Informar a las mujeres, transformar vidas

En México hay un discurso dominante según el cual las mujeres ya somos iguales a los hombres y atrás han quedado aquellos tiempos en los que las mujeres fuimos excluidas: ya votamos, ya podemos estudiar, ya podemos trabajar. Para el sector que defiende esta postura, es incomprensible que, muerto el perro, a las mujeres no se nos haya acabado la rabia.

Por: Dominique Amezcua Juárez (@DomAmezcua)

Hace una semana, Artículo 19 tuvo la oportunidad de participar en una conferencia internacional sobre mujeres y acceso a la información, organizada por el Centro Carter[1]. Al evento asistimos alrededor de 90 personas de 30 países para dialogar sobre la importancia de garantizar que todas las mujeres y niñas sobre la faz de la tierra tengan la oportunidad de contar con información, saberes y conocimientos necesarios y suficientes para mejorar su calidad de vida.

Además de la relevancia de las reflexiones que se construyeron en el marco de este encuentro y las potenciales acciones que nacieron del intenso y comprometido trabajo que se realizó durante ambas jornadas, poner sobre la mesa y llevar a la palestra las desigualdades a razón de género en el ejercicio y disfrute del Derecho de Acceso a la Información (DAI) no es para nada menor.

En muchos países, entre ellos México, hay un discurso dominante según el cual las mujeres ya somos iguales a los hombres y tenemos los mismos derechos que ellos. Desde este punto de vista, atrás han quedado aquellos tiempos en los que las mujeres fuimos excluidas: ya votamos, ya podemos estudiar, ya podemos trabajar, la ley lo dice. Para el sector que defiende esta postura, es incomprensible que, muerto el perro, a las mujeres no se nos haya acabado la rabia.

La gravedad de esta lectura generalizadora es justamente que no toma en cuenta las diversidades y multiplicidades que engloba la noción “mujeres” e invisibiliza las asimetrías sociales en las que y desde donde cada una de nosotras podemos o no ser sujetas de derecho. En este sentido, los derechos no son para todas porque no todas podemos acceder y ejercer nuestros derechos.

En múltiples ocasiones, situaciones y contextos, los impedimentos para que las mujeres y las niñas puedan gozar de los beneficios de tener derechos están asociados con los patrones diferenciados de participación asignados a hombres y mujeres en las estructuras socioculturales.

Así, el hecho de que el 67% de las personas que no saben leer ni escribir a nivel global sean mujeres responde a que en muchos lugares del mundo sigue vigente la creencia de que las niñas “no necesitan” ir a la escuela: es mejor que se queden en casa aprendiendo y asumiendo lo doméstico como la parte del mundo que les toca habitar. Aunque la Convención sobre los derechos de la infancia sostenga que todas y todos los niños tienen derecho a la educación, da igual cuando 31 millones de niñas no la pueden leer[2].

Del mismo modo, ahora que internet y las tecnologías de la comunicación y la información nos han vendido la ilusión que todo lo que queremos o precisamos saber está a un click de distancia, que la mayoría de las personas que no tienen acceso a las TIC’s ni posibilidad de conectarse a la red sean – otra vez – mujeres[3] da cuenta de procesos de exclusión en los que, a razón del sexo con el que nacimos, nos toca la peor parte. Somos las más pobres de los pobres, las más marginadas de los marginados, las más desconectadas de los desconectados.

En este escenario, a pesar de que las mujeres somos una colectividad que se vería enormemente beneficiada por las prerrogativas emanadas del derecho de acceso a la información, somos las que menos posibilidades tenemos de exigirlo y ejercerlo. El analfabetismo, el miedo a preguntar, el no saber cómo ni a dónde ir para solicitar información, la falta de tiempo y la cultura paternalista/patriarcal/machista son obstáculos reales para el ejercicio, en igualdad de circunstancias que los hombres, del derecho de acceso a la información por parte de las mujeres.

Esto tiene que cambiar y para ello es indispensable colocar el tema en las agendas locales, nacionales e internacionales. Si bien las enmiendas a las políticas y las leyes son fundamentales para promover el derecho de las mujeres a la información, no son suficientes y resultan ineficaces si no se toman en cuenta ni se comprenden los factores que les impiden ejercer sus derechos, así como los medios para generar entornos locales propicios para garantizarles el goce de los mismos.

Sin acceso a la información las mujeres seguiremos careciendo de un insumo fundamental para cimentar nuestra capacidad de agencia y para consolidar nuestros procesos de empoderamiento. Si bien hoy en día tenemos más preguntas que respuestas sobre cómo hacerlo, este cambio de paradigma se antoja impostergable.

Necesitamos más espacios como el convocado por el Centro Carter, oportunidades para dialogar sobre las particularidades de nuestros entornos y sobre lo que implica ser mujer en tan distintos y distantes contextos con miras a imaginarnos y construirnos mejores realidades. El objetivo no puede ser más que uno solo: Información para todas, ya.

 

* Dominique Amezcua Juárez es Oficial Adjunta del Programa de Derecho a la Información de @article19mex.

 

Referencias:

[1] International Conference on Women and Access to Information Inform Women, Transform Lives, organizada por el Programa Global de Acceso a la información del Centro Carter. El evento tuvo lugar los días 14 y 15 de febrero de 2018, en la ciudad de Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

[2] The Guardian, “Two-thirds of world’s illiterate adults are women, report finds”, 20 de octubre de 2015, disponible aquí.

[3] Centre for International Governance Innovation, “Four Reasons Internet Access Is a Women’s Issue”, 8 de marzo de 2017, disponible aquí.

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