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¿Qué hay detrás de la aseveración de que un texto no es apto para niños porque aparecen dos papás homosexuales cuidando a sus hijas?
Por José Manuel López Velarde.
22 de junio, 2020
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Hoy es el tercer domingo de junio, día del padre en todo México. Normalmente no es un día al que le ponga mucha atención, pero esta vez ha pasado algo diferente: estoy a 24 horas de saber si deciden que quieren borrar a mi familia o no.

Soy José Manuel López Velarde, escritor y director de teatro. Hace dos meses me contactó La Academia Metropolitana de Teatro para invitarme a escribir un cuento pagado por Mastercard, con el objeto de generar recursos para la supervivencia de ese organismo en tiempos de COVID.

La premisa era simple: escribir un cuento dirigido a niños y niñas que abordara la situación de la pandemia y que hablara de las emociones que viven; después lo grabaría algún actor o actriz para más tarde hacer una animación y subirlo a la plataforma Priceless Cities de Mastercard.

La primera imagen que me llegó fue la de una niña detrás de una ventana, pensé en cómo estábamos viendo el mundo a través de una y relacioné esa sensación de aislamiento con la de un astronauta en una estación especial mirando el mundo girar desde el espacio.

Alba fue el nombre de la protagonista que elegí para mi cuento, una niña mexicana que sueña con viajar al espacio mientras enfrenta los retos cotidianos de estar encerrada en su casa junto con su hermana menor y sus dos papás, la misma configuración que mi familia en la vida real: dos niñas y dos papás hombres.

Envié el cuento a La Academia, me pidieron corregir la duración del mismo y a los pocos días la actriz Regina Blandón lo grabó desde su casa, posteriormente tuve una reunión con el animador y el productor por parte de La Academia para repasar la historia y que me mostraran algunos bocetos.

Pasaron dos meses y el viernes pasado me marcó el presidente de La Academia para platicarme que el cuento había sido aprobado por varios filtros pero, finalmente, le habían pedido que eliminara a los dos papás de la animación y el texto. Me dijo que argumentaron que no era apto para un público infantil, que para eso ya tenían una división dedicada a temas LGBTQ+, que este programa no correspondía a esa área y que los había tomado desprevenidos que no les avisara que sería un cuento con temática gay.

El presidente de La Academia, sumamente apenado, me externó que él no consideró que tuviera que avisar eso, puesto que ese no era el tema del cuento, que no estaba dispuesto a mutilar mi obra sin autorización y me preguntó qué quería hacer. Le contesté que por ningún motivo se podían eliminar esos personajes y que, si esa era la condición, prefería retirar mi cuento. Él me ofreció comunicarle mi decisión a Mastercard y compartir conmigo la respuesta. Después de un rato me llamó para decirme que su contacto en el área de mercadotecnia le pidió esperar para platicar el asunto con su jefa hasta el siguiente lunes.

Y así fue como la respuesta quedó pendiente por 48 horas, pero para mí el tema ya no era la respuesta, sino lo que había ocurrido.

¿Qué hay detrás de la aseveración de que un texto no es apto para niños porque aparecen dos papás homosexuales cuidando a sus hijas?

La respuesta más obvia es que algunos consumidores se pueden molestar por ese contenido, y esto ya es bastante problemático para una empresa certificada por el Corporate Equality Index y miembro de Pride Connection México, pero el mensaje de fondo es el famoso “con los niños no” que escuchamos constantemente de los grupos antiderechos y que por lo general precede al consabido “No soy homofóbico, hasta tengo amigos gays, que se casen si quieren, pero que no adopten niños”. Esto implica claramente dos pensamientos ampliamente desacreditados: que los homosexuales somos abusadores de niños y/o que los vamos a volver homosexuales, como si la mayoría de los gays no tuviéramos padres heterosexuales, y como si lo peor que le pudiera suceder a un niño es que resultara ser homosexual… es decir, homofobia en estado puro. Cuando el departamento de mercadotecnia de Matercard me manda a decir que necesito quitar a esos personajes de mi cuento para niños, lo que me están diciendo es no te acerques a los niños, no deberías ser padre, tus hijas están en peligro.

 

¿Un personaje gay en una historia, vuelve gay una historia?

No existen historias gay, si acaso existen historias que incluyen temáticas gay. Mi cuento es sobre una niña que sueña con ser astronauta durante una pandemia y que, circunstancialmente, tiene dos papás. Si esa historia es gay, el mundo es gay, porque los gays estamos en él y entonces, como un reflejo de la realidad, no tendría nada de malo que apareciéramos en una historia para niños.

Bajo esta premisa, que La Academia hubiera tenido que avisar de antemano que en esta historia había dos papás hubiera sido como tener que avisarles que había una hermana, que el personaje es de tez morena, o que es mexicana.

¿Si es circunstancial y no central para la historia, por qué no lo cambio y ya?

Porque para mí es muy importante que existan esos personajes. Los hay en todas las obras que he escrito, simplemente porque si no lo hiciera, estaría ocultando la realidad, pero también porque quiero crear una realidad fuera de la ficción en la que una persona LGBTIQ+ simplemente tenga el derecho de existir sin tener que pedir permiso, sin tener que ser “pertinente” a la historia.

¿Por qué es importante hablar de esto?

Porque tengo el privilegio de ser de los pocos hombres gays en este país en una situación que me da la independencia para poderlo hacer, y el privilegio está para usarlo en favor de quien no lo tiene, como los padres y madres que sí tienen que ocultar a su familia homoparental para no perder el trabajo con el que la mantienen, que tienen que esperar más de 48 horas para saber si admitieron a sus hijos en una escuela para que les pongan un pretexto para rechazarlos, como los niños que no se pueden ni imaginar que cuando crezcan pueden tener una familia sin importar su orientación sexual y/o su expresión de género, por los niños y niñas, como mis hijas, que no ven representada a su familia en los libros de escuela o en las películas que ven, y sobre todo por los gays y trans desaparecidos, literalmente, porque según el mensaje que permea en esta sociedad ni siquiera debieron existir.

¿Por qué no espero una respuesta definitiva para publicar esto?

Porque el error ya se cometió, independientemente de como se resuelva, porque no podemos seguir conformándonos con el menor de los males y porque me interesa que una empresa internacional que se pinta en junio de arcoiris y desfila cada año en el Pride de Nueva York, sea coherente y haga que sus trabajadores dimensionen que, lo que podría parecer un simple asunto de oficina, para un compañero de trabajo es un mensaje claro de que en esa empresa su manera de vivir está sujeta a aprobación, porque me piden esperar el fin de semana para ver si una familia como la mía es digna de acceso a un proyecto que promete en su sitio “inspirar a sus usuarios a ir más allá de lo común”.

Habiendo dicho todo esto, debo confesar que escribir no es tan fácil después de todo. Mastercard es patrocinador de los Premios Metro, un escaparate muy querido por la comunidad teatral a la que también pertenezco, y eso me pone entre la espada y la pared, pero no podemos seguir dejando pasar oportunidades para generar un cambio y denunciar lo que está mal en el momento en que vemos que nuestros intereses particulares se pueden ver afectados. Esto es nada comparado con la gente que ha perdido la vida por las libertades que hoy tiene la comunidad LGBTIQ+ y que en su naturaleza revolucionaria y libre se parece a la de los artistas escénicos.

Después de todo lo que ha pasado en los últimos meses, de las marchas por los derechos de las mujeres, del movimiento Black Lives Matter, de la discusión que se ha desatado sobre el racismo y la discriminación en México, del cuestionamiento a la pertinencia de CONAPRED, en pleno mes del orgullo LGBTIQ+ y esperando una “nueva normalidad”, no hay forma de quedarse callado. Tenemos que interseccionalmente hacer algo para que este país sea más justo para [email protected], no necesitamos borrar más identidades, necesitamos resaltarlas con plumones indelebles, porque la diversidad es un activo de nuestra sociedad, no lo contrario.

Esta mañana, enfrente de nuestras hijas, le dije a mi esposo: Feliz día del padre, lo que haces todos los días es extraordinario y jamás dejaría que te borraran. Una de ellas dijo que sentía un ataque de felicidad. Por eso no estoy dispuesto a enmendar lo que parecerían dos palabras y un dibujito, ni a esperar un veredicto, porque en realidad lo que está en juego es la dignidad de mi familia y eso sí no tiene precio.

@asteristico

 

Este es el cuento:

ALBA

De José Manuel López Velarde

LA ASTRONAUTA es una mujer de 40 años, de pelo negro recogido, anteojos, rasgos mexicanos y complexión media (no muy delgada por favor). Al final descubriremos que es Alba de adulta, por lo que no debe ser muy obvio, pero debe ser posible que sean la misma persona. Todas las imágenes de la astronauta deberán verse del lado izquierdo de la pantalla y mayormente mirando hacia el lado derecho.

Era una noche estrellada, pero esta vez ella no la estaba viendo. Estaba repasando en su mente que todo estuviera listo. En unas pocas horas iba vivir uno de los días más importantes de su vida. Se acordó de cuando era niña e iba a salir de viaje, nunca podía dormir de la emoción y siempre tenía la sensación de que se le olvidaba algo importante. ¿Pero qué se le estaba olvidando ahora?

– ¡El cepillo de dientes! – exclamó, y fue al baño por él.

Levantó la cabeza, se miró en el espejo y entonces recordó lo que sus papás siempre decían: “No te preocupes, si algo se te olvida lo podemos conseguir allá”.

Sonrió al recordar a sus padres, pero esta vez su consejo no aplicaba, estaba bastante segura de que, en el espacio exterior, no se podían conseguir cepillos de dientes.

ALBA es una niña de 10 años, de pelo negro y rasgos mexicanos. En la habitación que comparte con su hermana tiene un globo terráqueo, y en su litera planetas y estrellas. Todas las imágenes de Alba deberán verse del lado derecho de la pantalla y mayormente mirando hacia el lado izquierdo. Alba tiene dos papás hombres.

Alba se miró al espejo, se sentía nerviosa porque al día siguiente presentaría una exposición frente a todo su salón, pero respiró y se calmó. Terminó de lavarse los dientes y, cuando estaba subiendo a su litera, alguien tocó la puerta.

– Niñas. ¿Ya se durmieron? Necesitamos decirles algo.

– No, ¿qué pasó papi?

– ¿Se acuerdan de la situación del Coronavirus?

– Sí papá – respondió su hermana adormilada.

– Bueno, han ordenado cerrar las escuelas y que nos quedemos en casa para evitar contagios.

– ¿Pero cómo? ¿Hasta cuándo? – dijo Alba.

– No lo sabemos, mañana tendremos más información. Por favor duerman.

– Está bien – dijo Alba.

– Buenas noches, papás – dijo su hermana.

Alba trató de cerrar los ojos de nuevo, aunque iba a ser difícil dormir con esa noticia.

La astronauta no había podido dormir bien, pero ya estaba sentada y lista en el cohete que la llevaría a la estación espacial. Todo estaba tranquilo y callado cuando, una voz en sus audífonos rompió el silencio:

– Vamos a proceder con el despegue. ¿Lista?

– ¡Lista! – contestó la astronauta.

– Muy bien. 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, ¡despegamos!

Se escuchó un fuerte rugido y en cuestión de segundos el cohete pasó de 0 a 27,000 km por hora. La astronauta sentía como si 4 personas estuvieran aplastándola, hasta que el ruido dio paso a un silencio absoluto. La presión desapareció y entonces volteó y vio que algo flotaba frente a ella, ¡era su cepillo de dientes! Por fin estaba en el espacio…

Alba miró su reloj, eran las 11 de la mañana y pensó que a esa hora estaría iniciando su exposición en la escuela; ahora, en cambio, estaba sentada en su casa con mil preguntas flotando en su cabeza.

– ¿Cuánto tiempo pasaremos aquí?

– ¿Saldremos a tiempo para festejar mi cumpleaños?

– ¿Qué voy a hacer todo este tiempo encerrada?

La astronauta comenzó sus tareas, la primera era sembrar semillas en pequeñas macetas, pero era bastante complicado. Sin gravedad hasta algo tan obvio como dónde era arriba y dónde era abajo era difícil de descifrar, así que respiró y comenzó por pensar que arriba era simplemente donde estaba su cabeza y abajo donde veía sus pies.

Alba sentía que todo estaba de cabeza, pero después de unos días, la escuela reanudó con video llamadas y sus papás le ayudaron a establecer un horario. Ellos trataban de parecer animados, pero Alba se daba cuenta de que estaban preocupados porque tampoco sabían cuando volverían a sus trabajos, así que organizó “una tarde de películas” para distraerse.

En la estación espacial la astronauta pasaba los días ocupada con sus experimentos, manteniendo la estación y escribiendo sus bitácoras. Su único contacto con la tierra era por mail y con la torre de control.

El cumpleaños de Alba llegó, ella miró el calendario, el día estaba encerrado en un círculo rojo y entonces se dio cuenta de que llevaban más de un mes sin salir. El tiempo ahora era como un chicle que se estira y se encoge haciendo los días parecían imposibles de distinguir.

La astronauta miró hacia la tierra por la ventana, ahí estaban todos, menos ella. El sol empezó a meterse detrás del planeta y entonces se dio cuenta de algo: a pesar de que desde ahí se podían ver 16 amaneceres en un día, no había visto ninguno, así que fue por su bolsa de dormir y la llevó a la sala de observación donde se sujetó para dormir.

Alba se había peleado con su hermana y quería estar sola, así que tomó su bolsa de dormir y se acomodó en el sofá de la sala que estaba frente al ventanal, respiró y cerró los ojos.

La astronauta despertó al sentir el calor del sol que estaba saliendo por detrás de la Tierra.

Alba se despertó con el sol del amanecer que se asomaba detrás de las nubes.

La astronauta miró cómo las luces en la Tierra empezaban a apagarse. Reconoció las formas de los países, pero no pudo ver las líneas de las fronteras, ni los diferentes colores que se veían en el globo terráqueo que tenía cuando era niña. Eso le hizo pensar y sentir muchas cosas, así que tomó su bitácora y apuntó:

– “La tierra es una esfera continua y vista desde aquí, no hay “ellos” ni “nosotros”, todos vamos juntos en esa nave redonda viajando alrededor del sol”.

Alba podía ver hasta los volcanes, el aire estaba más limpio que nunca. Los coches y la gente no estaban en las calles. Parecía como si alguien con un control remoto le hubiera puesto pausa al mundo para poder observarlo. Mientras contemplaba ese espectáculo, las nubes se abrieron y dejaron al descubierto un enorme cielo de color malva.

La astronauta miró abajo, en la tierra se abría un espacio entre las nubes y quedó totalmente asombrada. ¿Cuáles eran las probabilidades de que en ese preciso momento las nubes se abrieran justo sobre el lugar donde ella nació?

Los rayos del sol tocaron su tierra y ella sonrió, saludó con su mano hacia allá y sus ojos se humedecieron hasta que algunas gotitas flotaron brillantes alrededor de su cara.

Alba seguía mirando el cielo maravillada, cuando sus papás y su hermana se acercaron para hacerle cosquillas.

– ¡Conque aquí estabas! – dijo su papá.

– Niñas, les tenemos una buena noticia -dijo su otro papá. Pronto podremos salir de la casa, la próxima semana regresan a la escuela.

La hermana de Alba brincó de la emoción, Alba abrazó a sus papás y, antes de unirse a festejar, miró al cielo una vez más y pensó: me gustaría viajar ahí algún día.

La astronauta miró su bitácora, ya le quedaban pocas hojas, su misión estaba por terminar. Empezó a pensar en todo lo que tendría que hacer a su regreso, a partir de ese momento, sólo su cuerpo se quedó en la nave, pues su mente ya se había adelantado a la tierra.

Alba comenzó a preparar sus cosas, era como si todo este tiempo hubiera sido un paréntesis. Tenía una enmarañada mezcla de sentimientos: Alegría, ansiedad, emoción, expectativa y… miedo. Sentía como si mañana fuera a ir a la escuela por primera vez.

La astronauta se movía ágilmente por la nave, todo estaba listo para el descenso. Se sentó en su lugar y mientras se colocaba el cinturón, miró sus piernas y se preguntó si podría moverlas cuando la gravedad las anclara de nuevo a la tierra.

El momento llegó y la nave comenzó el descenso en caída libre…

Alba bajó de prisa las escaleras de su edificio para ir a la escuela…

Mientras bajaba, la astronauta se imaginaba que la tierra se hacía cada vez más grande, hasta tragársela…

Alba pensó: ¿cómo será todo ahora allá afuera?

La astronauta sintió vértigo y se aferró a su asiento…

Alba sintió un hueco en el estómago y se detuvo…

La astronauta cerró los ojos. Alba cerró lo ojos.

SFX que cambia el ambiente como si estuvieran sumergidas dentro de ellas mismas. Los dos lados de la pantalla a los que habían estado confinadas se juntan y pueden verse cada una de un lado, flotando en la oscuridad.

Alba sentía como si flotarara en la oscuridad. La astronauta se sentía suspendida pero no era el espacio, era.. como estar sumergida en una agua cálida.

Alba abrió los ojos y vio a la astronauta, la astronauta abrió los ojos y vio a Alba. Estaban frente a frente, flotando en total calma, y entonces las dos se dijeron algo con la mirada:

Doblar la voz de la actriz, un susurro.

– Todo va a estar bien.

SFX se escucha distorsionado que llaman a Alba desde afuera de su espacio interior, de pronto, súbitamente, ya está afuera. El ambiente previo regresa.

Alba abrió los ojos y la luz que entraba por la puerta la deslumbró. Su papá y su hermana le gritaban desde afuera que se apurara.

La astronauta puso los pies en el suelo y se levantó con mucho trabajo, avanzando hacia la luz que entraba por la puerta de la nave.

Vemos el traje de la astronauta, a la altura del pecho se puede leer su nombre bordado. Dice: Alba Jiménez, astronauta. Las dos Albas van hacia el centro de la pantalla, en donde está la luz que emana de sus respectivas puertas y al cruzar el umbral se juntan y desaparecen.

Alba cruzó la puerta.

FIN

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