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Sin oposición no hay democracia
El gobierno debe comprender que erradicar a la oposición sentaría las bases de una autocracia o una tiranía y el fin de la democracia.
Por Lic. César Hernández González
15 de octubre, 2019
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La oposición no debe ser ignorada ni mucho menos eliminada, puesto que una democracia necesita de la existencia de canales institucionales que permitan a las minorías manifestar su inconformidad con las decisiones del gobierno y acceder al ejercicio de poder político en un futuro, es decir, constituirse como una mayoría.

Es cierto que la oposición es un actor incómodo para la clase gobernante, ya que es un obstáculo para instrumentar una visión particular de cómo solucionar problemas públicos, además de ser la principal voz crítica de las acciones, actos y respuestas del gobierno.

Pero, es imprescindible que el gobierno comprenda que restringir, y en el peor de los casos, erradicar a la oposición, significa lacerar el régimen democrático, ya sea de una manera legal mediante la reducción o supresión de derechos, libertades e igualdades de las minorías; o bien, de una forma ilegal a través de percusiones, detenciones o desapariciones de personas o grupos disidentes. Cualquiera de estos actos sentaría las bases de una autocracia o una tiranía y el fin de la democracia.

Las elecciones de 2018 configuraron un escenario político inédito en la novel democracia mexicana, ya que los tres principales partidos políticos fueron derrotados (PAN, PRI,PRD) lo que indujo a que, por primera vez, estas fuerzas sean oposición al mismo tiempo.

Ante este escenario se pensaría que el Presidente de República y MORENA tendrían un escenario hostil para gobernar; sin embargo, la realidad es distintita. El PAN, PRI y PRD atraviesan una reconfiguración y reorganización interna de gran calado. Carecen de grandes líderes que homologuen las fuerzas intrapartidistas para hacerle frente a un gobierno fuerte y a un líder carismático que sabe hacer política.

Se echa de menos a grandes personalidades del pasado como Carlos Castillo Peraza, Luis Felipe Bravo Mena, Luis H. Álvarez, Efraín González Morfin, Beatriz Paredes, Dulce María Sauri, Jesús Reyes Heroles, Mariano Palacios, Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez o Porfirio Muñoz Ledo, quienes encabezaron a la oposición en contra, en un primer momento, de un gobierno autoritario, y en segundo momento, de un gobierno democrático, mediante la unión de grupos divergentes.

Estas fuerzas políticas se encuentran en un proceso de redefinición ideológica y pragmática, que genera más dudas y mayores conflictos, que soluciones y avances. El PAN busca la conciliación con lideres del pasado; el PRI lucha con un viejo conocido: acusaciones de corrupción y el PRD se encuentra en proceso de refundación.

Ser oposición no es un papel nuevo para estos partidos políticos. El PAN asumió el rol antagónico del gobierno el PRI por más de 60 años y más recientemente durante la administración de Enrique Peña. El PRI fue la antítesis de los gobiernos del PAN en el periodo de 2000 a 2012. El PRD es la contraposición de los gobiernos del PRI y el PAN desde 1990. Además, en los periodos en los que fueron oposición se generaron grandes cambios en la vida democrática gracias a su postura vigilante frente al gobierno, como la creación del entonces Instituto Federal Electoral, la Comisión Nacional de Derechos Humanos o la aprobación de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

Es tiempo que los partidos políticos de oposición aprovechen las virtudes y bondades del régimen democrático y del sistema electoral para fungir como una oposición responsable, democrática, critica, libre, férrea y propositiva, que defienda los intereses individuales y grupales de las minorías y que sea un reflejo de la pluralidad política. Todo ello con el fin de posicionarse como una alternativa política-electoral ante la ciudadanía y para constituirse como un control del poder político.

En México hay un escenario democrático que permite la recreación de la oposición, puesto que existe una pluralidad de medios de comunicación; acceso libre a internet y redes sociales; protección de derechos humanos; libertad de expresión y asociación; división de poderes; estado de derecho; entre otras. Además, se tienen logros importantes en las reglas del juego democrático como son elecciones competidas y en condiciones equitativas; la posibilidad latente de la alternancia, la presencia de una institución autónoma para la organización de elecciones; la posibilidad de formar nuevos partidos políticos; etcétera.

A 454 días de la elección de 2018 es momento de que el PAN, PRI y PRD comprendan la importancia de su rol como entes de oposición y utilicen las vías legales e institucionales para fungir como contrapeso del gobierno, a su vez, que el gobierno federal entienda que requiere de una oposición fuerte para garantizar el juego democrático y legitimar, mediante la deliberación y el conceso, el procedimiento de toma y ejecución de las decisiones. Tanto gobierno como partidos políticos deben recordar que sin oposición no hay democracia.

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