Cuando eres criminal solo por ser migrante

Juan Carlos, migrante hondureño, tuvo que declararse culpable, de una acusación que asegura es falsa, pues era la única forma de no ser deportado. A pesar de ser residente, su condición de migrante lo pone en desventaja para ciertas cuestiones legales.

Es común que cuando se habla de política migratoria, los migrantes con antecedentes penales sean la población que recibe menos simpatía. Entre el adolescente que entró como niño a un país de forma ilegal, la madre de tres niñas ciudadanas, y el hombre que tiene una sentencia por haber vendido drogas, parece obvio quién merece ser perseguido jurídicamente. Esta fue, por lo menos, la lógica detrás de la política migratoria de Obama. En vez de perseguir a todos los migrantes indocumentados, la administración de Obama enfocó recursos en perseguir a migrantes con antecedentes penales. Si bien esta política es entendible, es importante ver que también presupone que toda la gente que tiene antecedentes penales es tanto culpable como peligrosa. No obstante, la realidad es que el hecho de ser migrante puede ser determinante en que alguien tenga una sentencia condenatoria, aún sin haber cometido un delito. Me explico.

Hace unas semanas me cayó el caso de un individuo que llamaré Juan Carlos para proteger su identidad. Juan Carlos es de Honduras y es Residente Permanente (tiene green card) desde 1994. Desafortunadamente, Juan Carlos es alcohólico y nunca ha podido superar su adicción. Esto lo ha llevado a la ruina económica y personal. Actualmente se encuentra sin trabajo, está enajenado de su familia y es un indigente. El fin de semana pasado se peleó con una amiga que se enojó tanto con él que lo denunció con la policía diciendo que la intentó ahorcar. La policía arrestó a Juan Carlos y así es como lo conocí.

Juan Carlos sostiene que la acusación es completamente falsa. No obstante, este es un caso en el cual no hay mucha evidencia. Si nos vamos a juicio sería básicamente su palabra contra la de quien lo acusa (o, si ella no coopera, el policía que lo arrestó). Este tipo de caso es complicado porque depende mucho del juez, del jurado y de la personalidad de tanto la víctima como el victimario. Más allá de la complicación de su defensa, está el hecho de que – por las leyes migratorias – si Juan Carlos pierde el juicio puede perder su Residencia Permanente y ser deportado.

Así que negociamos con la fiscal que él se declararía culpable de un delito menor (que no lo pondría en peligro de deportación inmediata) y no iríamos a juicio. Al fiscal le convino esto porque consiguió una sentencia condenatoria sin gastar muchos recursos y Juan Carlos prefirió la certeza de quedarse en Estados Unidos aunque significase declararse culpable de algo que no hizo. Y así fue como Juan Carlos acabó con un expediente de antecedentes penales.

Algunos podrán decir que seguro sí era culpable. Ese no es el punto. El punto es que el estatus migratorio de Juan Carlos provocó que ni siquiera pudiéramos resolver la controversia en un juicio. Aún siendo Residente Permanente, o sea, aún siendo un migrante documentado (legal) con más de 20 años en el país, los efectos de una sentencia condenatoria son tan severos que no valía la pena correr el riesgo de perder el juicio. Aún con mayores probabilidades de ganar, yo habría tratado de convencer a Juan Carlos de declararse culpable.

Este es solo un botón de muestra de cómo muchos migrantes, especialmente los documentados, acaban con un expediente de antecedentes penales aún sin haber hecho nada.

La realidad es que abundan casos como el de Juan Carlos: donde un migrante prefiere un mal arreglo a arriesgar su estatus. Casos que reflejan cómo la precariedad migratoria es tal que para muchos es preferible ser tachado como delincuente que pelear por tu inocencia.

 

@elpgerson

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