tanto subsidio y descuento? De los ingresos petroleros.

En fin, era solo una sugerencia.

*  Maestro en Ciencias Políticas y Sociales, consultor internacional en comunicación estratégica y comunicación política y Socio Director del centro de consultoría e investigación estratégica: El Instituto.

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