¿Hay evidencia de avances en materia educativa?

No nos debe espantar que aún no estamos donde queremos estar. La evaluación y el ajuste son partes imprescindibles de cualquier proceso de transformación educativa, siempre con el fin de progresar. El riesgo está en hacer esos ajustes sin evidencia. Con el ICRE, ofrecemos evidencia para medir nuestro progreso, al mismo tiempo que invita a la precisión para seguir hacia adelante.

Por: Jennifer O’Donoghue (@jennodjod) y Paola González-Rubio (@paigrn_)

 

Como derecho humano, un aspecto clave del derecho a la educación es la progresividad; la obligación del Estado de generar en cada momento una mayor y mejor protección y garantía de los derechos humanos, de manera que siempre veamos avance y bajo ninguna justificación retroceso.

En Mexicanos Primero, resumimos el principio de la progresividad del derecho a aprender en una frase: cada vez más y cada vez mejor. Cada vez más niñas y niños en la escuela y cada vez mejor su participación en ella; cada vez más aprendizaje y cada vez una mejor experiencia para desarrollarlo; cada vez más apoyos para las y los maestros y cada vez mejores condiciones en las escuelas; cada vez más participación de las familias y cada vez mejor liderazgo en la escuela; cada vez más espacios de colaboración y cada vez mejor acompañamiento desde la red de apoyo; cada vez más recursos para la educación y cada vez mejor uso de ellos.

En 2016, desarrollamos el Índice de Cumplimiento de la Responsabilidad Educativa (ICRE) para visibilizar y medir este progreso en la garantía del derecho a aprender de todas las niñas, niños y jóvenes en México. Es una herramienta para entender de dónde venimos, cómo estamos, y hacia dónde debemos ir.

El ICRE cuenta una historia en dos partes. Primero, hace referencia a los resultados educativos logrados para decirnos qué tan incluyente es nuestro sistema educativo. Segundo, reconoce que lograr los resultados que queremos requiere de políticas, estrategias y acciones específicas que generan condiciones educativas adecuadas en el presente. En este sentido, visibiliza no sólo qué se ha hecho en el estado en el pasado, sino también qué hace el gobierno actual para orientar el sistema educativo hacia el desarrollo de escuelas incluyentes donde todas y todos puedan estar, aprender y participar.

El ICRE 2018, publicado hace unas semanas, es la segunda edición de este índice. Tener ya dos ediciones del índice nos permite empezar a identificar movimientos – progreso o retroceso – en los indicadores y en los estados durante los últimos dos años.

Y ¿qué nos dice el ICRE 2018 sobre el progreso en el cumplimiento de la responsabilidad educativa en México?

En primer lugar, el ICRE muestra que como país vamos avanzando. En más de la mitad de los indicadores, vemos un avance positivo en lo global desde el ICRE 2016. Logramos incluir a más jóvenes en la escuela: en 2016, solo 7 estados obtuvieron una calificación de 8 a 10 en permanencia; para 2018, 7 más ya han logrado este nivel, siendo ahora, 14 estados en total (ver Gráfica 1). Veintinueve estados han logrado que un porcentaje mayor de sus normalistas tengan resultados idóneos en los concursos de ingreso, y en 30 estados, un porcentaje mayor de escuelas cuenta con un director escolar de tiempo completo, paso necesario para desarrollar un liderazgo efectivo.

Gráfica 1. Estados con calificación de 8-10 en permanencia (2016-2018)

Aun en algunos de los estados con contextos políticos más complejos, hay prácticas que están rindiendo frutos. Por ejemplo, Oaxaca es el estado que más ha avanzado en la idoneidad docente; Michoacán lidera en mejoras en la permanencia; y Guerrero demuestra uno de los avances más importantes en incorporar a niños en preescolar desde los 3 años de edad.

Segundo, a pesar de que con frecuencia se dice que en el corto plazo no pueden haber cambios importantes en resultados educativos, el ICRE 2018 nos enseña que en algunos estados del país hay un progreso notorio desde 2016 hacia garantizar que todas y todos estén en la escuela y aprendan en ella, la doble inclusión.

La Gráfica 1 nos ayuda a visualizar mejor los movimientos en los resultados educativos desde 2016. La meta es siempre ir en la diagonal hacia la derecha superior y los 9 estados que aparecen nos dan un gran ejemplo de que sí se puede. Todos han logrado no sólo mantener a más jóvenes en la escuela, sino también que se aprenda cada vez más en ella.

Gráfica 2. Estados que avanzan hacia la doble inclusión (2016-2018)

Tercero, el ICRE resalta que el progreso (o retroceso) en la educación no se explica solamente por la política pública nacional ni por el contexto socioeconómico. Depende de las decisiones y acciones tomadas en cada estado, dentro de un contexto específico y de acuerdo a un marco normativo nacional. Desde el ICRE es posible identificar cuatro grupos de estados: 1) los que demuestran un progreso destacado; 2) los que están estancados, donde no se aprecia un movimiento global importante; 3) los que ocupan los primeros lugares, pero que están en riesgo de caerse porque no progresan; y 4) los que se encuentran en pleno retroceso (ver Gráfica 3).

Gráfica 3. Progreso en la responsabilidad educativa en los estados, 2016 a 2018

Cuarto, el ICRE 2018 también nos demuestra que a pesar de haber progresado, todavía no estamos dónde necesitamos estar. Ningún estado cumple plenamente con su responsabilidad educativa, en ningún estado se garantiza hoy en día el derecho de todas las niñas, niños y jóvenes a estar, aprender y participar en la escuela. Sólo 10 estados se acercan al cumplimiento y 22 estados están lejos todavía (ver Gráfica 4).

Gráfica 4. Calificaciones de los estados en el ICRE 2018

Entonces tenemos que ir por más. Progresar implica focalizar y ajustar. De acuerdo al ICRE 2018, nuestro principal desafío está en apoyar a las personas, los principales agentes de cambio para la transformación educativa a nivel escuela. Por ejemplo, a nivel nacional, menos de uno de cada tres niños llega a la educación preescolar a los 3 años; sólo 1.4% de los maestros participaron en formación continua; y menos de la mitad de las escuelas tienen una participación activa de las familias. Tampoco se están fomentando las relaciones de aprendizaje en las escuelas ni se garantiza un acompañamiento adecuado a las mismas desde la red de apoyo. Por ejemplo, sólo uno de cada dos niños que experimentan barreras para el aprendizaje y la participación, recibe el apoyo debido; en la mitad de las supervisiones, el número de escuelas supera la capacidad de los supervisores y asesores técnico pedagógicos de dar un acompañamiento adecuado; y no podemos afirmar si la tutoría – el derecho que tiene todos los docentes de nuevo ingreso de contar con el apoyo de un docente experimentado – se garantiza, ya que 19 estados no proporcionaron información adecuada para medirla.

Estos son los focos rojos que tenemos que atender con urgencia para que cada escuela pueda ser un mecanismo para la promoción del derecho a aprender.

No nos debe espantar que aún no estamos donde queremos estar. La evaluación y el ajuste son partes imprescindibles de cualquier proceso de transformación educativa, siempre con el fin de progresar. El riesgo está en hacer esos ajustes sin evidencia. Con el ICRE, ofrecemos evidencia para medir nuestro progreso, al mismo tiempo que invita a la precisión para seguir hacia adelante.

En nuestro proyecto social, que es la educación, el ICRE es una herramienta ciudadana para focalizar nuestras exigencias hacia las autoridades educativas así como orientar nuestra participación para que juntos hagamos cada vez más y lo hagamos cada vez mejor.

Te invitamos a revisar el ICRE 2018 en la página de Mexicanos Primero icre.mexicanosprimero.org y a tomar acción para que se sigan impulsando acciones y políticas públicas enfocadas a garantizar que cada niña, niño y joven esté, aprenda y participe en la escuela.

 

* Jennifer O’Donoghue es Directora de Investigación y Paola González-Rubio es  Investigadora, ambas de @mexicanos1o.

 

Close
Comentarios