El día después

¿Cómo me gustaría amanecer el 2 de julio? Tranquila, con la certeza de que los resultados fueron producto de una decisión mayoritaria y sabiendo que habrán disgustos y alegrías en paralelo, pero que existe el consenso común de que fueron los resultados de un proceso democrático y creíble.

Cada día me preocupa el 2 de julio mucho más que el día 1o.

Gane quien gane, el país estará dividido, enojado, asustado y con la violencia a flor de piel. Algunos con un discurso trinunfalista, otros con un discurso revanchista. No es una manera deseable de empezar la convivencia poselectoral.

La verdad es que en este momento tengo más preguntas que respuestas y creo que como ciudadanas y ciudadanos deberíamos compartirlas, plantearlas, dialogarlas y tratar de responderlas con la cabeza lo más fría posible. Escuchando, no pontificando; discutiendo, no imponiendo; debatiendo ideas, no prejuicios. Suena fácil, resulta difícil en un país al que le cuesta dialogar y no está acostumbrado a plantear propuestas, sino creencias y prejuicios.

En un mundo ideal, ¿cómo me gustaría amanecer el 2 de julio? Tranquila. Sobre todo tranquila, con la certeza de que los resultados fueron producto de una decisión mayoritaria y sabiendo que habrán disgustos y alegrías en paralelo, pero que existe el consenso común de que fueron los resultados de un proceso democrático y creíble.

Pero eso sería en el México ideal del 2 de julio del 2018.

La realidad es que veo ese escenario poco factible.

¿Por qué? Porque encuentro poca disposición a la convivencia respetuosa hacia el otro, la otra, hacia la diversidad de puntos de vista, decisiones, opciones y realidades.

Encuentro a una sociedad multicolor, dividida y sin embargo, unida en la intolerancia.

Leo y escucho posiciones y discursos irreconciliables entre los contendientes.

Leo y escucho discursos binarios y con una doble vara entre sus respectivos correligionarios y seguidores.

Las propuestas cuentan poco, cuenta más la capacidad para victimizarse, convencer de que se va ganando, de que se es impoluto, libre de mancha alguna de corrupción, que se es mejor que quien está del otro lado. “Ahora si vamos a vivir un cambio verdadero, ya sea por voluntad y personalismo, o porque ahora si vamos a hacer que cambie lo que no ha cambiado en los últimos años.”

Si no estás conmigo, estás en mi contra.

Escucho a una sociedad con los oídos tapados, que sólo escucha, o sólo quiere escuchar, el eco de sus propias palabras y certezas y que no se da cuenta de que le están diciendo cosas. Monólogos paralelos.

Se está en medio de una contienda política y desde todos los rincones se escuchan rezos laicos, pero rezos al fin, cada uno con su credo y respectivos actos de fé. El país dividido entre buenos y malos, dependiendo a quien le vayas.

Dedos acusadores señalando a los demás, sin darse cuenta de que al señalar al otro, a la otra, tres dedos le señalan a si mismo.

Cada bando convencido de poseer la verdad histórica y a demostrar que irle al contrario es no tener sentido de la realidad, vivir en otro planeta, ser ignorante o formar parte de la mafia del poder.

¿Cómo vamos a convivir y a seguir construyendo este país a partir del 2 de julio? No sé quién ganará. Hace tiempo que aprendí a no dar triunfos anticipados y a reconocer que la política y el baseball se parecen: esto no acaba hasta que acaba, diría Yogi Berra. Así va a ser y acabará la contienda el 1o de julio en la noche cuando se den a conocer los resultados de la elección.

La cuestión será seguir conviviendo a partir del día siguiente, y la realidad será la de una sociedad y un país divididos. Quien gane no tendrá la mayoría absoluta y tendrá que gobernar para cada una y cada uno de los mexicanos, los que hubieran votado por él o ella y para los que no.

Cada mujer y cada hombre, en este país tendrá que mirar a los ojos a las personas con las que no concuerda y que votaron por alguien distinto a ellas y a ellos. Ese amanecer será una prueba de fuego para el país, para las instituciones, para la sociedad y para cada individuo.

¿Cómo vamos a responder al triunfo y al fracaso de las opciones? Vivimos en democracia, alguien ganará y alguien perderá.

¿Cómo vamos a transformar el odio, la frustración, el triunfalismo en esperanza, paz, justicia y convivencia en diversidad e igualdad?

Vamos a tener que vernos las caras unas a otros y al revés, vamos a seguir yendo a trabajar, a llevar a nuestros hijos a la escuela, seguiremos compartiendo vías de comunicación permanentemente congestionadas, seguiremos yendo al supermercado y haciendo nuestra vida. El gobierno en funciones tendrá un papel que jugar, el equipo de transición, cada persona en este país y cada sector también: los medios, la academia, el sector empresarial, la sociedad civil, las y los jóvenes. La sociedad, punto.

El verdadero reto empieza a partir del día siguiente. “Ir a votar y ya” no es suficiente. Nadie podrá imponer nada sobre nadie, porque si algo ha dejado claro este proceso electoral es que las y los mexicanos queremos un cambio, pero divergimos en los medios para alcanzarlo.

Tal vez si entendemos que la realidad será compartida a partir de ese día podamos empezar a vernos desde hoy con una mirada distinta. No se trata de estar todas y todos de acuerdo, no es lo que se busca. Hoy por hoy nadie puede imponer verdades, realidades ni credos sobre nadie más, pero tendremos que convivir, nos guste o no.

Tal vez si hoy empezamos a respetar las diferencias, cambiamos los adjetivos por sustantivos, dejamos a un lado los insultos y aprendemos a escuchar en lugar de gritar, si reconocemos que somos diferentes y que tenemos puntos de vista opuestos o diametralmente divergentes, tal vez, podamos rescatar el espíritu que descubrimos el 19 de septiembre: que a pesar de las diferencias podemos apostar por este país.

 

@LaClau

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