Manual de política exterior feminista

El Manual de política exterior feminista creado por Suecia, sería de gran ayuda para un país como México en donde la igualdad de género se sigue considerando un “asunto de mujeres”, y donde el feminismo es visto como una cuestión exclusiva de mujeres cuando lo que busca es la igualdad.

En octubre del 2014 Suecia hizo historia dando a conocer al mundo que su país seguiría una política exterior feminista como respuesta a la discriminación y marginación que viven millones de niñas y mujeres en el planeta. ¿Esto que significaba? Que la transversalización de la perspectiva de género se aplicaría a toda su agenda de política exterior.

Hoy, cuatro años después, el Ministerio de Asuntos Exteriores sueco publica el Manual de política exterior feminista que recoge no solo las mejores prácticas y la metodología a través de la cual se instrumentó, sino  las experiencias aprendidas y desarrolladas a lo largo de este período. Se reconoce que el punto de partida es que la igualdad de género es un objetivo en si misma, pero también una pieza central para que el gobierno pueda alcanzar sus demás objetivos: paz, seguridad y desarrollo sostenible.

Se trata de un documento valioso en sí mismo, histórico y que inevitablemente ha de convertirse en el referente obligado para que otros países sigan su camino. Más allá del contenido, quisiera dejar aquí algunas reflexiones sobre el mismo.

Resulta curioso que hablar de “política exterior feminista” resulte atípico en este mundo, en este tiempo y ante la realidad que vivimos. Si consideramos que  la política exterior es el “conjunto de  decisiones públicas que toma el gobierno de un Estado en función de los intereses nacionales y en relación con los demás actores del sistema internacional de un país”  y que responde a una suma de factores que van de la geografía, la economía, la población, la historia y los intereses nacionales hasta la geopolítica y la historia, no resulta sorprendente que sea Suecia el país que la ha promovido y cristalizado. Es una país cuya cultura política es igualitaria y ha dado grandes avances en materia de igualdad sustantiva. La igualdad y el respeto a la diversidad no son la excepción, son la norma.

Lo que debería sorprendernos es que en el mundo la igualdad de género siga siendo la excepción y que siga considerándose un “asunto de mujeres”, como si el desarrollo y la igualdad no tuviesen nada que ver con los hombres y no beneficiase a la población en su conjunto.  Debería sorprendernos que a las mujeres se les siga tratando como minoría vulnerable (cuando lo que las vulnera son las condiciones en las que viven y se desarrollan, no son vulnerables por su condición de mujeres) y que aunque seamos  mayoría en países como México (51%) no solo nos pensemos como minoría sino que nuestra presencia no esté representada en la toma de decisiones de manera proporcional. (Felizmente, el congreso paritario que tenemos actualmente ha roto la regla de excepcionalidad y fue gracias a la reforma electoral del 2014. Las acciones afirmativas si importan y mucho, para emparejar el suelo.)

Debería sorprendernos que el feminismo siga siendo considerado como una cuestión exclusiva de mujeres cuando lo que busca es la igualdad, y ésta genera una espiral de beneficios para todas las personas en la sociedad, no sólo las mujeres. Un mundo constituido por países a los que les urge el desarrollo, la inclusión y la igualdad debería considerar seriamente replantear sus herramientas de interacción y la política exterior es una de ellas. Un mundo en el que las mujeres representan el 49.6% de la población total ( 3 645 600 000 mujeres de 7 350 000 000 personas) debería pensar en tomarlas en cuenta.

Transversalizar la perspectiva de género en la política internacional y en la política exterior de los países debería ser el objetivo de todos si lo que se busca es  alcanzar el desarrollo y promover el bienestar y la igualdad en las sociedades.  Implicaría un reconocimiento explícito de que las decisiones que se han tomado hasta el momento no han solucionado los problemas centrales de la agenda internacional y que tomar decisiones que excluyen en el proceso a la mitad de la población no es el camino para obtener los resultados esperados. El no aceptarlo habla mucho de las sociedades y la cultura subyacente de los países en los que la invisibilización de las mujeres sigue siendo la regla, aunque en el discurso político se diga lo contrario. Hablar de igualdad de género se ha puesto de moda, aunque quienes hablen de ello usen lenguaje excluyente, no entiendan de lo que están hablando, sigan pensando que están haciendo un favor a las mujeres y organicen eventos para hablar de políticas publicas que afectan a las  mujeres en los que sólo hay hombres.

Si la politica exterior es una manera de “extender” los intereses nacionales más allá de las fronteras, los países en los que la exclusión, la violencia hacia las mujeres y la desigualdad son la constante difícilmente entenderán la necesidad de promover la inclusión, la igualdad  y la paz a nivel internacional.

El Manual de Política Exterior Feminista de Suecia señala que las acciones en la materia están sustentada en datos, estadísticas y en la realidad que las niñas y las mujeres viven diariamente y que si a través de las políticas y acciones que se toman se transforma su vida, la política tendrá sentido. Si las decisiones no sirven para ello, no tienen razón de ser.

Lo que no se cuenta y no se dice, es como si no existiera. Si la realidad de las mujeres no se cuenta (como narrativa y con base en estadísticas) y no se hace visible, si no se considera de manera transversal en todas las decisiones  y políticas, si no se abren caminos para una mayor participación de las mujeres en todas las áreas de toma de decisiones, el mundo seguirá igual. Absurdo esperar resultados diferentes haciendo las mismas cosas.

Hoy Suecia nos muestra que es posible cambiar el mundo y que hay formas de hacerlo. Hacen falta voluntad y compromiso para lograrlo y traducirlo en acciones, políticas y presupuesto que lo sustenten.

 

@LaClau

 

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