La política de la crueldad

En un país cada vez más desigual, con el peor sistema de salud del “mundo desarrollado”, con una crisis de opioides rampante, donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes, el problema principal resulta ser los migrantes.

En estas semanas salieron dos noticias alarmantes para los migrantes. La primera es que los Republicanos están ganando terreno en las elecciones de este año hablando de un tema que ellos pensaban iba a ser veneno: la migración. La segunda es que salió una encuesta que indica que -a pesar de toda evidencia que apunta lo contrario- los estadounidenses consideran a la migración como el principal problema para el país. En un país cada vez más desigual, con el peor sistema de salud del “mundo desarrollado”, con una crisis de opioides rampante, donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes, el problema principal resulta ser los migrantes.

Quizá a muchos no les sorprenda esto, pero a mí sí. Al fin y al cabo el momento más difícil de la administración actual fue la crisis de los niños separados de sus padres en la frontera. Y, todas las acciones en contra de los migrantes han tenido alta cobertura mediática que ha visibilizado el dolor que estas han generado.

Aunque muchos saben lo que ha pasado, vale la pena hacer un pequeño recuento de lo más importante. Trump intentó erradicar la migración de toda una religión, separó familias de migrantes (en algunos casos permanentemente), y eliminó protecciones para migrantes enraizados en los Estados Unidos como los Dreamers. Además el gobierno federal  mintió acerca de tener una base de datos de esas familias para poder unificarlas, dejó que la persecución de migrantes y no delitos se convierta en el centro del aparato de justicia, y está obligando a los padres de ciudadanos americanos escoger entre regresar con sus hijos a sus países (en muchos casos a lugares plagados por inseguridad y pobreza) o dejar a sus hijos aquí sin saber cuándo los volverán a ver.

Todo esto ha llevado a que ICE haya duplicado los arrestos de migrantes sin antecedentes penales, aumentado el número de migrantes deportados que sólo tienen antecedentes menores, y separado a más familias “mixtas” (padres migrantes, hijos estadounidenses). En resumen, la política de migratoria de Trump se sintetiza en lo que dijo el ex-director de ICE, Thomas Homan: si no tienes papeles “deberías estar incómodo”.

Uno pensaría que si la crisis de la separación de las familias migrantes generó tanto desapruebo, habría rechazo a estas otras medidas. Pero no, al contrario, el cálculo político de Trump que le apuesta a la crueldad en contra de los migrantes como arma política le está saliendo bien. La encuesta mencionada anteriormente demuestra que los estadounidenses están preocupados por la migración, no por los migrantes.

La visibilización de los migrantes lejos de generar empatía hacia ellos ha generado aún más rechazo. Cada acción, por más cruel que sea, no es solo ignorada por los simpatizantes de Trump sino que es aplaudida. Las burlas de los acólitos y oficiales de Trump hacia los migrantes son las versiones oficiales de los cánticos de “build the wall”. Y los Republicanos en campaña están ganando votantes cuando dicen que ellos apoyarán a Trump y critican a sus rivales por querer fronteras abiertas.

No sé si el rechazo a los migrantes es -como muchos dicen- porque Trump refleja el racismo profundo en el país, o porque hay gente que disfruta la crueldad en contra del Otro, o porque la gente vive en tal precariedad económica y emocional que necesita un enemigo (o todo lo anterior), pero la realidad es que políticamente la crueldad contra los migrantes está ganando en el terreno político. Por ahora no parece haber respuesta.

 

@elpgerson

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