Los motivos del lobo

En la matanza del Mandalay Bay se soslaya el verdadero problema: la disponibilidad de las armas, la cultura de la violencia y la cobardía de legisladores que no quieren o no pueden hacer nada frente al intenso activismo y cabildeo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

A Adriana Gómez, por la idea

 

Hablamos mucho de motivos, últimamente.

Hablamos mucho de lobos solitarios, últimamente.

Me tendrá que perdonar Rubén Darío por robarle el título de su poema para esta columna. Y me tendrán que perdonar los lobos, que son animales gregarios.

De Stephen Paddock, el autor de la peor matanza cometida en Estados Unidos desde el 11 de septiembre del 2001, se dice que era un lobo solitario y se indagan los motivos.

¿Importan los motivos?

En materia de motivos se suelen explorar temas que tienen que ver con la salud mental. Se objetiva al individuo, ubicándolo en un contexto psiquiátrico, en un diagnóstico. Se busca una explicación que abarque el efecto, aísle la causa, y pase por alto el contexto social y político.

En el caso de la matanza del Mandalay Bay en Las Vegas, y aquí cito un comentario que me hizo mi querida amiga Adriana Gómez y que me llevó a escribir esto, se soslaya el verdadero problema: la disponibilidad de las armas, en especial de armas de asalto; la cultura de la violencia; y la cobardía de legisladores (federales, estatales y municipales) que no quieren o no pueden hacer nada frente al intenso activismo y cabildeo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

Se desvía la discusión, la urgente y necesaria discusión pública, hacia un espacio de falsa seguridad, un paliativo.

Dicen en el Congreso que “no es momento de politizar la tragedia”.

Y entonces, ¿cuándo?

Se disfraza el verdadero debate con homenajes y despliegue mediático enfocado en las víctimas, se exhibe su dolor, su pérdida.

Pero no se habla de justicia, reparación, o remedio por la vía de las leyes. Porque es más fácil mover la fibra emocional, conmover a través de la manipulación, que sacudir y reformar una cultura que alienta, promociona y premia la violencia.

Se oculta la cobardía y mediocridad de políticos republicanos, demócratas e independientes ante el peso y la influencia de la NRA.

Es astuta la NRA. No sólo tiene el dinero para convencer a los políticos de no hacer olas. También maneja un discurso basado en la mitología: la Segunda Enmienda como justificación de la supuesta individualidad del estadounidense, de su carácter libertario, de su excepcionalidad. La NRA, y el aparato político que la sostiene, golpean con la doble arma del dinero y el mensaje, de la influencia y la ideología.

En ese marco, es perfectamente normal que un hombre blanco traslade un auténtico arsenal de alto poder hacia su habitación de hotel. Porque al hotel lo único que le interesa es el dinero que Paddock dejaba, y mucho, en las mesas de las apuestas. Mientras apostase y consumiese, lo demás es secundario.

Y cuando todo se va a la mierda, cuando la calle se vuelve un reguero de sangre y cuerpos, entonces se salta de la normalidad del prólogo a la normalidad del diagnóstico: un loco, cuyos motivos ya se descubrirán. Porque importan los motivos, no el contexto. Porque el lobo es mejor cuando es solitario, que parte de la manada.

Ahora, además, es la novia de Paddock quien va a tener que explicarlo todo. Si puede. Y si no puede, igual se le imputa con alguna tipificación de la complicidad, que al fin y al cabo es una mujer asiática. El hombre blanco, cargado de odio y violencia, ése ya no es imputable porque, primero, está muerto; y porque, segundo, su vida ya es un diagnóstico, un cuadro clínico, y los políticos insistirán en que no debemos perder el tiempo en debates inútiles.

Recientemente el diario británico The Guardian publicó estadísticas aterradoras, obtenidas de la base de datos del Gun Violence Archive: en menos de cinco años, han ocurrido mil 516 matanzas con armas de fuego en Estados Unidos, con un saldo de mil 719 muertos y 6 mil 510 heridos.

Pero no hay problemas, ni deben politizarse. Dicen.

Paddock no es un caso aislado ni mucho menos. Veo muchos lobos solitarios, en este mi país. Está por ejemplo el que vive en la Casa Blanca, y que tiene acceso a armas aún mucho más destructivas. Y que en un acceso de ira puede usarlas, a lo mejor contra Corea del Norte, o Irán, o Venezuela, o México, según sea el motivo o pretexto de su rabia.

¿Motivos?

Es lo de menos. Paddock encarnaba la libertad e individualidad consagradas en la Segunda Enmienda. La Abominación Naranja quiere Hacer Grande a América Otra Vez.

A final de cuentas, el lobo de Gubbia, el lobo del poema de Darío, actuaba como bestia salvaje porque reflejaba la violencia, la ira, el afán de venganza de los humanos que lo rodeaban.

Aquí no puede haber san Franciscos que se pongan a orar, resignados. La única solución posible es dejar los motivos de lado, dar un manotazo en la mesa, y obligar a políticos y medios a un proceso de reformas.

De lo contrario seguiremos escuchando aullidos.

 

@ElGerryChicago

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