Construyamos en el presente el México que queremos en el futuro

Para prevenir la violencia y la delincuencia, fomentar la seguridad ciudadana y fortalecer la cohesión comunitaria hay rutas que funcionan y rutas que no funcionan. Por ejemplo: funciona la inversión para la seguridad, no el gasto por la inseguridad. Funciona la política social, económica, laboral, educativa y cultural, no sólo la fuerza policial y militar.

 

Por: Suhayla Bazbaz (@SuhaylaCCIS)

En el marco de la discusión pública sobre la política de Estado por la seguridad y justicia anunciada por el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, y sobre las Bases del Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, sirvan estos apuntes para delinear, en primer lugar, qué considero que queremos lograr, cómo podemos lograrlo y cómo sabremos que lo habremos logrado como país, y, en segundo lugar, para advertir los retos que vislumbro y que se pueden afrontar y resolver en el corto plazo para asegurar resultados sostenibles en el mediano y en el largo plazo.

¿Qué queremos lograr?

Concibo un objetivo con tres componentes interrelacionados. El primer componente se refiere a la detección y la atención de las causas de la violencia física, sexual, verbal, patrimonial, psicológica, institucional, de género, feminicida, por homofobia y criminal y la reversión de los factores precursores, detonadores y de riesgo que las posibilitan y propician en el ámbito familiar, escolar, laboral y comunitario. Esto es prevenir la violencia y la delincuencia. El segundo componente se refiere a la promoción, protección y respeto de los derechos humanos como el eje del Estado y de sus instituciones y a la ubicación de las personas y de las comunidades como el centro de las políticas públicas. Esto es fomentar la seguridad ciudadana. El tercer componente se refiere a la conducción de un proceso integral a través del cual las personas, grupos, localidades y comunidades alcanzan su máximo potencial. Esto es fortalecer la cohesión comunitaria. Los tres componentes del objetivo se justifican porque sin cohesión comunitaria no hay prevención, sin prevención no hay seguridad y sin cohesión comunitaria no hay seguridad.

¿Cómo lo podemos lograr?

Para prevenir la violencia y la delincuencia, fomentar la seguridad ciudadana y fortalecer la cohesión comunitaria hay rutas que funcionan y rutas que no funcionan. Funcionan los procesos, no los eventos. Funciona la inversión para la seguridad, no el gasto por la inseguridad. Funciona la política social, la política económica, la política laboral, la política educativa, la política cultural, no sólo la fuerza policial y militar. Funciona la presencia del Estado que no deja espacio para que lo suplanten, no su suplantación por algún agente legal o ilegal. Funciona la infraestructura física que abona a la infraestructura comunitaria y el desarrollo urbano que contribuye al desarrollo humano, social y comunitario. Funciona la corresponsabilidad entre los sectores público, privado, civil, académico y mediático, no sólo las políticas gubernamentales. Funciona la participación ciudadana en los asuntos públicos; no sólo la participación de las organizaciones, los consejos, los comités y los observatorios.

Funciona la prevención, atención, contención y reducción de las causas directas e indirectas de la violencia y la delincuencia; no sólo la disminución en los homicidios, robos, secuestros o extorsiones o la detención de mandos medios y bajos de la delincuencia organizada o el decomiso de armas, drogas y dinero. Funciona la atención integral, la intervención temprana y la reparación del daño a las víctimas directas e indirectas. Funciona la generación de opciones de vida no violentas, no la criminalización, estigmatización o discriminación de la infancia, de las juventudes, de las mujeres, de los migrantes. Funciona la determinación de las prioridades desde  las comunidades hacia a las autoridades, desde los municipios y las delegaciones hacia las entidades y hacia la Federación. Funciona lo nacional y no sólo lo federal. Funciona la priorización y la focalización “desde abajo hacia arriba”; no los modelos generales “desde arriba hacia abajo”.

¿Cómo sabremos que lo hemos logrado?

Las discusiones académicas, conceptuales, teóricas y técnicas, y la planeación, ejecución y evaluación de políticas públicas, estrategias, programas y acciones tienen que traducirse en resultados tangibles y en cambios concretos para las personas y para las comunidades. En materia de prevención, cohesión y seguridad los cambios deben ser observables y medibles en la vida cotidiana, tanto por lo que sucede como por lo que no sucede. Habremos sido exitosos como país si las niñas y los niños no desertan la escuela  por violencia en el entorno escolar o por problemas en el desarrollo cognitivo-conductual, y si esas niñas y niños no huyen de su casa porque son agredidos por sus madres, padres, hermanas, hermanos, vecinas o vecinos. Habremos sido exitosos si las juventudes tienen opciones de vida no violentas para satisfacer sus necesidades y sus aspiraciones; si tienen actividades académicas, productivas, artísticas, culturales, sociales o deportivas en su barrio o colonia.

Habremos sido exitosos si la infancia y las juventudes tienen acceso a información objetiva, veraz y oportuna sobre el consumo de mariguana, crack, cocaína, heroína, inhalables, alucinógenos y anfetamínicos, y sobre la salud sexual y reproductiva, las enfermedades de transmisión sexual y los métodos anticonceptivos. Habremos sido exitosos si las mujeres y los hombres tienen relaciones libres de violencia a lo largo de sus vidas. Habremos sido exitosos si las trabajadoras y trabajadores ganan lo mismo por el mismo trabajo y si no sufren acoso o abuso sexual en su centro de trabajo. Habremos sido exitosos si los viajes en transporte público son dignos y seguros. Habremos sido exitosos si las personas no sufren pobreza multidimensional, vulnerabilidad por ingreso o por carencia social. Habremos sido exitosos si cada hogar tiene acceso a una guardería, a una escuela, a una clínica, a un centro de trabajo, a un parque o jardín, a un mercado, a una estación de transporte público y a un centro social, cultural, artístico, deportivo o comunitario en un perímetro caminable.

Habremos sido exitosos si las personas tienen acceso a luz eléctrica, agua entubada, sanitario y drenaje en su vivienda y si no hay viviendas deshabitadas, abandonadas o vandalizadas. Habremos sido exitosos si los cuerpos policiales son líderes en sus colonias y en sus barrios. Habremos sido exitosos si los cambios en el tamaño, densidad y crecimiento de la población en una comunidad son un activo para el desarrollo; si quienes llegan a vivir de fuera del municipio, de la entidad o del país no son señalados como la causa de la violencia y la delincuencia y si poblaciones recientes como poblaciones establecidas tienen acceso equitativo a las políticas, servicios y recursos. Habremos sido exitosos si las personas repatriadas o deportadas encuentran igualdad de oportunidades y de condiciones en sus lugares de origen; si las personas que estuvieron en reclusión se reinsertan en sus pueblos o ciudades y si sus familias no delinquen. Habremos sido exitosos si las personas no dejan de convivir y compartir por miedo a ser víctima del delito, si interactúan con conocidos y con desconocidos, con quienes tienen similitudes y con quienes tienen diferencias. Habremos sido exitosos si todas y todos sienten que pueden ser exactamente quienes quieren ser sin discriminación en el ámbito público o en el ámbito privado. Habremos sido exitosos si disminuye el número y la tasa en los delitos que atentan contra la vida y el patrimonio de las personas en el corto plazo y si disminuye también la violencia y la delincuencia en el mediano y en el largo plazo. Habremos sido exitosos si todas y todos, personas y comunidades, poblaciones y territorios, en lo individual y en lo colectivo, saben y sienten que pueden alcanzar su máximo potencial en México.

¿Qué retos tenemos para lograrlo?

El primer reto que vislumbro para fortalecer la cohesión comunitaria, fomentar la seguridad ciudadana y prevenir la violencia y la delincuencia es la claridad, consistencia y coherencia en los qué, en los cómo y en los para qué y en los por qué. Entre los órdenes de gobierno y Poderes de la Unión. Entre los sectores público, privado, civil, académico y mediático. Entre la ciudadanía y las autoridades, entre sociedad y gobierno. Sin claridad, consistencia y coherencia no podemos alcanzar lo que queremos lograr de la forma en la que podemos lograrlo.

El segundo reto que vislumbro es la capacidad institucional para la acción pública de actores gubernamentales y no gubernamentales. La capacidad institucional radica en la información y conocimiento sobre las características universales, específicas y particulares de las comunidades poblacionales, geográficas y simbólicas; así como en la comprensión y utilización de enfoques, metodologías y herramientas para la planeación estratégica; para el monitoreo, seguimiento y evaluación tanto de la gestión como del impacto; para el análisis de riesgos y para la identificación y reversión de cortos circuitos de la acción pública. Sin capacidad institucional podremos tener casos de éxito y buenas prácticas en algunas localidades pero no tendremos seguridad, prevención y cohesión en el territorio nacional desde el ámbito local.

El tercer reto que vislumbro es la alineación de los tiempos. Si la inercia burocrática o la presión política conducen a decisiones y acciones basadas en buenas intenciones sin una planeación robusta y sólida comprometeremos en las próximas semanas los resultados de las próximas décadas.

 

*Suhayla Bazbaz es Fundadora y Directora General de Cohesión Comunitaria e Innovación Social AC (CCIS) [email protected]

** CCIS desarrolló el enfoque de cohesión comunitaria para México, coordinó la mesa de inclusión social y cohesión comunitaria de la Cumbre Ciudadana, donó -junto con Fundación Este País- la utilización de la base de datos municipales de ECCA 2012 para la selección de demarcaciones del primer y segundo ámbito de intervención del Programa Nacional y asesora a la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana en la ampliación de la capacidad institucional de los actores gubernamentales y no gubernamentales para prevenir la violencia y la delincuencia, fomentar la seguridad ciudadana y fortalecer la cohesión comunitaria.

 

 

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