El papel de México en la resolución del conflicto turco-israelí

El presidente Barak Obama se anotó un “éxito” en su reciente visita al Medio Oriente al cerrar la resolución del conflicto diplomático entre Turquía e Israel, iniciado en mayo de 2010. Y pocos saben que México tuvo un papel crucial en ello.

Por: Marco A. Morales (@marco_morales)

Hace algunos días concluyó la gira de Barack Obama al Medio Oriente con una primera visita a Israel que – entre otros objetivos – buscaba dar oxígeno al proceso de paz entre Israel y Palestina que, para todo fin práctico, lleva varios años congelado y complicándose con el paso de los días. Sin embargo, la gira concluyó con un “éxito” para Obama: una disculpa del Primer Ministro Netanyahu (de Israel) al Primer Ministro (de Turquía) Erdogan por el “incidente” de la llamada “Flotilla de la Libertad” en 2010. Un éxito que elimina un obstáculo importante para reiniciar el proceso de paz en el Medio Oriente.

Pocos en México saben – principalmente porque la política exterior tiene un déficit de interés brutal en la opinión pública – que la mano de la diplomacia mexicana durante nuestra última membresía en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue crucial para que Obama pudiese anotar ese éxito hace unos días.

El conflicto diplomático turco-israelí recién resuelto inició el 31 de mayo de 2010, unas horas antes de que México asumiera la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad de la ONU. En la madrugada de ese día, el buque MV Mavi Marmara de bandera turca fue abordado en altamar por un comando israelí cuando se dirigía a Gaza. Durante la confusión del abordaje, se dispararon armas de fuego y murieron nueve personas.

El Consejo de Seguridad fue convocado a una reunión urgente para determinar una reacción de la comunidad internacional que previniera una escalada de violencia en el Medio Oriente. Luego de más de 12 horas de negociación paralizada, México asumió la presidencia del Consejo y la conducción de las negociaciones que culminarían – unas horas más tarde – en una respuesta del Consejo de Seguridad: una investigación “pronta, imparcial, creíble y transparente” para aclarar el incidente.

El demonio estaba en los detalles: inmediatamente después de que se emitió esta decisión, Estados Unidos aclaró que una investigación israelí cumpliría con estos requisitos. Rápidamente, el entonces Embajador mexicano ante la ONU, Claude Heller, aclaró a nombre del Consejo de Seguridad, que sólo una investigación independiente hecha por un panel nombrado por el Secretario General de la ONU cumpliría con esos requisitos.

Una investigación exclusivamente israelí era inaceptable para Turquía y la Liga Árabe, tanto como una investigación exclusivamente turca era inaceptable para Israel y Estados Unidos. El proceso del paz dependía, pues, de la posibilidad de que ambas partes pudieran “salvar la cara” frente a sus respectivas audiencias.

Durante los siguientes días, el Embajador Heller realizó innumerables gestiones diplomáticas para madurar esta alternativa con el respaldo del Secretario General de la ONU, la Liga Árabe y la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad. Un panel internacional fue nombrado en agosto de 2010. Israel y Turquía establecieron también sus propias comisiones de investigación. La investigación turca culpó a Israel. La investigación israelí a Turquía. El panel independiente, deslindó responsabilidades. La relación diplomática entre Israel y Turquía se degradó y retiraron sus respectivos embajadores.

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¿Por qué es relevante la normalización de las relaciones entre Turquía e Israel? Turquía es un actor importante para el proceso de paz y también para Israel porque es un interlocutor e intermediador con el mundo árabe. Haber alienado a Turquía significó cerrar un canal de comunicación con un país que sirve naturalmente como traductor cultural y diplomático en el Medio Oriente. Restaurar las relaciones turco-israelíes abre un canal de comunicación adicional con Palestina y la oportunidad de moderar las posiciones de los actores más radicales.

En esencia, y en el largo plazo, las gestiones – y las declaraciones – del Embajador Heller fueron cruciales para mantener viva una investigación que diera una alternativa política a Israel y Turquía en curso de colisión diplomática y una posible escalada en el conflicto. Esta alternativa permitió a ambas partes asegurar domésticamente que tomaron las medidas pertinentes, con la ventaja de contar con la red de protección que provee una investigación independiente que justificase mantener la confrontación en el plano diplomático. La tenacidad de la diplomacia mexicana en acción pavimentó, pues, el camino para que el proceso de paz pudiera dar el paso que dio hace unos días.

Este y muchos otros testimonios “tras bambalinas” de nuestro actuar en el Consejo de Seguridad de la ONU (2009-2010) en la pluma de los diplomáticos que ahí participaron, se compilaron en un libro que acaba de publicarse. Muchos de los eventos que ahí se narran tienen repercusiones en la diplomacia global aún hoy y en sucesos que inevitablemente veremos en las noticias de los siguientes meses y años.

Es poco probable que los mexicanos vean en los próximos años a su diplomacia desplegarse tan abiertamente y con logros tan tangibles como en la COP16 en Cancún en 2010, o en el G20 en Los Cabos. Pero eso no significa que nuestra diplomacia no siga actuando con el profesionalismo que la ha caracterizado históricamente, como lo hizo en el Consejo de Seguridad. Cuando se ha disipado el polvo, la diplomacia exitosa – para una potencia media como México – se compone de estos momentos que tienen repercusiones constructivas en las relaciones internacionales globales de alto nivel.

 

* Marco A. Morales es Académico Visitante en el Centro de Estudios México-Estados Unidos en la Universidad de California, San Diego.

 

 

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