El Evangelio según Billy

La nueva moralidad cristiana definida por Billy Graham creó esa imagen prefabricada de la realidad estadounidense suburbana, clase mediera y religiosa. A través de una moral específica y colectiva, redefinió la normalidad que Estados Unidos necesitaba para cimentar su expansión económica, política y militar.

“Los sucesos internacionales están sucediendo muy rápido hoy en día. Tengo la Biblia en una mano, y el periódico en la otra. Y leo casi las mismas palabras en el periódico que en la Biblia. Se cumple cada día en torno nuestro”.

Billy Graham

 

Quien tenga un vínculo profundo con Estados Unidos o bien haya vivido en este país sabrá o tendrá alguna referencia sobre la importancia de Billy Graham, el teólogo y ministro evangélico que murió esta semana a los 99 años de edad. Graham es una figura tan presente e importante en la ideología de la sociedad estadounidense como, de otra manera, lo fueron Kennedy, Obama o Reagan en la política. Fue el gran forjador del conservadurismo religioso y un factor fundamental de cambio en la manera como la religión se relacionó con las grandes masas.

Para entender a Graham, y entender cómo ha influido en la cultura estadounidense, hay que partir de un hecho fundamental. El ministro rompió con la estructura histórica del protestantismo estadounidense, sacando a la religión cristiana de los tradicionales templos episcopales, presbiterianos, metodistas, o bautistas, y poniéndola en la calle, en templos improvisados, en grandes carpas. Democratizó el acceso de la masa a la fe, aún si esa fe estaba sostenida por un endeble armazón teológico. Es decir, a él no le interesaba tanto la discusión teológica o litúrgica, típica de las denominaciones históricas tanto católica como las protestantes, sino el libre ejercicio de la fe de parte de los ciudadanos.

En otras palabras, utilizó un concepto fundamental del protestantismo histórico (la relación personal con la divinidad), pero le agregó fuertes elementos colectivos: la fe, la figura de Cristo, la idea de Dios, quedaban en manos de la gente, no de los ministros, sacerdotes u obispos designados por estructuras de poder.

El cambio generado por el reverendo fue fundamental. Él aparece en el imaginario colectivo tras la Segunda Guerra Mundial, en un momento de profunda confusión, cuando la Guerra Fría se vuelve una realidad global, pero también de grandes cambios sociales y políticos.

Nacido en el seno de una familia sureña, tuvo una formación religiosa no muy distinta a la del estadounidense promedio, que suele saltar con facilidad entre iglesias y denominaciones. Pero desde muy joven sintió una pasión no sólo en torno a su fe, sino por comunicar de una manera eficaz y empática el mensaje religioso.

La Segunda Guerra Mundial, la infancia y adolescencia que vivió entre la Prohibición y la Gran Depresión forjaron en él un sentido profundo de revitalizar la religión pero, sobre todo, de sacar a la fe de escenarios tradicionales y de convocar a la gente, al pueblo llano, a abrazarla más desde un sentido emotivo que teológico.

La nueva moralidad cristiana definida por Graham, que él mismo bautizó como “cruzada”, creó esa imagen prefabricada de la realidad estadounidense suburbana, clase mediera y religiosa. A través de una moral específica y colectiva, redefinió la normalidad que Estados Unidos necesitaba para cimentar su expansión económica, política y militar.

Muchos otros líderes religiosos intentaron lo que sólo esta figura histórica consiguió. Graham tuvo la inteligencia y la clarividencia de entender el poder de los medios para conseguirlo y masificar su discurso. Usó radio y televisión para llegar a todas partes y su mensaje resonó de tal manera que pronto se hizo global. Sólo Juan Pablo II, mucho tiempo después, logró el mismo impacto mediático.

La influencia de Graham le llevó a ser un asesor especial y de mucho peso para varios presidentes de los Estados Unidos, desde los liberales Carter y Johnson, a los conservadores Reagan y Bush. De muchas maneras era el fiel de la balanza moral y un referente para una ética política y cristiana de alcance nacional.

No digo aquí que sea Graham el responsable del extremismo religioso que se apoderó de Estados Unidos en particular a partir de los 80’s, con Reagan. Pero la trascendencia que tuvo en la psicología colectiva del estadounidense aún persiste. La idea de la cruzada espiritual, la definición de Estados Unidos como una nación cristiana, la liberalidad que permite el surgimiento constante de nuevos movimientos religiosos, el uso de los medios masivos de comunicación como métodos y puntales del evangelismo y la predicación –todo eso se gestó en su inagotable cerebro.

Es difícil medir aún la continuidad de su mensaje en el momento actual. En sus últimos años, aquejado por varios padecimientos, desapareció de la escena pública. Si fue factor o no en el movimiento religioso que apoyó la candidatura presidencial de Donald Trump es algo que aún debe estudiarse. Lo que sí es cierto es que mucho de lo que vemos ahora, en términos del excepcionalismo cristiano con que se ven los estadounidenses, tiene su origen en los encendidos, vibrantes, y poderosos sermones y escritos de Graham.

@ElGerryChicago

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