AMLO y el debilitamiento de la SEGOB

Entre los cambios que plantea López Obrador al asumir la presidencia se encuentran: el debilitamiento de la SEGOB y la posible reubicación del CISEN a la SSP. Ambos temas requieren de una reflexión concienzuda sobre las funciones de los órganos de inteligencia en un régimen democrático.

En últimos días, el equipo de transición, comandado por el presidente electo ha dado a conocer una serie de reformas y modificaciones a la administración pública que entrarán en vigor en cuanto inicie su mandato. Algunas de ellas son buenas y urgentes medidas, como reducir los onerosos y superfluos gastos de las dependencias; otras no tanto, y quizá habría que someterlas a una reflexión mayor y tomarlas con cautela.

Lo cierto es que el triunfo mayoritario en las urnas inyecta una dosis de adrenalina al equipo ganador que le ofrece una razón superior para encontrar las mejores soluciones a todos los males del país. Y así nos la pasamos reinventando al Estado cada seis años, en esa búsqueda infinita por la solución perfecta a nuestros males.

En esta ocasión quisiera plantear dos temas en concreto: 1) lo que se advierte ya como una reducción y debilitamiento de la Secretaría de Gobernación, y 2) la falta de entendimiento de las funciones y naturaleza del CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y su posible reubicación en la futura Secretaría de Seguridad Pública (aún no sabemos su nombre definitivo). De todas los posibles cambios, éstos dos en particular requieren de una reflexión concienzuda sobre las funciones de los órganos de inteligencia en un régimen democrático.

Casi todo mundo –excepto don Osorio Chong– estamos de acuerdo que fue un gran error garrafal conjuntar las labores de gobierno y de seguridad de dos grandes Secretarías bajo una sola estructura y cabeza. El monstruo burocrático fue ingobernable y pronto empezó a mostrar sus deficiencias. La Secretaría de Gobernación terminó convertida en un laberinto de burócratas imposible de dar coherencia a los miles de temas que ahí se concentran.

La respuesta para resolver este problema es pasar de una mega-Secretaría, con seis Subsecretarías, dos Comisiones (una de ellas particularmente grande), una coordinación, una unidad de asuntos jurídicos, y oficialía mayor, a una mini-Secretaría con tan solo tres Subsecretarías: Gobierno, Derechos Humanos y de Participación Ciudadana, y quizá un par de unidades más. ¿Dónde quedarán los temas religiosos, de población y migración, de enlace legislativo, solo por mencionar algunos? ¿Se irán a concentrar todos ellos en las tres subsecretarías existentes?

En fin, cada gobierno sabe –o pretende saber– lo que le conviene para los próximos seis años y tiene una idea vaga que va aterrizando conforme pasan los meses de la transición. Muchas veces son acuerdos de poder durante la campaña que terminan reflejados en el tamaño y forma de las dependencias. En este caso, la reducción de la Segob me parece un caso sintomático de cómo y dónde se concibe la resolución de ciertos temas clave de la función de gobernar.

Me parece una grave medida el debilitar a la Secretaría de Gobernación, encargada de numerosos asuntos de primera necesidad de este país: desde la atención a los desastres de huracanes, la relación con los partidos políticos, con los Estados y el Congreso, grupos religiosos, organizaciones sociales e indígenas recaen en esa dependencia. Solo el tiempo nos dirá si fue una buena solución.

Asimismo, la reubicación del CISEN es definitivamente un golpe mortal. Se ha comentado que este Centro pasaría de Segob a la futura Secretaría de Seguridad o quizá a depender directamente de la Presidencia. Desconozco cuál será el diseño institucional final, pero no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Funciones vitales para la protección y mantenimiento del Estado Mexicano pasan por el CISEN y muchas de sus funciones apoyan las labores de gobierno interior del país. No todo se reduce a espionaje e intervenciones.

Con la reubicación del Centro se debilita enormemente a la Secretaria para atender temas cruciales de la coyuntura política y los temas de gobernabilidad. El CISEN tiene la misión de “alertar” al Presidente y al Secretario de Gobernación “sobre los riesgos y las amenazas a la Seguridad Nacional”, que deben entenderse para “preservar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado Mexicano, a dar sustento a la gobernabilidad y a fortalecer el Estado de Derecho” (artículo 19 de la Ley de Seguridad Nacional, 2005). Y su diseño institucional busca atender de igual forma al Presidente y al Secretario como encargados de la gobernanza del país. No, aunque nos cueste trabajo sus funciones no son de Seguridad Pública y es importante entender esta diferencia.

Si el problema son las intervenciones a miembros de la sociedad civil, eso se debe regular y castigar a los responsables; si el problema es el seguimiento a los candidatos, hay que en todo caso transparentar y explicar dichos procesos como parte de la protección a los procesos democráticos del país en un contexto de alta inseguridad. Si el problema son los abusos que se han cometido con los instrumentos de inteligencia del Estado, lo que debe hacerse es investigar e ir al fondo de quienes han cometido tales delitos y proceder penalmente. Muchos de estos temas se pueden resolver con una regulación estricta, mayor control sobre sus funciones y procesos, mayores controles democráticos de revisión, pero también es necesario blindar a la comunidad de inteligencia de la tentación del poder y sus abusos.

Finalmente, si el equipo de transición me preguntara sobre la necesidad de transformar al CISEN, mi respuesta es un sí rotundo. Hay muchas cosas que deben ser reformadas, otras fortalecidas y algunas otras eliminadas porque en efecto repiten funciones de otras dependencias y sectores; es quizá necesario hacer una revisión minuciosa de su estructura y funciones, y evolucionar hacia un órgano de inteligencia dentro de una democracia moderna. Es importante blindar al Centro de la tentación del poder y alejarlo lo suficiente.

 

@rodaxiando 

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