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Reconciliación y víctimas en tiempos de la “cuarta transformación"
En momentos se necesita dar confianza a las víctimas respecto a que algo va a cambiar en materia de rendición de cuentas e institucionalidad.
Por Paula Cuellar Cuellar
28 de mayo, 2019
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Dentro de los procesos de justicia transicional es frecuente escuchar que una de sus principales finalidades es la reconciliación de las sociedades en conflicto. Incluso, hay algunos autores que en estos contextos prefieren escribir esta palabra con el prefijo “re” entre paréntesis para dar a entender que hay algunas sociedades que deben crear nuevas condiciones de entendimiento para su adecuado funcionamiento, pues las preexistentes no eran lo suficientemente equitativas e igualitarias para la totalidad de sus integrantes. Sin embargo, cuando se habla de reconciliación dentro del discurso de la cuarta transformación, considero que es importante preguntarse a qué es exactamente a lo que se debería estar aludiendo.

El 10 de mayo de este año, como todos los años, se celebró en México el Día de las Madres. Sin embargo, esa fecha que para todas las madres debería representar un día de júbilo y de gozo, para una alarmante proporción de madres en la República Mexicana no lo es. Señal de esto fueron las consignas lanzadas al aire con tono firme y demandante por miles de madres buscando a sus hijos e hijas desaparecidas desde el tramo que va del monumento a la Madre hasta el monumento del Ángel de la Independencia. Fue impresionante verlas y escucharlas clamar y repetir hasta el cansancio “¡Este día no es de fiesta, es de lucha y de protesta!” o “¿Dónde están? ¿Dónde están? ¿Nuestros hijos, dónde están?”, “¡Justicia, justicia, justicia!”, entre otras expresiones.

Entre tanta fuerza reivindicativa de las madres de víctimas de desapariciones, me surgieron, sin embargo, dos interrogantes: ¿Dónde estaban todas aquellas madres cuyos hijos e hijas han sido víctimas de feminicidio, asesinados, ejecutados extrajudicialmente, torturados, entre otras violaciones a sus derechos humanos? ¿Por qué no se encontraban allí marchando junto con los colectivos de víctimas de desapariciones exigiendo, verdad, justicia y reparación como sus pares? Así las cosas, empecé a reflexionar sobre lo que debería significar la reconciliación en una sociedad como la mexicana en los tiempos de la cuarta transformación.

Una de las principales demandas de los colectivos de familiares de víctimas de desapariciones –si no su principal demanda– es la búsqueda de sus seres queridos en vida. Esa es la principal fuerza que los motiva a levantarse cada día para luchar contra el monstruo burocrático de una institucionalidad muchas veces inoperante. Asimismo, ésa es la misma fuerza que las lleva a organizarse colectivamente para hacer que sus demandas sean escuchadas, pues saben que, como popularmente se dice, “una golondrina no hace verano”. Las demandas de verdad, justicia y reparación en esos casos son, la mayoría de las veces –no en todas– secundarias o accesorias a la finalidad de encontrar a su familiar. Como muchas veces expresan los integrantes de los colectivos, ellos no quieren culpables, sino únicamente tener a su ser querido de vuelta. Es por eso que, pese a la reiterada incompetencia de las autoridades para encontrar la verdad y hacer justicia, continúan insistiéndole al gobierno que busque a sus familiares y siguen apostando todas sus esperanzas a ese esfuerzo.

Sin embargo, ¿qué pasa con aquellos familiares de víctimas cuyas demandas son menos tangibles, más inmateriales, y que se reducen a la búsqueda de verdad y justicia? ¿Por qué no se encuentran igualmente organizados para exigir colectivamente sus derechos como los familiares de víctimas de desapariciones? ¿Podría ser que han perdido totalmente la fe en las instituciones encargadas de reivindicar sus más mínimas aspiraciones, más concretamente aquellas relacionadas a descubrir la verdad e impartir justicia?

De acuerdo al Índice Global de Impunidad 2018, México es el cuarto a nivel mundial y el primero de las Américas en impunidad. Y es que 93 de cada 100 delitos que se cometen no se denuncian, y de los que se denuncian muy pocos se investigan, y ni contar cuántos llegan a sentencia. En ese sentido, no se estaría muy alejado de la realidad al afirmar que los familiares de estas otras víctimas no se organizan para exigir sus demandas frente al Estado por no confiar en que sus exigencias de verdad y justicia serán escuchadas y atendidas debido a los índices de impunidad.

En este contexto, en el cual el Plan Nacional de Desarrollo plantea implementar medidas de justicia transicional, la reconciliación a la que se debería aspirar es aquella denominada “reconciliación institucional”. Esta forma de reconciliación implica que aquellas instituciones encargadas de proteger y garantizar los derechos y libertades fundamentales de las personas logran recobrar la confianza de aquellos sectores de la sociedad que se encuentran alienados de las mismas debido, esencialmente, a la suspicacia que se han generado hacia éstas por haber cometido o tolerado violaciones a derechos humanos.

En momentos en los que, por un lado, el tejido social se encuentra demasiado resquebrajado por no haberse implementado efectivamente medidas de verdad, justicia y reparación integral y, por el otro, la violencia no ha cesado, no es posible empezar hablando de reconciliación individual o de reconciliación interpersonal. Se necesita, primero, generar condiciones de confianza para las víctimas en el aparato estatal que dé señales claras que algo va a cambiar en materia de rendición de cuentas e institucionalidad.

Tal como afirma Juan Méndez, la reconciliación no se impone por decreto. La misma se construye poco a poco, con el ejemplo, y hay niveles y formas de reconciliación, por lo que no se puede aspirar a todas de una sola vez. Para generar confianza en las víctimas, que éstas recuperen su voz demandante y se organicen para la reivindicación de sus demandas, es necesario primero aspirar a la reconciliación institucional. Si se cumple ésta, la reconciliación individual y la reconciliación interpersonal le seguirán probablemente como consecuencia natural. La reconciliación, cimentada sobre la verdad, la justicia y la reparación integral, se asemeja a la parábola del hombre prudente. Él edificó su casa sobre la roca. “Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca”. Por el contrario, la reconciliación que elude esos compromisos básicos y elementales se asemeja a la del hombre insensato que edificó su casa sobre arena. Esa sí, después de la lluvia, los torrentes y los vientos, cayó “y fue grande su ruina”.

* Paula Cuellar Cuellar (@pauscuellar) es investigadora del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (@IMDHyD).

Animal Político. Índice de impunidad crece en 26 de 32 estados del país; solo 4 de cada 100 denuncias tienen resultados, disponible aquí (consultado 14/05/2019).

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