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Sancionar el acoso callejero no es una exageración
Las recientes reformas a Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México permiten que el acoso callejero sea una falta administrativa y no un delito, lo cual podría despresurizar la enorme carga de trabajo que tienen actualmente las fiscalías y bajar el índice y la percepción de impunidad que existen en estos casos sin tener que ocupar a al sistema de procuración de justicia para esto.
Por Blog Invitado
18 de junio, 2019
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Por: Ana Laura Velázquez Moreno (@ana_velamor)

El 82.1 % de las mujeres mexicanas no se siente segura en su colonia, municipio, localidad o entidad federativa (1). Y es que a la violencia de alto impacto que ya de por sí se vive en el país se suman las violencias cotidianas que vivimos de forma diferenciada. Para nosotras es común pensar antes de elegir nuestro atuendo: ¿A dónde voy a ir hoy? ¿Cómo me voy a transportar? ¿Por dónde voy a pasar? Y no me refiero a una cuestión de etiqueta, hablo de las restricciones autoimpuestas a las que hemos llegado para evitar ser acosadas en la vía pública. Guardar faldas, vestidos y sustituirlas por ropa que cubran más, cambiar nuestras rutas de traslado, usar taxi o automóvil en lugar de transporte público, evitar ciertas calles y parques, se ha vuelto desafortunadamente algo común en nuestras vidas. Hace poco note que cuando camino del trabajo a mi casa me quito los aretes y me despinto “para llamar menos lo atención”. Lo hacía en automático, así sin pensar. Cuando me di cuenta de lo que significaba me pareció tristísimo.

Por eso celebro que las recientes reformas a Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México prevean de forma tan clara que entre las infracciones contra la dignidad de las personas se encuentra “proferir silbidos o expresiones verbales de connotación sexual a una persona con el propósito de afectar su dignidad (2)”. Las infracciones previstas en esta ley aplicarán cuando las conductas tengan lugar en espacios públicos como plazas, calles, mercados y transporte público. Las sanciones para las personas que incurran en acoso callejero consistirán en multa equivalente de 11 a 40 Unidades de Medida, o arresto de 13 a 24 horas y el infractor será detenido y presentado al juzgado cívico cuando personal policial presencien la infracción, o bien, cuando sean informados de la comisión de la infracción.

El reto para para la implementación de la Ley de Cultura Cívica es enorme considerando que los juzgados cívicos y su personal se encuentran desde hace años en el abandono. Sin embargo, me parece pertinente que conductas como el acoso callejero sean una falta administrativa y no un delito. La visión de usar el sistema de justicia penal como respuesta a cualquier problemática ha llegado a extremos preocupantes, queriendo convertir cada exigencia social en un nuevo tipo penal, no obstante que ha quedado claro que el populismo punitivo no es la solución. Si la Ley de Cultura Cívica se implementa de forma adecuada podría inclusive despresurizar la enorme carga de trabajo que tienen actualmente las fiscalías y bajar el índice y la percepción de impunidad que existen en casos como el acoso callejero sin tener que ocupar a al sistema de procuración de justicia para esto.

Por otra parte, esta regulación llega después de un largo camino de reacciones que durante años hemos tenido las mujeres para enfrentar el acoso en la vía pública, reacciones que van desde campañas en redes sociales hasta colectivos que por medio del arte han denunciado la problemática del acoso, entre otras respuestas que con nuestros medios y ante la inacción de las autoridades hemos ido construyendo, por lo que esta nueva regulación podría ser considerada como una respuesta (un poco tardía) a la exigencia social de erradicar el acoso callejero. También hay que destacar que las sanciones si bien pretenden desincentivar conductas lascivas como el acoso, tienen que ir acompañadas de políticas públicas estratégicas, y cuando digo “estratégicas” me refiero a que sean algo mejor que regalar silbatos rosas a las mujeres.

Habrá a quien le parezca exagerado sancionar conductas como los silbidos que a fuerza de repetición se han arraigado en el imaginario social como algo normal, como parte de la “picardía mexicana”. Hace unos días me tope con este video (3), es una muestra clara de cómo el acoso se ha visto como algo cotidiano al grado de hacerlo un chiste, como si ser atacada sexualmente en la vía pública fuera algo gracioso. Por esto las reacciones respecto a sancionar el acoso callejero no se hicieron esperar, hay quienes señalan que castigar “un simple chiflido” es desproporcionado, que “ya ni se puede ver a las mujeres” y que como van a volver a ligar en la vida si por gritar “un piropo” van a ir a dar a la cárcel. Estas reacciones dan cuenta de cómo el acoso esta tan arraigado al grado tal de ser visto como un medio de comunicación e interacción cotidiano y socialmente válido.

El acoso es la normalización de la violencia hacia las mujeres, una violencia que va escalando, y que tiene como resultado las escalofriantes cifras de violaciones y feminicidios que tenemos a hoy en día. El fin que se busca al sancionar esta conducta es totalmente legítimo, el derecho a vivir una vida libre de violencia, el poder caminar con la ropa que deseemos y usar el medio de transporte que decidamos sin ser violentadas en el camino. Porque como bien dicen las consignas, ¡no es piropo es acoso!, y como alguna vez lo señalamos desde el Colectivo Red Reapropiación, ¡el espacio es público, mi cuerpo no!

*Ana Laura Velázquez Moreno es abogada, especialista en derechos humanos y género, forma parte del Circulo Feminista de Análisis Jurídico y es integrante del área jurídica de Idheas Litigio Estratégico en Derechos Humanos A. C.

 

(1) Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2018

(2) Disponible aquí.

(3) Disponible aquí.

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