Agustín Silva: entre un gobierno pasivo y el dolor

La desaparición del periodista Agustín Silva y el indignante trayecto que hace su familia se cuentan por miles en este país: de acuerdo con cifras oficiales existen 34,674 personas que no aparecen.

Por: Itzia Miravete (@itzia_bixa) y Julio César Colín (@jucecopa)

A las 21:30 horas del domingo 21 de enero, Lucio Silva recibió la última comunicación de su hijo Agustín, periodista, quien aproximadamente tres horas antes salió de su domicilio en Matías Romero, Oaxaca, para entrevistar a una fuente.

Al notar que no regresaba, Lucio le escribió un mensaje para decirle que era tarde, que volviera a casa. Él respondió que ya estaba por volver. Avanzaron las horas y el amanecer llegó, pero Agustín no.

La primera idea que vino a su mente fue la plática que tuvo con él unos días antes. “Yo les dije que no, que me atendría a lo que publiqué en la nota que hice, papá”, cuenta Lucio. La defensa de un grupo de personas detenidas por portación ilegal de armas de alto calibre llamó a Agustín para exigirle que testificara a su favor.

Una semana antes, Agustín acudió a un operativo donde se incautaron armas y se detuvieron a tres personas. Tomó fotografías, escribió la nota y se publicó en El Sol del Istmo, incluso otros medios replicaron la información. Luego vino la llamada con el “supuesto licenciado” como lo llamó Lucio, de los presuntos implicados.

La mañana del 22 de enero, el automóvil de Agustín fue hallado abandonado en Asunción Ixtaltepec, a una hora y media de distancia de Matías Romero. El Sol del Istmo, a quien se le atribuía la propiedad del vehículo, se deslindó del mismo y de tener contrato laboral con el periodista.

Poco se sabe de lo que sucedió posterior a la última comunicación, los días que pasan son dolorosos para la familia. Mientras tanto, sin sustentar de algún modo, la Fiscalía General del Estado de Oaxaca anunció el 27 de enero –6 días después de la desaparició–, que los hechos no tienen relación con el ejercicio periodístico del joven reportero.

https://twitter.com/article19mex/status/958063447115223040

Historias como la de Agustín y el indignante trayecto que hace su familia se cuentan por miles: de acuerdo con cifras oficiales existen 34,674 personas desaparecidas[1]. Sin embargo, además de la gran cantidad de personas desaparecidas, la gravedad también recae en los impactos que las desapariciones generan en el entorno de la persona y en la sociedad en general.

Por un lado, la desaparición de un periodista implica un ataque directo a su libertad de expresión y a nuestro derecho a la información, pues mientras no aparezca es una voz menos que deja de denunciar públicamente otras violaciones a derechos humanos y/o delitos. Con ello el Estado, sea por acción (al desaparecer personas de manera directa) o por omisión (al evitar buscarlas), debilita la democracia de nuestro país, pues mientras menos estén expuestos al escrutinio público, mayores arbitrariedades podrán cometer.

Por el otro, la desaparición de cualquier persona también genera un impacto psicosocial en la víctima directa así como en su entorno; particularmente en las familias. Ellas son las personas que diariamente se enfrentan a amenazas y a la insensibilidad de las autoridades:  a la poca voluntad por hacer su trabajo y/o a la falta de recursos con los que cuentan para garantizarles el retorno de su familiar y sus derechos de acceso a la justicia, a la verdad y a la memoria. Además, las autoridades criminalizan y, por ende, revictimizan a las personas desaparecidas y a sus familiares.

Esto ha orillado a que las familias se manifiesten desde distintas maneras y tomen la búsqueda de personas desaparecidas en sus manos, tal es el caso de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, de “Las Sabuesos” y “Las Rastreadoras” en Sinaloa, o las búsquedas en Veracruz realidas por el Colectivo Solecito o el Colectivo de Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba, entre otros, así como las manifestaciones que realizan distintos colectivos del país el 10 de mayo o la huelga de hambre que mantuvieron madres de todo el país en el mes de enero de este año.

Además, también existe un impacto en términos colectivos, al sumir a la sociedad en un sentimiento de miedo constante por lo que difícilmente una persona que no atraviesa directamente por esta problemática, se atreve a exigirle al Estado que actúe conforme a derecho,haga su trabajo y tome cartas en el asunto.

En ese sentido, el papel pasivo que ha asumido el Estado para encontrar a las personas desaparecidas se torna perverso al evadir la responsabilidad de buscar a las personas a quienes, desde la teoría del pacto social, tiene la obligación de proteger y garantizar seguridad, mientras que por el otro desaparece nuevamente a las personas al negarles esa calidad y reconocer la problemática. Esto, suponiendo que las autoridades no fueron quienes participaron de manera directa en la desaparición, aunque bien sabemos que esto casi nunca es así.

Sin embargo, desde nuestra perspectiva, en días recientes la sociedad por un momento superó esa parálisis al saber que policías de Ciudad de México habían detenido de manera arbitraria y luego desaparecido a un menor de edad que su única acción fue tomarse una foto, Marco Antonio Sánchez Flores. A partir del día que fue evidente algo que ya se decía entre voces- que las policías, entre otros, son quienes nos agreden y desaparecen- decidimos quitarnos la venda de los ojos y de la boca para gritar en las calles y por redes sociales “¡Vivo se lo llevaron, vivo lo queremos!”. Estos días, como el 19s, las y los ciudadanos nos sumamos a una misma causa: exigirle a las autoridades capitalinas que hicieran su trabajo y como consecuencia Marco Antonio regreso con sus papás, no con la salud que tenía ni habiéndoles garantizado una investigación imparcial, pero regresó con vida.

Así, cabe realizar las sigueintes exigencias: al gobierno de Oaxaca, la búsqueda inmediata y aparición con vida del periodista Agustín Silva, así como una investigación imparcial y exhaustiva; al gobierno de Ciudad de México, reparar el daño a Marco Antonio y su familia, y al gobierno federal y los demás estatales, la aparición con vida e investigaciones imparciales para cada una de las personas desaparecidas.

 

*Itzia Miravete y Julio César Colín son integrantes del Programa de Protección y Defensa de @article19mex.

[1]Cifras oficiales registradas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, al 31 de diciembre de 2017. Disponible en: http://secretariadoejecutivo.gob.mx/rnped/consulta-publica.php

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