Por un país de refugiados

Entiendo que somos un país con muchas carencias y con lugares igual o más violentos de los que muchos escapan. Pero la mentalidad cero-suma que pretende que ayudar al otro me perjudica a mí es una falacia inmoral.

Los vegetales tienen raíces;
los hombres y las mujeres tienen pies.

George Steiner

“El muro que temen los migrantes es México, no el de Trump”. Estas son palabras que aparecieron en un artículo de Jacobo García en El País de hace un año y medio. Empiezo aquí y no con la #CaravanaMigrante porque en realidad lo visto este fin de semana es parte de una tragedia que se lleva gestando por varios años. En la última década México ha pasado de ser un país generador a ser un país receptor de migrantes. En parte esto se debe a que más mexicanos están regresando de Estados Unidos, pero también a que la crisis de seguridad en los países del Triángulo del Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) se ha agudizado. Esto ha llevado a números récord de migrantes centroamericanos en busca de refugio/asilo[1] político.

El aumento de migrantes centroamericanos buscando asilo ha alarmado a las autoridades de Estados Unidos de tal forma que estas le han exigido al gobierno mexicano que detenga a los migrantes. Y más o menos así ha sido.  México ha hecho todo lo posible para impedir la migración hacia nuestro vecino del norte, construyendo un muro no solo en la frontera sur sino a lo largo de todo el país.

Esto ha llevado a un número récord de deportaciones y detenciones por parte de las autoridades mexicanas y ha propiciado que los migrantes se expongan cada vez a rutas más peligrosas donde se convierten en presas fáciles de redes de prostitución, tráfico de personas y otros tipos de crimen organizado. Las autoridades no solo han hecho poco por los migrantes sino que activamente los han victimizado. Según la Red de Organizaciones Defensoras de Migrantes (Redodem), 41% de los delitos contra migrantes en 2015, fueron cometidos por policías. En realidad, la masacre de San Fernando en 2010, donde miembros de los Zetas asesinaron a 72 migrantes, no se puede entender como un evento aislado sino como una advertencia para los migrantes centroamericanos de lo que vendría en esta década.

Pero esto no tiene que ser así. México actualmente solo le da el estatus de refugiado a alrededor de 0.5% de los migrantes que detiene. El gobierno entrante podría empezar por robustecer el aparato institucional para procesar las peticiones de asilo y absorber a más refugiados. O, por lo menos, por generar las condiciones para que los que buscan asilo no vivan en temor existencial mientras pasan por el país.

Los Trumpistas mexicanos® dirán que no podemos tratar a los migrantes con dignidad, ofrecerles asilo y darles un camino a la ciudadanía mexicana porque eso significa abrir las fronteras a quien sea. Lo primero es preguntarnos si esa es tan mala idea. Lo segundo es recordar que la política migratoria y la de refugiados es distinta. La política migratoria es parte de la política económica: responde a qué capital humano hay y qué necesitamos (por cierto, la nuestra es increíblemente arcaica y nacionalista, pero esa es harina de otro costal). La política migratoria, no la de refugiados, es la que determina qué tanto queremos abrir nuestras fronteras.

Pero la política de refugiados es aparte. Esta es parte de la política exterior ya que debe reflejar qué país queremos ser en el mundo. ¿Queremos ser un país que le abre las puertas a los que más sufren o no? Es urgente contestar esta pregunta porque el número de gente que solicite asilo solo va a aumentar.

Entiendo que somos un país con muchas carencias y con lugares igual o más violentos de los que muchos escapan. Pero la mentalidad cero-suma que pretende que ayudar al otro me perjudica a mí es una falacia inmoral. Un país de más de 130 millones de habitantes con una de las economías más grandes del mundo claramente tiene la capacidad para refugiar a unos miles más. Aún más que capacidad, tenemos una obligación. No podemos exigir que los millones de mexicanos en Estados Unidos sean tratados con dignidad si no hacemos lo propio. No podemos indignarnos por los niños separados de sus madres en Texas si las condiciones en nuestra frontera sur son tan atroces que la gente se avienta de puentes para migrar. Y mientras la gente viva en condiciones de pobreza y/o inseguridad tales que estén dispuestas a arriesgar todo en busca de algo mejor, no podremos detener a los que buscan refugio, pero sí se los podremos ofrecer.

 

@elpgerson

 

Referencia: 

[1] Estos son conceptos legalmente distintos, pero aquí los trato como sinónimos.

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