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Roma y un trato más justo para las trabajadoras del hogar
Roma seguramente merece todos los premios que ha recibido, pero lograr transformar la realidad laboral de las trabajadoras del hogar valdrá mucho más.
Por Blog Invitado
5 de marzo, 2019
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Por: Arely Cruz-Santiago y Karina Patricio Ferreira Lima

Yalitza Aparicio como Cleo en Roma. Netflix.

Ciudad de México, 1970. La alarma de Cleo suena muy temprano por la mañana. Se levanta y baja las escaleras desde su cuarto en la azotea, que se encuentra en la casa de clase media-alta, donde vive y trabaja. Mientras tanto, los otros miembros de la casa siguen durmiendo. Cleo despierta gentilmente a los niños, sirve el desayuno a la familia, y lleva al niño más pequeño al jardín de niños.

Cleo trabaja desde el amanecer hasta el anochecer, brindando durante el curso del día apoyo emocional a los miembros de la familia. Tras una jornada de arduo quehacer doméstico, da la bienvenida a todos a casa. Le sirve de comer a sus patrones, mientras toda la familia ve la televisión en la sala de estar. Cleo duerme a los niños, y ya que todos se han ido a dormir, apaga las luces de la casa y sube a oscuras a su cuarto en la azotea.

Las largas jornadas de trabajo de Cleo están magníficamente representadas en la película Roma por el director Alfonso Cuarón , quien acaba de ganar tres Oscar incluyendo el de mejor director. Durante la pelicula causa consternación el desequilibrio que existe entre la vida personal y laboral de Cleo, a tal magnitud que nos lleva a cuestionarnos las condiciones de vida de las trabajadoras domésticas en la actualidad.

Existen por lo menos 67 millones de trabajadores domésticos en el mundo, y casi tres cuartas partes de esta cifra son mujeres. Muchos del los trabajadores son migrantes que, como Cleo, viven en su lugar de trabajo. Más del 70 % no cuentan con un contrato laboral por lo que están empleados informalmente. A menudo tienen largas jornadas de trabajo por un salario bajo; son tratados violentamente o acosados, y son contratados y despedidos a voluntad. La profesión todavía tiende a ser excluida de muchas leyes laborales y regímenes de seguridad social. Por ejemplo, de acuerdo con estimaciones recientes, el 90% de los trabajadores domésticos en todo el mundo no tienen acceso a seguridad social.

Los derechos de los trabajadores siguen siendo una gran preocupación en muchos países, recientemente ha habido importantes reformas en materia laboral a pesar de que ciertos comentarios sobre la película Roma impliquen lo contrario. América Latina ha liderado esta directriz equiparando las protecciones del empleo doméstico con otras profesiones; México, por otro lado, está finalmente incorporando cambios similares. Como podemos apreciar, Roma y Cuarón han desempeñado un papel clave para contribuir a estos logros.

Reformadores latinoamericanos

El trabajo doméstico suele ser subestimado porque está asociado con tareas que comúnmente realizan las amas de casa que no gozan de pago alguno. La falta de protección legal hace que los trabajadores domésticos sean excepcionalmente vulnerables. Incluso cuando las leyes laborales protegen a los trabajadores, puede ser difícil verificar que los empleadores cumplan con los estándares pertinentes, por lo que a menudo hay problemas de incumplimiento de la ley.

Como Cuarón logra bellamente describir en Roma, los límites entre el hogar y el lugar de trabajo pueden ser  difíciles de distinguir particularmente en países latinoamericanos. Frecuentemente, los empleadores aprovechan los vínculos de afecto desiguales para justificar las limitaciones que imponen a los trabajadores del hogar. La fuerza laboral de la región es mayoritariamente negra o indígena, e incluye a los elementos más desposeídos de la población. Las altas tasas de desigualdad y pobreza intergeneracional, aunado al hecho de que la mayoría de los trabajadores son mujeres, hace que la regulación del sector sea crucial para alcanzar justicia social.

Las ONG de trabajadores domésticos y otras organizaciones de la sociedad civil en la región comenzaron a presionar por una reforma a principios de la década del 2000, y muchos países tuvieron un caluroso debate sobre la mejor manera de avanzar. Por ejemplo, Uruguay (2006), Argentina y Brasil   (ambos, en 2013), adoptaron reglas que equiparan a los trabajadores domésticos con otros trabajadores en relación a prestaciones tales como vacaciones, horas de trabajo y pago por maternidad. También establecieron mecanismos de negociación salarial para la profesión y alentaron a los empleadores a introducir contratos formales.

Para promover los nuevos derechos laborales, estos países crearon consciencia en sus poblaciones a través de campañas publicitarias en televisión y anuncios en espectaculares. También adoptaron un enfoque progresista a la aplicación de estos nuevos derechos que resultó ser efectivo. En Uruguay, por ejemplo, los inspectores de trabajo visitaron hogares con trabajadores domésticos; pero en lugar de castigar las infracciones, aprovecharon la oportunidad para educar a los empleadores sobre sus obligaciones. Uruguay ha visto desde entonces que los salarios de los trabajadores domésticos dan un gran paso hacia el promedio nacional. Argentina y Brasil también han logrado varias mejoras.

Al mismo tiempo, la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas (OIT) lanzó el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos en 2011: una serie de leyes internacionales destinadas a mejorar los derechos de las trabajadoras y los trabajadores domésticos en todo el mundo. La convención entró en vigor en 2013 y ha sido ratificada por 27 países, incluidos 14 en América Latina y otros como Sudáfrica, Filipinas y Alemania. Entre los derechos se encuentran el salario mínimo, las horas de descanso diario y semanal, el derecho a elegir dónde vivir y las condiciones de empleo claramente especificadas. Sin embargo, la mayoría de los países del mundo aún no han ratificado la convención. México, desafortunadamente, es uno de ellos.

¿Por qué tan lento, México?

México fue en realidad el primer país que consagró la protección laboral en su constitución, sin embargo los trabajadores domésticos aún obtienen un trato desigual. Con más de 2.4 millones de trabajadores domésticos en un país de unos 90 millones de adultos, la ley los discrimina ya que no existe un límite establecido para las horas de trabajo ni un salario mínimo igual al de otros trabajadores. Muy pocos trabajadores domésticos tienen contratos de trabajo, por lo que las limitadas protecciones legales que existen, rara vez se siguen. El 97% de los trabajadores domésticos aún no tienen acceso a la seguridad social en el país.

La primera señal de progreso se produjo cuando el primer sindicato de trabajadores domésticos fue reconocido en 2015. El Sindicato Nacional de Trabajadores del Hogar (SINACTRAHO) ha luchado incansablemente por los derechos de los trabajadores domésticos. En diciembre de 2018, la Suprema Corte dictaminó acertadamente que excluir a estos empleados del régimen de seguridad social obligatorio del país es inconstitucional. El tribunal ordenó un programa piloto que desarrollará un nuevo sistema este mismo año, para los trabajadores del hogar.

Mientras tanto, el nuevo gobierno de izquierda de Andrés Manuel López Obrador dijo que presentará el Convenio de la OIT sobre los trabajadores del hogar ante el Senado para su ratificación. Los dos partidos más importantes del país también patrocinan conjuntamente un proyecto de ley dirigido a la profesión. Este proyecto propone igualar los derechos de los trabajadores domésticos con otros trabajadores asalariados, incluyendo un salario mínimo y un máximo de 44 horas de trabajo por semana.

Si bien estos logros se deben en gran parte a la incansable labor de SINACTRAHO y otras organizaciones de trabajadores domésticos, la película Roma ha desempeñado un papel importante al destacar la lucha de la profesión. Cuarón dedicó la película a Libo (quien trabaja en su casa desde su infancia) y a las trabajadoras del hogar en México. Recientemente invitó a la activista Marcelina Bautista a dar un discurso en el estreno nacional de la película. “México le debe mucho a las mujeres”, concluyó. “Necesitamos detener la violencia y el abuso de poder contra las mujeres”.

Si estos cambios prometedores en México dan sus frutos, la obra maestra de Cuarón habrá ayudado a asegurar condiciones dignas para los trabajadores domésticos en un país que los ha olvidado durante ya demasiado tiempo. Roma seguramente merece todos los premios que ha recibido, pero lograr transformar la realidad laboral de las trabajadoras del hogar valdrá mucho más.

 

* Arely Cruz Santiago es investigadora postdoctoral de ESRC en Geografía por la Universidad de Durham, en Reino Unido. Karina Patricio Ferreira Lima es investigadora doctoral en Derecho por la misma universidad.

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