Tú eres migrante

Hay que entender que así como tú no eres sólo un profesionista, o alguien con una enfermedad, o una mujer, o un estudiante, los migrantes no son solo migrantes.

Esta tiende a ser una columna medio wonky (de empollón, de acuerdo al diccionario inglés-español ¯\_(ツ)_/¯). Usualmente me enfoco en alguna medida de política pública, la explico y trato (espero) de decir algo interesante o crítico al respecto. Esta vez no; lo siento. El fin de año, por más ficticio que sea, siempre activa ese deseo de reflexionar (palabra muy fea, por cierto) en lo vivido en los últimos doce meses. Así que eso haré.

El 2018 representó un cambio radical en la conversación pública en México acerca de los migrantes. Si antes solo (y esporádicamente) hablábamos de nuestros connacionales en EUA, ahora el foco público alumbró a los migrantes en nuestro país. A grandes rasgos, el debate se ha dividido entre los que argumentan que como los centroamericanos que cruzan o están en México entraron de manera irregular, no merecen protección del estado mexicano; o, que aún si la merecen, en México hay demasiadas carencias para ayudar a los que vienen de fuera. Del otro lado, estamos los que creemos que hay que apoyar a los migrantes a través de políticas públicas que aseguren su tránsito seguro o que faciliten su asimilación al país. Creo que los que estamos de este último lado hemos acusado al otro de racismo, xenofobia y nacionalismo, pero no hemos articulado una defensa más completa de nuestra postura.

Hasta ahora, he oído/leído tres argumentos promigrantes. El primero es el humanista: los migrantes son seres humanos y solo eso los imbuye con el derecho a un trato digno. El segundo contextualiza la experiencia del migrante: señala que el motivo de la migración es escapar la violencia y busca que se entienda al migrante como un producto de un contexto muy particular. Por último, está la justificación que señala, principalmente usando estudios estadounidenses y europeos, que los migrantes aportan positivamente a la economía porque tienden a emprender más, pagar más impuestos y a delinquir menos.

Todo esto es correcto, pero también es insuficiente. Hay muchos que están de acuerdo con todo lo anterior, pero que igual ven el tema como un asunto presupuestal: un peso para los migrantes es uno menos para los mexicanos. Para mí, la razón más elemental para apoyar a los migrantes tiene justo que ver con esa noción de un ellos y un nosotros. Una noción increíblemente falsa.

Hemos creído esta mentira porque hemos minimizado la vida de los migrantes a solo eso: su migración. La gente se los imagina de forma unidimensional y así es más fácil pensarlos como “otros”. Pero hay que entender que así como tú no eres sólo un profesionista, o alguien con una enfermedad, o una mujer, o un estudiante, ellos no son solo migrantes. Cada migrante es una persona entera con anhelos y memorias, esperanzas y miedos, familias y muertos. Entender esto nos lleva a la humanización, y – esperemos – a la empatía.

Esta empatía nos lleva a entender que si nuestras circunstancias fuesen distintas, nosotros seríamos los migrantes, y que nada garantiza que no lo seremos en un futuro. Trabajando con migrantes acusados de delitos (trabajo en una defensoría pública) me he dado cuenta que los migrantes más vulnerables están en países ajenos por caprichos políticos, ambientales, o familiares. Mis clientes no querían migrar. Llegaron a Estados Unidos porque escaparon de una pandilla criminal, porque un desastre natural destruyó el pueblo en el que vivían y no encontraron trabajo en su país, porque con el ingreso que tenían no podían mantener a sus padres que se enfermaron y a su nueva familia, porque hubo un movimiento de represión política que hizo vivir en su país un peligro para gente de su orientación sexual, porque se escaparon sus casas luego de ser golpeados por sus padres, porque una crisis económica los dejó sin oportunidades reales, y un largo etcétera. ¿Qué nos hace pensar que en un futuro no estaremos en una situación similar? Y si no nosotros, nuestros familiares.

Al contrario, lo más probable es que alguien cercano a ti vaya a tener que migrar en un futuro no muy lejano. Si vemos hacia atrás, la historia del mundo ha sido marcada precisamente por las migraciones. Si el pasado no te parece buena guía, la mirada hacia el futuro va en la misma dirección. El cambio climático y la inestabilidad política global apuntan a que la migración mundial va a ir en aumento. Por ejemplo, se estima que para el 2050, 10% de los mexicanos sea desplazado por cuestiones climatológicas. Así que si el hacerse responsable del bienestar de los migrantes no te parece una obligación moral, tómalo como un acto kármico.

Por último, quiero confesar que me da miedo qué pasará si no defendemos los derechos de los migrantes. El enojo que vi este año en contra de la caravana me hace pensar que hay muchos que empezarán a querer purgar a nuestras comunidades de “elementos indeseables”. Veremos un impulso para involucrar el poder del estado en controlar esa amenaza que viene del extranjero. Acabaremos creando lo que el sociólogo David Garland ha llamado “la criminalización del otro peligroso”. Esto puede llevar al encarcelamiento masivo de personas (al fin y al cabo eso puede ser negocio) y a la expansión de la miseria en nuestro país.

Espero que no sea el caso. Defendamos a los migrantes.

 

@elpgerson

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