2017, un año violento

Desde hace unos meses y años ha cambiado la ruta principal de trasiego de droga, ahora tiene nuevos polos estratégicos de logística lo que ha modificado la geografía de la violencia en el país.

Llegué a San José del Cabo alejándome de los tumultos navideños de Ciudad de México, y me vine a topar con la violencia que azota al país. Acá, apenas hace un par de días, en este bello poblado costero-desértico amanecieron con seis colgados en varios puentes: cuatro cuerpos en dos puentes en Los Cabos y dos más en el puente que lleva al aeropuerto de La Paz. Nunca antes en la historia de la Baja California Sur había sucedido algo así. Para este territorio peninsular este ha sido el año más sangriento de su historia.

La ola de violencia en Baja California Sur quizá empezó el 10 de mayo de 2012 –lo recuerdo bien porque casi me toca de cerca–. Ese día acribillaron a una persona en uno de los restaurantes más concurridos del malecón paceño, a plena luz del día festejando el día de la madre. De ahí en adelante van siete años de crecimiento exponencial de la violencia en el estado y todavía nadie puede ofrecer una explicación convincente de este fenómeno. Todas las autoridades repiten las mismas frases: “es una ajuste de cuentas. Se trata de bandas de narcomenudeo rivales”. De ahí no salen…

En 2017, octubre fue el mes más sangriento con un total de 143 victimas de homicidio doloso, le siguió noviembre con una ligera mejoría, tan solo fueron 114 muertos; sin embargo, la tasa de homicidios de Baja California Sur se mantiene como la más alta en todo el país por segundo mes consecutivo y el acumulado del año llega a los 700 homicidios dolosos. Tal parece que la violencia se está arraigando y también empieza a salpicar a los otros municipios menos poblados: Mulegé, Loreto y Comondú.

Quizá vale la pena dejar un momento el conteo sin sentido de homicidios y detenerse un poco a observar algunos patrones en los datos de los últimos meses. En noviembre los cinco estados con tasas de homicidios más altas pertenecen a la costa del Pacífico: Baja California Sur, Baja California, Nayarit, Colima y Guerrero ¿Qué nos dice esto? ¿Por qué vemos un incremento de violencia en la costa occidental del país?

Desde hace un tiempo la violencia se ha concentrado en algunos estados de la costa del Pacífico, desde la zona de Acapulco hasta la frontera, Tijuana, pasando por estados donde no solía haber altas tasas delictivas, como Nayarit, Colima y Baja California Sur. ¿a qué se debe este movimiento? ¿nuevos grupos en disputa o un simple cambio de ruta en el trasiego de drogas?

Sin duda, el fenómeno obedece a varios factores: ajustes y reacomodos entre los principales grupos delictivos que pasan por el debilitamiento del Cartel de Sinaloa y el fortalecimiento del actual grupo dominante, el Cartel Jalisco Nueva Generación. Estos movimientos también han traído un cambio en la geografía de la violencia del país, pues van dejando un rastro de sangre a lo largo de varios territorios y poblaciones, donde antes no se advertía.

No nos engañemos, la violencia en Baja California Sur ya está más allá de la pugna entre grupos de narcomenudeo que rivalizan por el control de colonias y manzanas para vender unas cuantas dosis de cocaína, tachas y mota. Seamos serios. El mercado de narcomenudeo de La Paz no es ni tan cuantioso ni tan importante. El turismo en ese “Puerto de Ilusión” no es tan destrampado como para ser un centro estratégico de venta de drogas en el país. Cualquier antro de Ciudad de México debe dejar más dinero que toda la población adicta de La Paz. No exagero.

El fenómeno extendido en el tiempo de la violencia en Baja California Sur, junto con el rastro de violencia que va de Guerrero a Tijuana, pasando por Colima y Nayarit, pueden estar desdibujando una nueva ruta de trasiego de cantidades considerables de droga (heroína, cocaína, metanfetaminas). Lo que hay es un cambio de ruta de trasiego de droga que está utilizando a la Península de Baja California como una ruta principal para evadir el paso por Sinaloa y Sonora, y ese movimiento es consistente con la baja de violencia en esos dos estados y con el control todavía importante del Cártel de Sinaloa en esos territorios.

Lo que observamos, desde hace unos meses y años, es el cambio de una ruta principal de trasiego de droga que tiene nuevos polos estratégicos de logística y que por lo tanto ha modificado la geografía de la violencia en el país. Esto ha traído cambios en Lázaro Cárdenas, Manzanillo, Tepic, Los Cabos, La Paz, Ensenada y Tijuana. Usualmente la Baja California Sur era un territorio neutral y de descanso de los capos de Sinaloa, hoy ha cobrado importancia para mover droga por tierra, aire y agua, fundamentalmente porque es uno de los territorios menos vigilados de todo el país, por donde es relativamente sencillo mover cualquier cantidad de productos ilícitos: más de 1,600 kilómetros de desierto prácticamente despoblados.  

Con todo esto, la población local está seriamente preocupada y atemorizada por un fenómeno al que no están acostumbrados. Uno de ellos me dice: “lo de los colgados fue terrorismo, quieren amedrentar a la población, al gobierno, a todos. ¿Qué hacemos? ¿A dónde nos vamos? Solo me queda otro país… “.

En fin, solo me resta desearles un feliz y próspero 2018.

 

@rodaxiando

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