María Magdalena y las mujeres en la Iglesia católica

¿Podremos pensar en la posibilidad de que las mujeres empiecen a participar en la toma de decisiones de la Iglesia católica y dejen de tener un rol secundario con relación a los hombres en la misma?

Vi hace unos días María Magdalena, la película de Garth Davis con Rooney Mara y Joaquin Phoenix. Más allá de la apreciación cinematográfica, la actuación y los demás aspectos técnicos de la misma, debo decir que me gustó. Me gustó esta versión de María de Magdala, esa mujer a la que la historia, y la Iglesia católica, han tratado como la “mala mujer” que acompañó a Jesús.

Su vida, la narrada en esta película y la de las versiones no oficiales, es la de muchas mujeres: esos seres a los que se les ubica en el cielo o en el infierno, pero que por alguna razón no pueden ser ubicados en la tierra.  Parece que ha existido un consenso no escrito, pero implícito, de siempre poner adjetivos a las mujeres: o son santas o son putas, pero no pueden ser simplemente seres humanos, mujeres. Se les ha visto a partir de esos lentes, pero difícilmente se les ha observado en función de si mismas, de su propia historia, desafíos, narrativas, circunstancias. María Magdalena es un claro ejemplo de ello, y la película lo expresa con bastante claridad y se entiende la razón -entre otras cosas los celos de Pedro, San Pedro- como origen de la invisibilización de esta mujer o su visualización y marginación como prostituta arrepentida.

Esto me llevó  a pensar en el papel de las mujeres en la Iglesia católica en el mundo y en el decreto del Vaticano del 2016 en el que se le reconoció como “apóstola de los apóstoles”. La decisión se inscribe, dice el texto,  “en el contexto eclesial actual, que requiere una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina”.

¿Significará esto un paso, lento, muy lento, pero un paso al fin, hacia la apertura de la Iglesia respecto al papel de la mujer? ¿Podremos pensar en la posibilidad de que las mujeres empiecen a participar en la toma de decisiones de la Iglesia católica y dejen de tener un rol secundario con relación a los hombres en la misma?

Las cifras son claras. El Anuario Pontificio 2017  y el Annuarium Statisticum Ecclesiae 2015 señalan lo siguiente:

  • El número de católicos bautizados ha aumentado a nivel planetario, pasando de 1.272 millones en 2014 a 1.285 millones en 2015, con un aumento relativo del 1%. Esto equivale al 17,7% de la población total.
  • En Africa ha habido un aumento de 19.4%, América de 6.7% y Asia de 9.1%.
  • En Asia hay 3.2 católicos por cada 100 habitantes, frente a América en donde hay 63.7.
  • En América se encuentran el 49% de los católicos bautizados. Brasil y México ocupan el primero y segundo lugar respectivamente entre los 10 países con más católicos bautizados en el mundo.

¿Y las mujeres? Las estadísticas hablan de las religiosas profesas y señalan que en 2015 superaron en un 61% el número de sacerdotes de todo el planeta y se encuentran en descenso. A nivel mundial, pasan  de 721.935 en 2010 a 670.320 en 2015, lo cual representa una disminución relativa del 7,1%. Con todo y esta disminución, las cifras indican que la Iglesia católica es principalmente femenina en sus cuadros y sólo los hombres participan en la toma de decisiones del gobierno eclesial.

Hay otros hechos que resultan significativos respecto al lugar que se le ha dado a la mujer y no estoy diciendo nada nuevo. En 2012 la prensa daba cuenta de la entrada de Hildegarda de Bingen al Club de los Doctores de la Iglesia. De los 36 doctores de la Iglesia, sólo cuatro son mujeres: Teresa de Ávila, Catalina de Siena,  Teresita de Lisieux e Hildegarda de Bingen.

Señalan expertos, como Roberto Blancarte, que las mujeres en ella son miembros de segunda, supeditadas completamente a las decisiones de los hombres. “En el mejor de los casos son vistas como complemento de ellos, en el peor, como sus sirvientas.”

Más allá de tratarse de una institución religiosa, la Iglesia católica es una institución politica. Sabe, conoce y participa en y del poder. Dos mil años de historia dan cuenta de ello. Es justamente en este contexto que me parece interesante el reconocimiento de María Magdalena como apóstola.

En el mundo en el que vivimos, otras religiones están creciendo y dando respuesta a las necesidades espirituales y religiosas del ser humano. En un par de décadas es posible que el Islam y el Cristianismo tengan un número casi igual de feligreses. De acuerdo con el Pew Research Center, en los próximos 20 años habrán nacido más bebés de padres musulmanes que cristianos.

Si la Iglesia católica no quiere perder seguidores y presencia, debe estarse replanteando qué va a hacer con las mujeres y cómo piensa tratarlas. La Iglesia anglicana acepta a las mujeres como sacerdotes y obispos (¿obispas?). ¿La católica lo hará alguna vez?

Todo parece indicar que las mujeres católicas de Brasil, México, Filipinas, Estados Unidos, Italia, Francia, Colombia, España, la República Democrática del Congo y Argentina, los 10 países que concentran el 55.9% de los católicos del mundo, jugarán un papel clave (o deberían jugar) en el futuro del catolicismo. El Vaticano, quiero imaginar, estará considerando cómo incorporarlas a la toma de decisiones de  la Iglesia para fortalecerse.

Sin diversidad es difícil fomentar la innovación. Gobiernos y empresas en el mundo han reconocido que la incorporación de las mujeres a la toma de decisiones les fortalece, aumenta su productividad y sus posibilidad de participar en un mundo cada vez más complejo. Dicho de otra forma, incluirlas les permite crecer y sobrevivir.

¿Por qué debería ser la Iglesia católica la excepción? Para subsistir hay que cambiar. Sus propias estadísticas señalan que el número de  religiosas profesas está descendiendo y las mujeres somos la mitad de la población mundial.

¿Existen otras opciones? Sin duda. La más clara es no hacer nada y seguir igual. ¿El costo? Perder terreno frente a otros credos.

Ojalá que el 22 de julio, día  de Santa María Magdalena, no sea sólo una fecha para rezarle, sino el día que recuerde que la Iglesia católica inició su propia transformación y cambió su relación con las mujeres.

Amén.

 

@LaClau

 

Close
Comentarios