No hay salud sin salud mental

Si consideramos que la salud mental es entendida como “el estado de bienestar en el que la persona es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”, ¿por qué es uno de los aspectos al que menos se le presta atención?

Por: Carolina Carreño Nigenda

A mi mente vienen varios recuerdos de hombres y mujeres, jóvenes y adultos que he entrevistado a lo largo de mi carrera profesional, la gran mayoría sobrevivientes de algún tipo de violencia. Escuchar sus relatos en la que predominan emociones como el dolor, la ira, el miedo, la frustración me llenan de indignación y al mismo tiempo motivan mi labor desde la solidaridad y las ganas de contribuir al cambio.

En los últimos años entrevistando a cientos de personas migrantes que han estado expuestos a situaciones de violencia que afectan la salud, me he percatado que la salud mental es el aspecto más olvidado no solo por ellos mismos, sino por toda la política pública y en los programas gubernamentales que dicen estar orientados a la protección de sus derechos.

Si consideramos que la salud mental es entendida como “el estado de bienestar en el que la persona es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”, ¿por qué es uno de los aspectos al que menos se le presta atención?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 10 de octubre como el Día Internacional de la Salud Mental y este año está dedicado principalmente a los jóvenes. Hay datos que la propia OMS señala, en las que destaca que las enfermedades mentales aparecen antes de los 14 años, por lo que la prevención a edades tempranas debe ser una prioridad, pero ¿cómo lograrlo cuando muchas de las causas a las que está asociada la migración es la violencia, afectando a adultos, jóvenes, niños y niñas?

Miles de personas salen cada día de sus lugares de origen entre ellas familias completas, niños, niñas y adolescentes incluso sin acompañar. Recuerdo en una ocasión a una mujer que junto con su hija huyeron de El Salvador por la violencia que vivía con su esposo; estaba detenida en la estación migratoria en Palenque, Chiapas y con horror me contaba que no quería volver a casa. Cuando le explicaba la posibilidad de solicitar el reconocimiento de la condición de refugiada, me abrazó y dijo gracias marchándose con una pequeña dosis de esperanza de no tener que volver a enfrentar los golpes y amenazas de su esposo, protegiendo a su pequeña hija.

 

 

* Carolina Carreño Nigenda es Coordinadora de Atención y Servicios de Sin Fronteras (@Sinfronteras_1).

 

El título del presente texto replica el nombre del Plan de Acción sobre salud mental 2015 – 2020. Organización Panamericana de la Salud. Organización Mundial de la Salud.

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