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¿Por qué participar en el estudio de una vacuna para covid-19?
Al criticar la vacuna de CanSino, se critica y ataca una postura política en la que lamentablemente se involucra a entidades independientes de cualquier postura, como el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, responsable del estudio en México, y a sus investigadores.
Por Tere Gómez F.
16 de octubre, 2021
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A Eugenio y quienes han perdido la vida por covid.

 

 

«¿Te pusieron la vacuna china? ¡Mejor te hubieras comido un murciélago!». Lo he leído más de una vez, como respuesta a alguien que se ha vacunado con CanSino, asociándola con un supuesto peligro y aludiendo a una de las hipótesis de la aparición del covid-19 en humanos. Expresiones similares son claros ejemplos de la xenofobia imperante en México, como cuando Donald Trump llamaba virus chino al coronavirus. Yo misma he sido blanco de desprecios del mismo estilo. Pero volvamos al principio.

Como todo el mundo, pensaba que la pandemia iba a durar, si acaso, un par de meses. Cuando empezó el confinamiento, fui enviada a casa por tener contacto frecuente con personas de riesgo, decisión que lamenté, pues sentí que me decían «más ayuda el que no estorba», pero lo acepté y me encerré.

Con el tiempo vimos que esto iba a durar más de dos meses y que el número de casos y de personas fallecidas iba en aumento, sin claridad de un tratamiento eficaz y con las vacunas como un horizonte lejanísimo. Entonces empecé a sentir en los hombros la carga de la fatalidad, de que la vida estaba cambiando de forma contundente e irreversible; y con la fatalidad sentí más intensamente la impotencia de no tener otra mejor cosa que yo pudiera hacer, más allá de quedarme en casa, evitar ser contagiada y, así, evitar contagiar a otros. No. Esa colaboración pasiva no me parecía suficiente.

Estábamos ―estamos aún― aprendiendo sobre la enfermedad y lo relacionado con ella. La incertidumbre se plantaba frente a nuestras caras y sentenciaba que lo único seguro era que estábamos ―¿estamos?― parados en arenas movedizas.

Y la incertidumbre es insoportable, de modo que buscamos alguna certeza que nos haga sentir el piso un poco más firme y nos brinde una sensación de certidumbre. La sensación de certidumbre para un individuo depende en gran medida de saber que pertenece a determinados grupos sociales, así como de la significación emocional y de valor que el individuo otorga a esta pertenencia 1. Así, ante la incertidumbre global, al individuo le funciona saber a qué grupos pertenece, y las afirmaciones provenientes de algún portavoz de sus grupos tendrán gran valor y significado para él, de modo que se constituirán en esas certezas indispensables. De esta forma, hemos asistido a una distribución de mensajes en todos sentidos en temas relacionados con el covid-19, no siempre verdaderos, pero que nos dan certezas cuando el emisor es de los nuestros.

Ante esto, yo asumí una especie de estatus de comité de vigilancia e invertí horas en verificar la información que me llegaba, lo cual me ayudó a sobrevivir mi propia ansiedad, pero no fue suficiente y seguía en busca de algo más que yo pudiera hacer.

En eso estaba cuando encontré en Twitter un anuncio del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Subirán (INCMNSZ) ―Instituto de Nutrición― en donde buscaban personas voluntarias para el estudio de una vacuna y se me presentó la oportunidad de colaborar con algo más, de reducir mi impotencia y de bajar mi ansiedad, así que me apunté.

Algunos relatos sobre lo sucedido como voluntaria del estudio ya se han difundido, y mi experiencia no cambia mucho. En resumen: en pequeños grupos, algún investigador del protocolo nos explicó con detalle lo que se haría y lo que se esperaba, y firmamos un consentimiento informado, mismo que se nos había enviado previamente por correo; después nos hicieron una historia clínica y nos tomaron muestras de sangre. Más tarde recibimos una inyección, que podría contener la vacuna o bien un placebo, sin que nadie, excepto una computadora en una universidad de Canadá, como nos señalaron, sabría a quién le tocó qué. Esperamos 30 minutos para observar posibles reacciones, nos dieron las indicaciones sobre el seguimiento y nos fuimos a casa.

A los seis meses volvieron a citarnos para recibir la vacuna. Se trató de una adenda al protocolo, en la que se agregaba poder comparar, además, los resultados de recibir una y dos aplicaciones. En esta segunda visita me llamó la atención el cambio en el ambiente: en seis meses se había logrado sembrar la duda en la vacuna, en los procesos, en el estudio, en los investigadores y en los chinos. Hubo personas que reclamaban información y se mostraban muy molestas, incluso parecían estar francamente indispuestas de seguir participando en el estudio. Una de ellas preguntó que si éramos conejillos de indias, a lo que la investigadora, con infinita paciencia, respondió: “No. Son personas voluntarias”. Me pareció la respuesta más clara y acertada.

Cuando les conté a mis amigos sobre mi participación en el estudio, muchos me dijeron que era arriesgado, sobre todo porque se trataba de la vacuna china y que lo mismo opinarían si fuera la rusa. Estos comentarios, además de ser xenofóbicos, me confirmaron también el desconocimiento que hay sobre ciertos procesos científicos, algo lógico en la mayoría de la gente, pero lo fácil que es opinar sobre ellos.

Estaba sucediendo justo lo relacionado con la incertidumbre, la pertenencia a ciertos grupos y la identidad. Al criticar la vacuna de CanSino, mal llamada vacuna china, se critica y ataca una postura política en la que lamentablemente se involucra a entidades independientes de cualquier postura; más concretamente me refiero al instituto responsable del estudio en México, así como a sus investigadores. Esto me parece terriblemente absurdo, pero, además, me toca afectivamente de un modo personal dado mi contacto con el Instituto de Nutrición, el Insti, como le decíamos entre colegas ―hace años estudié la licenciatura en Nutrición y Ciencias de los Alimentos―. De modo que asumí nuevamente mi estatus de comité de vigilancia y me puse a recopilar datos sobre la vacuna y este gran instituto.

En algunas polémicas serias se cuestiona por qué esta vacuna sí se ha aprobado en México, mientras que no ha sido así ni por la OMS ni por Estados Unidos. Hasta el 12 de octubre, la página del Panorama de la Vacuna de covid-19 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) 2 tenía registradas 320 vacunas, en distintos niveles de desarrollo. Es un registro en el que se especifica, para cada vacuna, cuál es la instancia que la desarrolla (laboratorio, instituto, empresa, etc.), la plataforma que usa (la sustancia de la que está hecha, por decirlo de manera sencilla, que puede ser RNA, vector viral, etc.) y el estatus de su evaluación, entre otros datos. En este registro se encuentra, por supuesto, la vacuna de CanSino.

Por su parte, en un formato más amigable, la Universidad de McGill, en Canadá, elabora un registro que muestra cuáles vacunas se han aprobado en cuáles países; además, explica que las vacunas se aprueban por las autoridades reguladoras en cada país, con vías de aprobación que pueden diferir entre ellos. Algunos países se basan en las decisiones de autoridades como la OMS y adoptan sus recomendaciones 3. Por esta razón en el portal de McGill se habla de 22 vacunas aprobadas en al menos un país, entre las cuales se encuentra la de CanSino 4, mientras que la OMS ha aprobado siete 5.

La Food and Drug Administration (FDA), autoridad reguladora en Estados Unidos, ha sido referencia también por ciertas voces para desacreditar a las vacunas no aprobadas por ella. Muchas vacunas de distintas procedencias nunca serán aprobadas por la FDA, por dos razones: la primera es porque no lo necesita. ¿Por qué Estados Unidos aprobaría vacunas desarrolladas por otras instancias, si con las propias le basta y le sobra? De todo el gasto en investigación y desarrollo en la industria farmacéutica en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), casi dos tercios se produce en Estados Unidos, con un monto de USD 65 mil millones 6.

La segunda razón para no aprobar ciertas vacunas por Estados Unidos es por motivos políticos: lo que se desarrolle o produzca en China, Rusia, Cuba u otro país aliado a ellos no será aprobado. Hasta el 12 de octubre, la FDA solo había aprobado las vacunas de Pfizer-BioNTech, Moderna y Jansen 7, destacando la ausencia de las otras cuatro aprobadas ya por la OMS.

En cuanto a la instancia que lleva a cabo el estudio, hoy mucha gente desconoce al Instituto de Nutrición y, en el intento de reafirmar su identidad y su pertenencia a los grupos afines, fácilmente lo descalifica, de modo que ahora voy a exponer algunos datos del querido Insti, solamente en lo relativo al tema del estudio.

El portal del National Center for Biotechnology Information concentra la información de millones de publicaciones en el área. Ahí se puede encontrar que, hasta el 12 de octubre, el INCMNSZ ―o alguna persona investigadora con adscripción en él― publicó 162 artículos relacionados con covid-19 8, que no es poca cosa.

El director del estudio en México es el Dr. Guillermo Ruiz Palacios 9, con una intensa y productiva carrera en la infectología, con reconocimiento a nivel mundial. Uno de sus más destacados logros es la distinción del Paper of the Year 2006 10 (el mejor artículo del año 2006), que otorga la revista The Lancet, por su artículo «Safety and efficacy of an attenuated vaccine against severe rotavirus gastroenteritis»11, en coautoría con otros investigadores. Este trabajo llevó al desarrollo de la vacuna del rotavirus. El Dr. Ruiz Palacios no es una persona novata en el asunto de desarrollo de vacunas.

La Dra. María de Lourdes Guerrero es coinvestigadora en el estudio y es jefa de la Unidad de Epidemiología y Bioestadística. Su trayectoria también es impresionante. Entre otros logros, formó parte del equipo para el Primer Consenso Mexicano de Vacunación en el Adulto 12.

Podría seguir exponiendo por qué no vale la pena atacar a la vacuna ni a las personas involucradas en el estudio de su desarrollo, pero creo que no convenceré a quien ya esté instalado en el grupo ajeno. La incertidumbre nos supera. Guardando las debidas proporciones, me pienso como en el poema «Para la libertad», de Miguel Hernández, musicalizado por Serrat, que simboliza a un herido de la guerra civil española, cuyas heridas representan la lucha por la libertad. Pongo mi cuerpo por la libertad, para terminar con el dolor de esta pandemia. Espero, si es posible, poder continuar en el estudio hasta el final.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,

como un árbol carnal, generoso y cautivo,

doy a los cirujanos.

* Tere Gómez F. (@Teregomezf) es nutrióloga, conflictóloga y especialista en migración internacional. Actualmente colabora en una organización por los derechos de las personas refugiadas.

 

 

 

1 Véase: Tajfel, H. (1984). Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona. Herder. Y también: Turner, J. C. (1999). Some current issues in research on social identity and self-categorization theories. En N. Ellemers, R. Spears y B. Doosje (Eds.). Social Identity (pp. 6-35). Londres: Blackwell Publishers. Recientemente, con base en estas teorías y otras similares, Ezra Klein publicó Why We´re polarized (Avid Reader Press, N.Y., 2020), para explicar los factores que intervienen en la creciente polarización política en Estados Unidos, obra que puede servir para comprender este fenómeno en otros lugares.

2 World Health Organization (WHO). COVID-19 vaccine tracker and landscape.

3 McGill Covid19 Vaccine Tracker Team.

4 McGill Covid19 Vaccine Tracker Team.

5 McGill Covid19 Vaccine Tracker Team.

6 Research and development in pharmaceutical sector. OECD iLibrary, 2019.

7 COVID-19 Vaccines Authorized for Emergency Use or FDA-Approved, US Food & Drug Administration.

8 National Center for Biotechnology Information. Consultado el 12 de octubre de 2021.

9 Departamento de Infectología, INCMNSZ.

10 El mejor artículo del año 2006.Rev. invest. clín. . 2007, vol.59, n.1 , pp.4-7. Disponible aquí. ISSN 2564-8896.

11 Ruiz–Palacios GM, Perez–Schael I, Velazquez FR, Abate H, Breuer T, Clemens SC, et al. Safety and efficacy of an attenuated vaccine against severe rotavirus gastroenteritis. N Engl J Med 2006; 354(1): 11–22.

12 Gutiérrez-Robledo LM, Caro-López E, Guerrero-Almeida ML, et al. Results of the First Mexican Consensus of Vaccination in the Adult. Gac Med Mex. 2017;153(2):190-204.

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