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¿Volver a la normalidad o construir una nueva?
¿Por qué después de todo esto tendríamos que regresar a esa “normalidad” que, en principio, fue la que nos trajo aquí?
Por Verónica Delgadillo García
29 de abril, 2020
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Después de varias semanas de que el coronavirus trastocara la vida de la humanidad, se puede percibir una profunda añoranza por regresar a la que fuera nuestra “normalidad”. La nostalgia por retornar a ese lugar conocido se ha vuelto una constante y un anhelo permanente. Sin embargo, se han preguntado ¿por qué después de todo esto tendríamos que regresar a esa “normalidad” que, en principio, fue la que nos trajo aquí?

Esa “normalidad” que añoramos con nostalgia, hay que decirlo, no era ni tan bella, ni tan buena, ni tan justa, ni tampoco tan armoniosa, ni tan sostenible como algunas personas podrían recordar y nos quisieran hacer ver. Esa “normalidad” estaba cimentada en una serie de aspectos que, poco a poco, fueron pavimentando el camino hacia esta crisis, cuyas dimensiones sobrepasan la emergencia de salud e impactan profundamente en la estabilidad económica y social de nuestros países.

Esa “normalidad” por la que algunas y algunos suspiran fue la que nos trajo a este confinamiento y que, sin darnos cuenta, ya nos mantenía prisioneros de un sistema profundamente desigual, estremecedoramente injusto, intolerantemente machista, brutalmente competitivo y obstinadamente atroz con la naturaleza y la vida en el planeta.

El ritmo y la cadencia de la “normalidad” con la que vivíamos, tarde o temprano, nos llevaría a una catástrofe de dimensiones que parecen inconcebibles. Este virus nos está dando una pequeña introducción a lo que podremos vivir como humanidad si no re-planteamos la forma en la que habitamos en el planeta, en la que consumimos sus recursos, en la que se mercantilizan los derechos, se comercializa con las necesidades humanas y nos relacionamos con todo a nuestro alrededor.

Hay tanto que repensar de esa “normalidad” y tanto que cambiar en ella, que bien valdría la pena que todas y todos nos diéramos un tiempo dentro de todo este proceso para cuestionarla y, en un ejercicio plural e incluyente, construyéramos una nueva. Una en donde todas y todos podamos definir los nuevos códigos, nuevas dinámicas, nuevos sistemas y relaciones con las que nos deberíamos que conducir y sobre las cuales tendríamos que vivir para no repetir lo que hoy vivimos, para que nunca más vuelva a ser demasiado tarde.

Tomo, por ejemplo, la relación de los seres humanos con el medio ambiente. Hagamos una simple reflexión. Si las cosas vuelven a la “normalidad” que teníamos antes de esta pandemia, pondremos a la humanidad y a toda la vida del planeta, en el umbral de otra emergencia que nos azotará con mayor brutalidad de la que lo ha hecho este virus: la emergencia climática.

A diferencia del #coronavirus, si nuestros sistemas de producción, distribución y consumo que sacrifican a la naturaleza y sus recursos no se modifican, en 10 años provocaremos el incremento de la temperatura promedio del planeta de dos grados lo que comprometería las condiciones necesarias para mantener viable nuestra vida y la de otras especies sobre la tierra. De llegar a ese punto de no retorno no habrá ni cuarentenas, ni medicamentos, ni planes, ni mecanismos que puedan salvarnos.

Hoy, un virus se ha apropiado de aquello que creíamos nuestro como calles, parques, playas, recursos; se ha apropiado de nuestro presente y de nuestra vida de la misma forma en que los seres humanos lo hemos hecho con todo los seres vivos que habitan este planeta. Ese virus nos ha confinado al aislamiento, de la misma manera en que hemos condenado a miles de especies a vivir tras las rejas por negocio, egoísmo e incluso diversión.

Paradójicamente, en medio de esta pandemia que la humanidad ha provocado al creerse dueña de todas las vidas y especies que habitan en el planeta, mientras más encerrados estamos, la tierra encuentra más libertad. Ella, silenciosamente, va recuperando espacio, va tomando los lugares que siempre fueron suyos y comienza a respirar un poco después de todo el oxígeno que le habíamos robado.

En medio de esta crisis, la naturaleza nos está demostrando su nobleza y su capacidad de regenerarse y con ello nos da un guiño de esperanza, enseñándonos que si le damos espacio y oportunidad, si se lo permitimos, ella puede ayudarnos a dar marcha atrás a la emergencia climática.

Por supuesto que todas y todos queremos salir de este confinamiento, pero ¿qué tal si antes de hacerlo aprendemos algo de todo esto?, ¿qué tal si entendemos que al salir de casa, al superar esta pandemia, al vencer a ese virus no podemos regresar a la “normalidad” que conocíamos?, ¿que tal si construimos una nueva normalidad, una que nos permita convivir en armonía con la naturaleza?, ¿qué tal si nos despojamos de todo aquello que nos trajo aquí?

Hoy podemos comenzar a escribir nuevos paradigmas para esa normalidad, donde se privilegie el trato ético a la naturaleza y a todas las formas de vida que habitamos en ella. Hoy podemos intentar que la racionalidad de la ganancia que impera en nuestra sociedad,dé espacio a una racionalidad que privilegie la vida.

Los seres humanos tenemos la oportunidad de escribir nuevas reglas y nuevos códigos para nuestra cotidianidad, podemos construir una nueva normalidad más justa, una en la que la vida de las personas y las especies que habitan este planeta puedan convivir en armonía, una más igualitaria para mujeres y niñas, una en la que se le apueste en serio a rubros como la salud, cultura, educación, ciencia y tecnología, entre otros. Una nueva normalidad sí es posible.

* Verónica Delgadillo García (@VeroDelgadilloG) es senadora de la República.

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