Una historia de la desaparición forzada en México

Siguiendo el itinerario histórico de la desaparición forzada, cubierto por un manto de impunidad, es posible construir algunas explicaciones sobre la catástrofe social que ahora enfrentamos.

Por: Camilo Vicente y Carlos Dorantes

El pasado 2 de octubre, 50 aniversario de la masacre de 1968 en Tlatelolco, Artículo 19 lanzó la serie minidocumental “Desaparecer en México”. Se trata de una serie de diez videos cortos que buscan contribuir a la historia de la desaparición forzada, desde 1968 y el giro contrainsurgente, pasando por su consolidación como técnica represiva en los años 70, hasta las nuevas formas de la desaparición y su uso extendido en la actualidad.

Esta miniserie usa evidencia documental obtenida de archivos estatales de diferentes dependencias como la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) y la Procuraduría General de la República (PGR). Además explora cómo el Estado, en un principio, utilizó la desaparición forzada como una técnica de contrainsurgencia y, posteriormente, cómo fue adoptada por grupos del crimen organizado y autoridades de todos los niveles de gobierno. Siguiendo el itinerario histórico de la desaparición forzada, cubierto por un manto de impunidad, es posible construir algunas explicaciones sobre la catástrofe social que ahora enfrentamos.

A través del análisis histórico y el trabajo en los “archivos de la represión” pudimos reconocer que la práctica de detención-desaparición ayudó a la configuración autoritaria del Estado mexicano, al menos desde la década de 1940. Sin embargo, esta práctica adquirió sistematicidad y se convirtió en una estrategia de represión después de 1968, como es posible observar en los documentos del Plan Telaraña, diseñado en marzo de 1971 por la SEDENA para anular la influencia y capacidad política del Partido de los Pobres y la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) en Guerrero. Así como en otros planes de operaciones de las dependencias estatales directamente vinculadas en la contrainsurgencia, que formaron grupos especiales para el combate a la disidencia.

Sabemos que desde 1965 se pusieron en marcha el grupo C-047 de contrainteligencia de la DFS, también grupos paramilitares y parapoliciales, como el “Batallón Olimpia” o los “Halcones”; que a lo largo de la década de 1970 fueron creándose nuevos grupos, cada vez más efectivos, hasta alcanzar grados superiores de refinamiento tanto en la estrategia contrainsurgente como en el diseño de técnicas de eliminación y su práctica clandestina: la detención y desaparición forzada de personas. Tres son las principales características de esta técnica represiva: 1) la intención de no dejar huella, la eliminación total, física del enemigo, planificada y aplicada sistemáticamente, 2) la aplicación de la muerte clandestina, como novedad frente a otro tipo de muertes políticas, y la negación constante del acto, y 3) la compartimentación y burocratización del trabajo y sus consecuencia políticas, pues de este método de trabajo, en que cada uno hace su pequeña y metódica labor, no es necesario que se conozca el resulta final; por ello, de esta lógica se derivaran justificaciones y excusas de la más distinta índole, desde la obediencia debida hasta la ingenuidad del archivista, que sólo cataloga fichas.

Dada la importancia de los archivos para conocer parte de la verdad de los hechos, la miniserie también es un preámbulo al lanzamiento de la plataforma Archivos de la Represión –a presentarse a mediados de noviembre–, ya que contiene documentos oficiales de la contrainsurgencia que aloja documentos oficiales, por medio de los cuales se puede observar el ejercicio sistemático de violaciones de derechos humanos en nuestro país. De igual manera, es necesaria la apertura de archivos oficiales vinculados a los casos que están ocurriendo en la actualidad, sólo de este modo podemos reconstruir la historia de lo que ocurrió para evitar su constante repetición.

La desaparición forzada es una forma específica de la violencia de Estado, que se presenta como una estrategia sistemática, planificada y ejecutada desde o al amparo de éste, para la eliminación de aquellos definidos como enemigo político. La desaparición forzada de personas es un acto que pretende negarse a sí mismo: no hay evidencias (no hay presos, no hay marcas corporales, no hay cuerpos, los desaparecedores niegan vehementemente el acto), no hay consecuencias, es el acto perfecto buscado por Macbeth: Si al hacerlo quedara consumado/ lo mejor sería realizarlo sin tardanza./ Si en sus redes pudiera el homicidio/ atrapar la consecuencia y con su cesación/ asegurar el éxito… Si tan sólo este golpe/ fuera ya el todo y el final —aquí, sólo aquí,/ sobre este vado y médano del tiempo,/ pondríamos en riesgo la vida por venir. Pero como a Macbeth, el acto se volverá en contra suya, lo perseguirá hasta el fin, señalándolo permanentemente, acusándolo, en la cordura o en el delirio. La ausencia del desaparecido es ese “residuo” del acto criminal que amenaza y acusa. “Residuo”, “rastro”, “ausencia” y “vacío”, más allá de ser la significación simbólica de la desaparición forzada, se convierten en índice de la violencia experimentada.

 

Para seguir la miniserie podemos encontrarla a nuestro canal de YouTube para ver la miniserie.

 

* Camilo Vicente es historiador especialista en desaparición forzada y violencias de Estado. Carlos Dorantes es Oficial del Programa de Derecho a la Información de @article19mx.

 

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