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Un experimento global llamado home office
La vida después del coronavirus no va a ser la misma. Quizás una de las lecciones aprendidas será que la forma de trabajar tendrá que migrar a un modelo como el que estamos experimentando en estos días.
Por Miguel Ángel Santibáñez
15 de abril, 2020
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La tecnología ha cambiado la forma de comunicarnos, de consumir y de vivir. El trabajo no ha sido ajeno a esta situación, muchas empresas desde hace varios años han implementado nuevas formas de operar sin descuidar la productividad y sus resultados. Una de ellas es el home office. En México esta modalidad aún no ha sido adoptada de manera general, al grado que el gobierno difícilmente puede operar si no es de manera presencial.

Para muchas empresas el home office no es una alternativa, quizás por un tema cultural, empresarial o por la diversidad de generaciones de sus colaboradores, sin embargo, el trabajo debe ser considerado como una actividad y no como un lugar físico en el que se tiene que estar. Si una empresa o institución cuenta con indicadores y metas, con las herramientas adecuadas, con una correcta implementación y seguimiento, gran parte de los centros de trabajo podrían realizar sus actividades con la modalidad a distancia.

Derivado del incremento de casos de COVID-19, muchas empresas tuvieron que implementar el home office como una medida de prevención y contención de contagios, adaptando sus métodos de comunicación, de seguimiento de proyectos y de trabajo en equipo. La pandemia del COVID-19 también está obligando a realizar este experimento a nivel global para verificar si los colaboradores y las herramientas tecnológicas están preparadas para un nuevo escenario laboral.

Para muchos de nosotros, tal vez esta es la primera vez que trabajemos desde casa, lo que significa que tenemos que demostrar que podemos adaptarnos a este reto siendo productivos y enfocados a nuestras labores, pero también conviviendo con nuestras familias y cumpliendo con el aislamiento establecido.

Mientras todo eso ocurre entre el aislamiento prolongado, también debemos saber manejar el estrés, nuestras relaciones con hijos, padres, parejas y hasta con las mascotas, contener y asimilar las noticias que nos llegan todos los días sobre la actualización de muertos e infectados alrededor del mundo y, aún así, cumplir con los objetivos laborales.

Diversos autores proponen ciertas medidas para cumplir con ambos lados de la balanza, entre ellas respetar nuestro horario y establecer una rutina, en la que tengamos tiempo para ejercitarnos, alimentarnos de manera saludable, bañarnos todos los días y arreglarnos como si fuéramos a la oficina para que nuestra mente active que, aunque estamos en casa, estamos trabajando. Otra recomendación es disponer de un lugar fijo que cuente con las comodidades para trabajar, como son una silla adecuada, escritorio, acceso a internet, luz suficiente y que estemos alejados de distracciones. Estas recomendaciones tendrán sus variaciones, tomando en cuenta el contexto personal y nuevas variables como el cuidado de los hijos las 24 horas, por ejemplo.

Para que el home office resulte beneficioso es necesario que exista una comunicación efectiva con nuestros colaboradores y jefes, que se establezcan las metas y se marquen fechas de entrega, así como que todo la organización conozca las herramientas tecnológicas autorizadas y las medidas de seguridad para el manejo de información confidencial.

La vida después del coronavirus no va a ser la misma. Quizás una de las lecciones aprendidas será que la forma de trabajar tendrá que migrar a un modelo como el que estamos experimentando en estos días. Las empresas tendrán que robustecer sus lineamientos para el home office y los legisladores reformar y adicionar la ley de manera contundente ante esta nueva alternativa.

Si el experimento del home office obligatorio sale con buenas notas, se podrá considerar que es una herramienta y alternativa real para el presente en México. Permitirá abrir un espacio a la flexibilidad laboral y así tener una vida más equilibrada.

* Miguel Ángel Santibáñez es especialista en finanzas públicas de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas (@ethoslabmx).

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