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Todo es Cuautitlán, o ¿qué es el Estado de México?
La presencia o ausencia de las autoridades municipales, el acceso a los servicios públicos o la movilidad al interior del municipio -y no la condición socioeconómica- producen experiencias de gobierno diferenciadas que explican por qué la gente responde así en Ecatepec y no en otros municipios como Huixquilucan o Coacalco.
Por Armando Luna Franco
4 de mayo, 2020
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La primera línea del himno del Estado de México dice: “El Estado de México es una prepotente existencia moral”. Cuando, de niño, lo escuchas por primera vez no pones atención a las palabras, sólo lo cantas; cuando eres adolescente te parece ridículo y cuando eres un adulto se queda en tu memoria como un recuerdo de tu infancia escolar. Si tuviste una experiencia particular con él, tal vez recuerdes más que la simple línea que cantabas.

Evocar estas palabras en el contexto de la discusión sobre los acontecimientos del viernes 1 de mayo en el Hospital General “Las Américas” en Ecatepec invita a reflexionar. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, prepotente significa “más poderoso que otros, o muy poderoso”. Asumir que el Estado de México y su “existencia moral” es más poderoso que otros estados es un testimonio importante para indagar cuál es el ser de una entidad cuya historia la coloca en el centro del debate nacional.

Preguntarse qué es el Estado de México lleva a distintos caminos para responder. Si preguntamos por el ser actual de la entidad, es fácil acudir a las estadísticas y dibujar un perfil de acuerdo con las cifras: es el estado más poblado y está entre las entidades con mayor participación en la economía nacional. Pero también está lo que dicen las otras estadísticas: uno de los estados con altos índices de pobreza, de violencia e inseguridad, especialmente para las mujeres.

Si preguntamos por un ser histórico también tenemos respuestas interesantes: ha sido un territorio del cual se desprendieron muchas de las entidades que la rodean. Es el espacio geográfico que envuelve a la capital del país, y la relación que existe entre la capital y el estado ha definido por mucho tiempo su historia. Es también el bastión histórico del priismo, que desde 1942 (y no desde antes, como lo consideran erróneamente) gobierna a la entidad ininterrumpidamente, gracias a la llegada de Isidro Fabela.

Para la visión popular sobre el estado es el elemento explicativo del ser y el sentido de la entidad. El gobierno priista del Estado de México es la causa de todos los hechos, de los procesos y los problemas estatales. Gracias al priismo, también, la población del Estado es perfilada como apática, sin voluntad política, que vive en una posición constante de conformismo respecto a su situación social y económica. La única evidencia es la continuidad del priismo, aun con los cambios políticos de los últimos años a nivel estatal y nacional.

Así, tenemos un argumento circular que sirve para emitir juicios sobre la identidad mexiquense y evitar indagar más allá, preguntar si las cosas realmente son como las vemos. El priismo se convierte en el motor inmóvil del Estado de México. Pero no, el Estado de México es mucho más que un motor inmóvil que no resiste examen. Tampoco es la cantidad de prejuicios clasistas que se esgrimen cuando la población se manifiesta en la vida pública.

Al ver lo ocurrido en el Hospital General “Las Américas” de Ecatepec, donde familiares de personas internadas irrumpieron en las instalaciones para saber si sus familiares estaban o no entre los fallecidos (ante la falta de información de parte de las autoridades médicas), lo primero que pensé no fue en a quién responsabilizar, sino en toda la serie de prejuicios, burlas e insultos que esto provocaría para la gente de Ecatepec y de la entidad en su conjunto. Después de todo, burlarse de la marginación de las periferias es un deporte nacional.

Por eso es necesario ofrecer una perspectiva a la discusión que rompa con los prejuicios sobre el Estado de México. Como todas las entidades del país (y cualquier región en cualquier parte del mundo) no es homogénea. Su historia muestra un territorio en el que coexisten distintas regiones, muchas de ellas sin plena conciencia de la existencia de las demás. La vida en el Valle de Toluca es muy distinta de la vida en el Valle de México, como la vida en el suroeste o el oriente del estado.

Incluso dentro del Valle de México los municipios mexiquenses de la Zona Metropolitana son muy distintos y hasta antitéticos entre sí. Y es lo mismo al interior de los municipios, la única constante es la heterogeneidad de la vida mexiquense: quienes vivimos en el poniente de la Zona Metropolitana somos distintos de que quienes viven en el oriente, aunque haya problemas comunes como la inseguridad. Pensar que la heterogeneidad de experiencias de vida en el estado se explica por una sola causa no sólo es risible, es insultante.

Esta complejidad de matices es fundamental para entender las acciones de las personas, en lugar de las percepciones reduccionistas que revelan prejuicios de clase que asocian la condición socioeconómica con las conductas individuales. La presencia o ausencia de las autoridades municipales, el acceso a los servicios públicos o la movilidad al interior del municipio -y no la condición socioeconómica- producen experiencias de gobierno diferenciadas que explican por qué la gente responde así en Ecatepec y no en otros municipios como Huixquilucan o Coacalco.

Ignorar la complejidad de estos elementos sólo alimenta las percepciones reduccionistas, cuyo único fin es alimentar la división social y fomentar los conflictos en medio de una crisis nacional. La emergencia por la pandemia afecta a cada región del país de manera distinta; en cada una de ellas la población resentirá sus efectos y actuará en función de cómo los resienta. Lo ocurrido en Ecatepec es la respuesta de la población ante una situación de emergencia, el sentir al ver a sus seres queridos en peligro y no saber de ellos, no un reflejo de lo que son.

Las burlas, prejuicios e insultos sobre lo ocurrido en el hospital me recuerdan a un dicho que he escuchado toda mi vida: “fuera de México, todo es Cuautitlán”. Reducir nuestra experiencia de vida a sus prejuicios, sean positivos o negativos. Porque sí, incluso romantizar como forma de empatía no ayuda a pensar todos los problemas y decisiones que están tras lo ocurrido en Ecatepec ni para confrontar los insultos hacia las personas. Es necesario cuestionar, y empezar por cuestionarnos: ¿Ya dejamos de pensar que fuera de (la ciudad de) México todo es Cuautitlán?

* Armando Luna Franco (@drats89) es Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, especializado en filosofía y teoría política, y sistemas electorales. Sus principales intereses son la participación política y construcción de comunidad republicana.

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