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Yo, mi bot y mi clon
Por Arturo Aguilar
25 de mayo, 2012
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Por: Arturo Aguilar (@aguilararturo)*

 

El actual proceso electoral ha sacado a la luz que si la tradicional manera de hacer política involucraba acarreados, despensas y tortas, nuestra realidad digital no está exenta de estas prácticas. Twitter es un buen ejemplo de esto.

 

Los famosos bots (humanos o programados) se han convertido en los ejércitos digitales que los equipos de campaña han creado para posicionar comentarios, hashtags o trending topics dependiendo de la agenda del candidato y/o partido.

 

Hace algunas semanas, Alejandra Lagunes Soto, Coordinadora de Estrategia Digital y de Redes Sociales de la candidatura de Enrique Peña Nieto, afirmó en esta entrevista a Animal Político, que en la campaña del PRI se trata de jóvenes simpatizantes del candidato tricolor que se organizan y trabajan en estas nuevas plataformas, pero que de ninguna manera se trataba de bots. Todos son, supuestamente, personas reales.

 

“Yo lo que siempre digo en cualquier presentación es, no bots, porque no votan. Yo te diría ¿por qué nosotros necesitaríamos tener bots?, no, no los necesitamos.
“La estructura del PRI en tierra es tan fuerte y tan organizada que lo único que estamos haciendo es organizar, en la parte de redes que es nueva. Y en la parte de los ciudadanos nos acercamos para que nos apoyen en las redes”, fueron las palabras de Lagunes sobre el uso de bots en la campaña.

 

Sin embargo, la realidad es otra.

 

Conozcan a @arturorojo34 o Arturo Bedolla López. Un ente que resulta preocupantemente parecido a mí y quien tras una seria conversación telefónica con mis padres, puedo confirmar no se trata de ningún hermano gemelo que hayan decidido dar en adopción algunos años atrás. Volviendo a observar la imagen en la cuenta, recuerdo que esa foto me la tomé hace un par de años y que en efecto, alguna vez la usé como avatar en mi cuenta de twitter (@AguilarArturo). Arturo Bedolla López es mi bot. Un bot que usa mi imagen para promover tuits y hashtags a favor de Enrique Peña Nieto o de la necesidad de la semana de su campaña electoral.

 

 

Me enteré gracias al aviso de un par de seguidores en twitter que se ‘toparon’ con la cuenta y a quienes les llamó la atención ‘reconocerme’ al lado de tuits con consignas como #ConEPNCoahuilaGana o #CampecheconEPN o #TodoTabascoconEPN. En palabras de Marlon Brando en Apocalypse Now: The horror. The horror.

 

Una vez pasado el coraje inicial de descubrir algo así, viene el intento por desaparecer una cuenta obviamente falsa que utiliza mi imagen.

 

Para ello, Twitter tiene una política sobre Usurpación de Identidad que permite a los usuarios reportar cuentas que caigan en estas prácticas. (Más info, acá). Tras llenar un formulario, Twitter exige como documentación para proceder a la revisión del caso y dar una respuesta, que se envíe POR FAX (sí, leyeron bien) una copia de una identificación oficial. Lo hice. Y la respuesta de Twitter fue la siguiente.

 

 

En breve, Twitter sólo se preocupa por infracciones en el uso de imágenes o avatares cuando estos violan sus reglas sobre desnudos o pornografía. Pero fuera de eso, y a menos de que además de la foto, el usuario utilice tu mismo nombre, no lo califican como suplantación de identidad. Que te sugieran que quizás se pueda tratar de una parodia, resulta indignante.

 

La única alternativa disponible, según las propias Reglas de Twitter, es que la cuenta sea suspendida al ser reportada como Spam por un alto número de usuarios (ahí se los encargo, no? Como cosa suya). Mientras tanto, yo me quedo con ganas de que Alejandra Lagunes me presente a la persona real detrás de su coordinado bot ectivista.

 

Pero estas singulares historias digitales no se limitan a cuestiones políticas.

 

Les presento a @aguirr_oscar, quien se describe así: Soy promotor y busco talentos. ‘Él’ también se robó mi avatar, pero para usarlo en su vida diaria. ‘Oscar’ no habla de política, pero va por la vida presentándose con mi rostro (también fue otra amable seguidora la que me avisó de esta cuenta).

 

 

Sobra decir que fueron totalmente infructuosos los intentos por obtener una respuesta a varios mensajes enviados respecto al uso de mi fotografía en su cuenta. Del mismo modo en que no sirvió de nada hacer el mismo trámite de reporte de suplantación de identidad en Twitter. La cuenta no usa mi nombre y el avatar no es porno, ergo, se vale, según Twitter. Una vez más, la única opción de suspensión de la cuenta depende de los usuarios que puedan reportarlo como Spam y bloquearlo.

 

Así la realidad de mi vida digital, la que yo creía era una extensión natural de mi vida no-digital como periodista y profesor universitario. Hoy tengo un bot y tengo un clon. Y créanme, no es algo que me haga particularmente feliz o que me haga sentir ‘honrado’.

 

*Arturo Aguilar es periodista y profesor universitario. Crítico de cine de Rolling Stone México y Especialista en Nuevos Medios y Convergencia Digital. Workaholic y adicto a correr, leer y tuitear.

 

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