En defensa de una internet neutral e incluyente

Ante los embates de la censura, de los apagones de Internet, del desmantelamiento de la neutralidad de la red, de la violencia hacia las mujeres, de la vigilancia sistemática a periodistas, de los intentos por controlar y reducir la esfera digital de participación, se erigen las resistencias digitales.

Por: Vladimir Cortés (@vladyruzo)

Internet es el espacio de las libertades, la confluencia de un amplio espectro de derechos. Un lienzo binario, descentralizado, que se abre a las ideas, opiniones, discrepancias, afinidades. Una red de redes, de interacciones transcontinentales, complejas y contradictorias. Internet es la manifestación de la cercanía, del entrelazamiento de realidades que reduce distancias y resignifica el tiempo. En internet se desenvuelven las pasiones políticas, el acontecer diario se vuelve meme. El hábitat de hilarantes, tristes, rebeldes y dolorosas historias humanas. Internet es una de las expresiones más sublimes de la revolución tecnológica.

Y por eso, defenderla es revitalizar su “naturaleza mundial y abierta como fuerza impulsora de la aceleración de los progresos hacia el desarrollo en sus distintas formas”. Esta defensa, ha sido también encabezada por organizaciones civiles como R3D, Social Tic, Son Tus Datos, Centro Horizontal y Artículo 19, en el marco del Día Mundial de Internet, para formular una serie de preguntas a los candidatos presidenciales a fin de conocer cuál es su postura sobre temas que afectan a usuarios de Internet.

Sin la libertad de expresión y el derecho a la privacidad, las sociedades democráticas están huecas. E internet es el catalizador de estos derechos. Como dijo Edward Snowden hace unos meses en ocasión de las cien representaciones de la obra de teatro Privacidad, “la privacidad no implica algo que haya que esconder, la privacidad trata de algo que hay que proteger (…) es el derecho a uno mismo (…) el fundamento del cual derivan el resto de nuestros derechos”.

Por ello, la vigilancia ilegal de un gobierno espía, es una vulneración a los derechos humanos. Un freno a la libertad de expresión, la privacidad y el acceso a la información. Una forma de intimidación para que periodistas, activistas y personas defensoras de derechos humanos dejen de hacer su trabajo. La defensa de internet, es la exigencia de justicia, de una investigación independiente con el apoyo de expertos internacionales que coadyuve a la identificación y sanción de los responsables de la vigilancia ilegal.

La defensa de internet también implica garantizar la inclusión de grupos históricamente excluidos. No todas las personas tienen acceso a esta red de redes, a las arcas de la información y el conocimiento, al debate de las ideas, al entretenimiento, en fin, a todo lo que brinda Internet. Más de la mitad de la población mundial, unos cuatro mil millones de personas, continúan sin acceso.

La brecha digital también es de género. De acuerdo a un informe sobre el estado de la banda ancha en el mundo, publicado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de las Naciones Unidas, en 2017, la tasa de penetración mundial de Internet se situaba en un 50,9% para los hombres frente a un 44,9% para las mujeres. Y frente a la desigualdad imperante, “colectivas, activistas feministas, mujeres creadoras, defensoras se están apropiando del espacio digital de formas creativas: hacen publicaciones en redes sociales, construyen redes de trabajo, buscan datos, programan, ofrecen información sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad”. Internet, también es feminista.

Pero el acceso no se trata sólo de instalar una antena en alguna comunidad rural, contar con una computadora o un teléfono inteligente. Supera la dimensión física y tecnológica. “Hay acceso a internet cuando internet sirve como una herramienta para aprender y conocer; cuando como mujeres podemos pagarla; si tiene contenidos que nos interesen y sean relevantes para nosotras; un espacio seguro para compartir y disentir, en comunidad y en nuestro idioma”.

Cuando asumimos que Internet es un derecho humano, como un entramado digital que promueve y protege otros derechos, la transparencia y el acceso a la información se convierten en un mecanismo para que los gobiernos rindan cuentas. Pero sobretodo, para que las personas y comunidades ejerzan un poder para defender su territorio, o para acceder a servicios de salud o de educación. En un contexto de desigualdad, el acceso a internet convierte la información pública en un mecanismo de presión para mejorar las condiciones de vida comunitaria.

Sin embargo, de ser un valioso potenciador de derechos, Internet también aumenta el temor de gobiernos, empresas, crimen organizado y otros intereses. Es un espacio de dominación estratégica y de información fundamental. La censura adquiere otras modalidades, la violencia vertida en las redes sociales contra periodistas y especialmente contra mujeres, la vigilancia ilegal, la remoción de contenidos, la intervención de cuentas de redes sociales, son formas que pretenden cercar la esfera digital. Tampoco se trata de pensar en Internet como un espacio aséptico, pero sí como un lugar seguro para ejercer derechos. Las amenazas son virtaules pero son igual de reales, los efectos de la violencia también impactan sobre el cuerpo.

Para que el flujo de información no tenga filtros, para que la libertad de expresión se ejerza con plenitud y sin discriminación, la neutralidad de la red, también se erige como un bastión de resistencia.   En días recientes, el senado estadounidense, posicionó de nuevo el tema después que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) aprobará a finales de 2017, el desmantelamiento de las medidas aprobadas durante la presidencia de Obama que garantizaban un acceso igualitario a Internet e impedían que las empresas bloquearan, ralentizaran o establecieran controles sobre el flujo de contenidos. Con este paso dado en Estados Unidos, y que en México todavía está pendiente la consulta pública de los lineamientos del IFT sobre neutralidad de la red, Internet se convertiría en una especie de televisión de paga, donde para tener acceso a cierta información o servicios habría que pagar por ello.

Ante los embates de la censura, de los apagones de Internet, del desmantelamiento de la neutralidad de la red, de la violencia hacia las mujeres, de la vigilancia sistemática a periodistas, de los intentos por controlar y reducir la esfera digital de participación, se erigen las resistencias digitales. ¿Por qué debemos defender una internet abierta, neutral, libre e incluyente? Porque debemos seguir preservando un espacio horizontal, sin fronteras ni controles absolutistas, que acoja una diversidad de voces, chocantes, contrastantes, que funja como una herramienta educativa que permita acceder a vastos cúmulos de conocimiento. Porque una Internet de calidad y asequible favorece el desarrollo político, económico, social y cultural de los países.

 

* Vladimir Cortés es Oficial Adjunto del Programa de Derechos Digitales de @article19mex.

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