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Remesas, reforma migratoria y proyecto de nación
Con el abandono de su promesa de una nueva época en la política migratoria, el gobierno mexicano se quedó sin una propuesta de largo plazo para la nación mexicana que vive en Estados Unidos. Es una renuncia que parece no contemplar la importancia estratégica para el futuro de México de una mejor integración de las y los mexicanos y sus descendientes en la vida pública norteamericana.
Por Héctor Padilla e Irasema Coronado
30 de junio, 2021
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En mayo de este año, el Banco de México reportó nuevamente un crecimiento espectacular de las remesas recibidas por el país. De enero a marzo de 2021 estas sumaron más de 10 mil 623 millones de dólares, un incremento de 13% comparado con las recibidas en el mismo periodo durante el 2020. Este es el reporte más reciente de un periodo marcado por el aumento sostenido de estos recursos, que el gobierno mexicano recibe como muestra de la bondad y solidaridad de las comunidades mexicanas que residen en Estados Unidos.

A pesar de que como candidato López Obrador realizó una parte de su campaña electoral recorriendo las grandes ciudades estadounidenses que concentran la mayor cantidad de mexicanos residiendo en aquel país, como presidente han sido escasas sus referencias hacia esa población. Su contacto previo con las comunidades mexicanas permitía suponer que habría un cambio sustancial respecto a la manera con que los llamados gobiernos neoliberales se habían relacionado con ellas, que introdujera una visión nueva o recuperara experiencias históricas para proponer una nueva concepción de nación, incluyente y trans-territorial.

Pero esto no sucedió. El Proyecto de Nación 2018-2024, publicado en agosto de 2017 por el entonces candidato López Obrador, anunciaba una “nueva época en la política migratoria” que, para las comunidades mexicanas en el extranjero, se proponía proteger los derechos humanos de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y cualquier parte del mundo; convertir a los consulados mexicanos en ese país en “procuradurías de la defensa de los migrantes”; establecer una estrategia para empoderar a los migrantes con derecho a una estancia legal, y buscar alianzas con alcaldes, gobernadores y legisladores norteamericanos que estuvieran de acuerdo en una reforma migratoria.

Sin embargo, este último propósito se abandonó. Aunque recientemente el presidente Obrador ha dicho que él espera que Biden sí pase una reforma migratoria, en el Plan Nacional de Desarrollo publicado en junio de 2020 se advirtió un giro muy importante en relación con los gobiernos neoliberales que le precedieron, al acusarlos de buscar una reforma migratoria en Estados Unidos poniendo en riesgo la soberanía nacional. Contrariamente a lo expuesto en el proyecto de nación de Morena, se aclara que “México no insistirá más en una modificación a las leyes y normas migratorias del país vecino”, por considerar que sería injerencista y con ello se abre la pauta para que Estados Unidos pudiera pretender, a su vez, intervenir en México.

Con este abandono de una promesa, el gobierno mexicano se quedó sin una propuesta de largo plazo para la nación mexicana que vive en Estados Unidos. Es una renuncia que parece no contemplar la importancia estratégica para el futuro de México de una mejor integración de las y los mexicanos y sus descendientes en la vida pública norteamericana.

El motivo de esta decisión puede atribuirse a la coyuntura que enfrentó López Obrador al inicio de su gobierno, cuando las amenazas de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas a Estados Unidos se hicieron sentir de una manera muy evidente en el manejo de la política migratoria nacional frente a las caravanas migrantes centroamericanas de 2018 y 2019. Es decir, sucedió en un momento en que la soberanía nacional estuvo fuertemente presionada. Por lo tanto, cabe preguntar de qué soberanía se está hablando y qué relación tiene con ella una posible reforma migratoria.

Como lo evidencian las remesas, que de facto están contribuyendo desde ya al sostenimiento económico del país, un mayor bienestar económico y más presencia política de las comunidades mexicanas en Estados Unidos no solo tendrían mayor impacto en la estabilidad económica de México, sino que ampliarían sus márgenes de soberanía nacional.

Una reforma migratoria que les otorgue la residencia a los mexicanos sin documentos en Estados Unidos y facilite la ciudadanía a los que ya residen de manera regular, representa un paso adelante y estratégico en esa dirección. Un proyecto de nación para el siglo XXI implica reconocer que parte del futuro de México se juega en el extranjero; descansa en la capacidad de las comunidades mexicanas en Estados Unidos para integrarse plenamente a la sociedad norteamericana; para transitar de su mera integración al mercado laboral a la participación activa en el sistema político democrático norteamericano. Para millones de esa población, obtener la ciudadanía, es el objetivo estratégico para poder acceder al ejercicio pleno de sus derechos democráticos.

* Hector Padilla es profesor del Departamento de Ciencias Sociales del Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Irasema Coronado es profesora y directora de la School of Transborder Studies de Arizona State University.

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