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Un futuro más caluroso no necesariamente ocasionará más muertes por calor
Las estrategias integrales de preparación ante el cambio climático no tendrán éxito sin los programas fundamentales de apoyo social que en la actualidad enfrentan grandes dificultades para cubrir la demanda comunitaria.
Por David M. Hondula
14 de noviembre, 2019
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A medida que la atmósfera de la Tierra continúa calentándose, enfrentar el calor será parte fundamental de la vida cotidiana. Las temperaturas más elevadas pondrán en riesgo los recursos naturales, originando mayores posibilidades de incendios forestales con mayor dificultad para controlarlos, además de reducir la productividad laboral. La preocupación más grave es cómo sobrevivir a un incremento en enfermedades y muertes directamente vinculadas con la exposición al calor. Afortunadamente, algunos de los principales expertos del mundo en cuestiones climáticas y salud pública están apresurándose a desarrollar posibilidades de resiliencia ante situaciones de calor extremo, y han comenzado por estudiar la experiencia de las ciudades que ya están teniendo que enfrentar un clima extremadamente caluroso.

En Estados Unidos, son pocas las ciudades que experimentan temperaturas más altas que Phoenix, Arizona, y sus comunidades circundantes. Situada en el extremo norte del Desierto de Sonora, Phoenix es un lugar febril en un sentido literal y figurado: se trata de la ciudad con un crecimiento más rápido y la quinta más poblada de los Estados Unidos, de acuerdo con un informe de la Oficina de Censo de los Estados Unidos. Phoenix ya enfrenta temporadas de sequía y ondas de calor más frecuentes de las que enfrentarán ciudades más templadas en el futuro, lo que la convierte en un gran referente.

Resulta difícil monitorear el impacto del calor extremo en la salud humana. A diferencia de los decesos provocados por huracanes o terremotos, es más complicado llevar un registro de las enfermedades y fallecimientos derivados de la exposición al calor. Un elemento destacado entre las herramientas para resiliencia ante el calor que posee Phoenix es su avanzado programa de supervisión de la salud en condiciones de calor. Desde 2006, el Departamento de Salud Pública del Condado de Maricopa ha operado un sistema para rastrear el número de enfermedades y muertes presentadas en la región. Como resultado, los dirigentes de la ciudad y los funcionarios responsables de la salud pública han tenido acceso a una gran cantidad de información para mejorar la toma de decisiones en el corto plazo y elaborar estrategias de preparación estacionales.

Al analizar los fallecimientos relacionados con el calor en la zona de Phoenix, hemos encontrado patrones muy evidentes. Entre ellos, descubrimos que las personas en situación de calle están más expuestas y representan un caso entre seis, como mínimo. En la región, los hombres corren mayor riesgo de morir a consecuencia del calor que las mujeres, y ese riesgo es especialmente prevaleciente entre hombres de 50 años o más. Lo que casi no se sabía es que una porción importante de las muertes derivadas del calor, hasta el 40% en algunos años, están relacionadas con exposiciones en interiores, en donde no se cuenta con unidades de aire acondicionado o estas no están funcionando.

Recopilar datos sobre salud pública en situaciones de calor extremo ha servido para desarrollar estrategias comunitarias de preparación. En el caso de muertes por calor en interiores, estos datos sobre salud constituyen una parte importante de un debate continuo acerca de lo acertado de permitir que las compañías de servicios públicos suspendan el suministro de electricidad a los residentes que se retrasan en el pago de sus facturas durante el verano, cuando el acceso al aire acondicionado puede ser cuestión de vida o muerte.

Estos datos también pueden servir para rastrear la forma en que la comunidad ha controlado el clima cálido al paso del tiempo. Resulta inquietante encontrar que, en cada uno de los tres últimos años, el departamento de salud del condado ha reportado un número creciente de muertes relacionadas con el calor. En 2018 se presentaron 182, más del doble del promedio de los 10 años anteriores, que fue de 78 casos. El radical incremento en el número de decesos relacionados con el calor en la comunidad en 2016 (de 80 a 154), motivó a nuestro equipo a analizar con mayor detalle los datos de salud y registros de clima. ¿Fue ésta una señal anticipada de que el calentamiento del clima había acabado por sobrepasado nuestra capacidad de controlar el clima extremadamente caluroso?

Lo que encontramos fue que el radical aumento en los decesos en 2016 no se podía atribuir al cambio climático. Desde una perspectiva estadística, el clima en 2016 no fue más elevado que el de la mayoría de los años que abarca el programa de supervisión. Si bien 2016 fue un año excepcionalmente caluroso en el registro de largo plazo, lo mismo sucedió con casi cada tercer año desde principios de la década de 2000. Ha habido años con una temperatura más elevada y con menos decesos, así como otros con una temperatura menor y más decesos por calor. Nuestros modelos estadísticos revelaron que la variación en la temperatura de un verano al siguiente no tiene gran influencia en el número de personas que mueren a consecuencia de calor.

Teníamos que encontrar una explicación a lo acontecido en 2016, y la respuesta estaba en las tendencias a la falta de vivienda en la comunidad. No se trata de calor, se trata de vulnerabilidad. De 2015 a 2016 se presentó un aumento superior al 25% en el número de personas sin resguardo en el Condado de Maricopa, el cual se atribuye a un descenso en el financiamiento de los programas esenciales de servicios sociales y albergues. Pasar el verano a la intemperie en el Desierto de Sonora con recursos limitados y sin acceso a servicios médicos implica graves riesgos para la salud.

Pese a la gran atención que debemos poner en prepararnos para un futuro más caluroso, no podemos perder de vista el presente. Las personas vulnerables en nuestras ciudades más calurosas en la actualidad enfrentan graves riesgos para su salud. Las estrategias integrales de preparación ante el cambio climático no tendrán éxito sin los programas fundamentales de apoyo social que en la actualidad enfrentan grandes dificultades para cubrir la demanda comunitaria. Por lo tanto, una forma efectiva de reducir los decesos ocasionados por las altas temperaturas en el Condado de Maricopa es sencilla: incrementar la capacidad de los programas de apoyo a las personas en situación de calle.

Debemos ser optimistas acerca de la posibilidad de enfrentar este desafío: ha habido años de mayor calor extremo en la historia reciente de Phoenix con menos muertes ocasionadas por las elevadas temperaturas. Además, análisis globales de registros de salud en el largo plazo muestran que, en la mayoría de las ciudades de los países desarrollados, los decesos ocasionados por el calor han disminuido en las últimas décadas, a pesar del continuo aumento de temperaturas. Los humanos tienen una capacidad impresionante de adaptarse a las condiciones ambientales variables. El grado al que las ciudades más calurosas del mundo puedan prosperar en un futuro con temperaturas más elevadas depende de una cuidadosa atención a la salud pública, así como a otros datos, además de la voluntad política de atender a los más vulnerables.

* David M. Hondula es profesor de la Escuela de Ciencias de la Geografía y Planeación Urbana del Colegio de Artes y Ciencias de Arizona State University (ASU).

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