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¿Y las demás vacunas?
Actualmente en México 8 de cada 10 menores de un año de edad no están protegidos contra enfermedades para las que ya existen vacunas, el peor nivel de vacunación de los últimos 18 años, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-19.
Por Nancy Ramírez
25 de agosto, 2021
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El progreso de la campaña de vacunación contra la COVID-19 tiene la atención del mundo entero. Por razones evidentes, es prioridad en las acciones gubernamentales, está en los principales encabezados de los medios de comunicación, y las personas monitoreamos los avances para controlar esta enfermedad que tantos estragos ha ocasionado en la humanidad.

Pero por otro lado, nos estamos olvidando de las demás vacunas. Esas que fueron creadas varios años atrás, y que gracias a las intensivas campañas emprendidas a finales del siglo pasado nos han protegido contra distintas enfermedades.

Paradójicamente, muchas de las personas beneficiadas por las vacunas no conocen o no recuerdan las graves consecuencias de enfermedades como el sarampión, la rubéola o la poliomielitis, que provocaban secuelas como discapacidad intelectual, sordera, lesiones cerebrales, autismo, parálisis, deformaciones y hasta la muerte; además de los altos costos económicos para las familias y los sistemas de salud.

Afortunadamente, muchas de las enfermedades han sido eliminadas y controladas gracias a las altas coberturas de vacunación que se habían alcanzado (tuberculosis, difteria, tos ferina, tétanos, hepatitis, entre otras). Pero aunque nuestro país cuenta con uno de los esquemas de vacunación gratuitos más completos del mundo, las coberturas han ido en declive.

Actualmente en México nos encontramos en el peor nivel de vacunación de los últimos 18 años, lo que significa que estamos ante el riesgo de que las enfermedades erradicadas resurjan o que haya brotes de otras que hoy están controladas. Esto es preocupante en cualquier contexto, pero se vuelve doblemente peligroso en medio de la pandemia por la COVID-19, que aún mantiene saturado a nuestro sistema de salud.

Debemos de considerar que para que los países estén protegidos contra brotes de enfermedades se requiere el 95 % de la cobertura de vacunación; pero la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-19 reveló que solamente 18.5 % de menores de un año de edad cuentan con su esquema completo de vacunación, es decir, 8 de cada 10 no están protegidos contra enfermedades para las que ya existen vacunas.

En estados como Morelos, Baja California y Chiapas, se estima que no hay una sola niña o niño que tenga su esquema completo.1 Además, la pandemia ha agravado esta situación: 4 de cada 10 hogares de los estratos económicos más desprotegidos reportaron interrupciones en la aplicación de las vacunas.2

Los mitos y las falsas creencias son una de las causas de esta situación. Es necesario contrarrestarlos sensibilizando y brindando información a la población sobre la importancia de las vacunas, su seguridad, así como las enfermedades y secuelas que previenen.

Las bajas coberturas también son consecuencia de fallas en la política pública, ya que se ha evidenciado la falta de disponibilidad de vacunas y de recursos humanos y materiales, problemas administrativos en las compras de vacunas, problemas de mantenimiento con la red de frío, falta de coordinación entre las instituciones del Sistema Nacional de Salud3 y de claridad en los indicadores, y carencia de un sistema que permita realizar un seguimiento individual de los casos.4

Ante la grave situación, es urgente que el gobierno mexicano establezca un Plan Emergente para Atender y Revertir los Rezagos en Vacunación, que incluya objetivos y metas alcanzables a corto plazo, y que garantice coberturas universales de forma permanente. El poder ejecutivo y legislativo tienen que garantizar un gasto público suficiente y eficiente para mejorar la política de vacunación y solucionar las deficiencias existentes, como por ejemplo, las de la cadena de frío, ya que en 2019 el 12.8 % de los vehículos de transporte contaban con carrocería refrigerada y 85.3 % de las cámaras frías operaba sin licencia de COFEPRIS,5 poniendo en riesgo la conservación y por ende la capacidad de las vacunas.

Las alianzas con el sector privado son clave para lograr elevar las coberturas de vacunación. Desde su capacidad instalada puede contribuir con infraestructura, logística, recursos humanos y materiales, comunicación y sensibilización al público y, en general, con cooperación financiera, técnica y científica.

Como sociedad también tenemos un papel clave. Debemos tener mayor conciencia colectiva; las vacunas no solo nos protegen en lo individual, también nos ayudan a proteger a otras personas que podrían incluso ser más vulnerables a ciertas enfermedades, como las niñas y niños, mujeres embarazadas, personas de 60 años y más o personas con su sistema inmune debilitado. Tenemos que revisar y completar nuestros esquemas de vacunación, y asegurar que nuestras familias también cuenten con todas las vacunas que les corresponden de acuerdo a su edad.

Finalmente, es necesario destacar que el regreso a clases presenciales puede ser una oportunidad para abatir los rezagos en vacunación, pero también un riesgo si no se toman acciones inmediatas. El confinamiento no solamente ha contribuido a mitigar la COVID-19, también ha ayudado a prevenir otras enfermedades transmisibles al haber menor contacto entre personas; pero la actividad presencial en distintos ámbitos se ha ido retomando progresivamente, lo que significa mayor contacto con otras personas.

Las niñas y niños regresarán paulatinamente a las aulas porque es su derecho y es necesario para su aprendizaje y desarrollo. Es fundamental entonces, asegurar que la estrategia de regreso a clases incluya la revisión de las cartillas de vacunación, para verificar que niñas y niños cuenten con todas las necesarias y, en caso contrario, se implementen jornadas de vacunación en las escuelas y/o canalice a unidades de salud para garantizar que cuenten con la protección ante enfermedades para las que ya existen vacunas que son seguras para ellas y ellos.

La vacunación es parte del derecho humano a la salud y debe ser garantizado para todas y todos, pero también es un asunto de seguridad nacional y seguridad humana. La experiencia actual de COVID-19 que estamos viviendo nos permite asegurar que no podemos permitir otra pandemia, sobre todo cuando pueden evitarse con las vacunas existentes.

* Nancy Ramírez es Directora Nacional de Incidencia Política y Temas Globales de Save the Children en México. Representante de sociedad civil en el SIPINNA, Internacionalista por la UNAM y Maestra en Políticas Públicas por FLACSO. Cuenta con amplia experiencia de incidencia en legislación, políticas y presupuesto en temas de niñez.

Save the Children (@SaveChildrenMx) es la organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram.

 

 

 

 

1 INSP. ENSANUT 2018-19.

2 UNICEF, Universidad Iberoamericana. (2020). Resultados de la #ENCOVIDInfancia.

3 ASF. (2020). Informe de auditoria del Grupo Funcional de Desarrollo Social.

4 Hernández-Avila, M y cols. (2018). La vacunación en México. Cifras inciertas, aprobaciones apresuradas.

5 Auditoria Superior de la Federación (ASF). (2020). Informe de auditoria del Grupo Funcional de Desarrollo Social.

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