En migración, cambios de forma no de fondo

La realidad es que con contadas excepciones, la diferencia entre la política migratoria de Trump y la de Obama o Bush es más una de forma, no de fondo. El republicano solo está aplicando y ampliando la agresividad de los programas y poderes que la ley ya contemplaba.

¿Qué tanto ha cambiado la implementación de las leyes migratorias del día al día en los dos años de la administración de Trump?

Por un lado parece que la respuesta es obvia. Trump aprobó la restricción de migrantes de 6 países de mayoría musulmana, Corea del Norte y Venezuela (el “muslim-ban”), redujo el número de refugiados que el gobierno aceptará, canceló programas que ofrecían protección temporal para migrantes de Honduras y El Salvador, creó barreras para el asilo político, y abrió una oficina para quitarle la ciudadanía a personas que la obtuvieron a través de la naturalización. Además, con Trump, han aumentado los arrestos y deportaciones de personas que viven lejos de la frontera y que llevan mucho tiempo aquí.

No obstante, varias de estas medidas no son tanto una transformación de la política pública existente, sino implementaciones agresivas de la misma. El asilo político, por ejemplo, ya era un proceso obstaculizado, Trump lo hizo un poco más. También, antes de que Trump llegara, ya había habido casos de personas a las cuales se les quitó la ciudadanía por fraude, Trump simplemente está explotando este precedente. Por último, el estatus de protección temporal indica desde su nombre la temporalidad del mismo. Es decir, desde su concepción se pensó que en algún momento este sería cancelado, Trump solo lo hizo (cabe señalar que ningún antecesor lo intentó hacer permanente).

Por otro lado, aunque ciertas personas ahora están más expuestas a ser deportadas, los números de deportaciones bajo Trump son más bajos que los que existieron en la era de Obama. Esto se debe a varias cosas, principalmente a que hay menos personas cruzando la frontera y que hay ciudades y estados resistiéndose al gobierno federal. De cualquier modo, dado que el número de deportaciones no ha explotado es difícil argüir que Trump está haciendo algo muy diferente a sus antecesores en el campo de deportaciones.

La realidad es que con contadas excepciones, la diferencia entre la política migratoria de Trump y la de Obama o Bush es más una de forma, no de fondo. La semana pasada el Washington Post publicó una nota que sirve de botón de muestra. De acuerdo al Post, la administración de Trump está rechazando las solicitudes de pasaportes de ciudadanos americanos que nacieron en la frontera con México. La administración argumenta que en la frontera sur se falsificaron muchas actas de nacimiento lo cual llevó a muchas ciudadanías “apócrifas” y que no es la primera vez que se niegan pasaportes por esto. El mismo artículo confirma la respuesta del gobierno revelando que el gobierno federal ha negado pasaportes en la frontera por miedo de actas de nacimiento falsas desde la presidencia de Bush II. Así que no es algo que sea nuevo, sino es algo que se está persiguiendo con más intensidad.

Como Trump no puede pasar una reforma migratoria, lo único que le queda es utilizar los programas y poderes que la ley ya contempla. Y eso es lo que está haciendo. El detalle es que hay muchos programas que usar y, dado que el control del sistema migratorio radica en el ejecutivo, los poderes de Trump en materia migratoria son amplios. Con suficiente ahínco y agresividad Trump no necesita verdaderamente transformar la política para vulnerar a los migrantes como lo está haciendo.

 

@elpgerson

 

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