La otra batalla de las encuestas

En esta elección intermedia existen elementos nuevos que agregan incertidumbre a las mediciones de intención de voto. En particular, vemos cuando menos tres elementos que debemos entender para poder evaluar el desempeño de las encuestas hasta el 7 de junio. De ahí que consideramos que es importante plantear reflexiones antes de conocer los resultados de la elección. Es decir, fijar preguntas metodológicas para evitar que la discusión se enfoque exclusivamente en “quién le atinó al resultado” o en la “crisis de las encuestas”.

Por: René Bautista y Marco A. Morales

Estamos a unos días de la publicación de la última encuesta preelectoral que permite la ley. Esta elección es diferente a todas las elecciones intermedias que se han vivido en México. Entre otras cosas, es la primera elección organizada a nivel nacional por un mismo organismo electoral y la primera elección en la que participan abiertamente candidatos independientes.

Es imposible que esto no se vea reflejado también en las encuestas preelectorales. La metodología de encuestas es un área multidisciplinaria que se ve obligada a adaptarse a un entorno cambiante, y este ciclo electoral es particularmente interesante. Observamos elementos que representan un reto en la estimación de la intención de voto en una elección intermedia; es decir, una participación electoral baja, poco interés por elegir candidatos a diputados especialmente si son plurinominales, acusaciones de corrupción, campañas políticas transmitidas en medios convencionales como información circulante en redes sociales.

Por si fuera poco, existen otros elementos nuevos que agregan incertidumbre a las mediciones de intención de voto. En particular, vemos cuando menos tres elementos que debemos entender para poder evaluar el desempeño de las encuestas hasta el 7 de junio. De ahí que consideramos que es importante plantear reflexiones antes de conocer los resultados de la elección. Es decir, fijar preguntas metodológicas para evitar que la discusión se enfoque exclusivamente en “quién le atinó al resultado” o en la “crisis de las encuestas”.

i) Los candidatos independientes. Una amplia literatura en metodología de encuestas y en ciencia política nos dice que cuando compiten candidatos bajo el sello de partidos bien conocidos, el elemento principal en la respuesta a la pregunta de intención de voto es el partido político y en el margen –ya sea pequeño o grande– quedan los atributos del candidato.

Lo que no sabemos, al menos en el caso de México, es ¿qué capturan las preguntas de intención de voto cuando compiten candidatos sin partido? ¿Realmente están respondiendo los encuestados con su intención de voto? ¿Están reaccionado a la popularidad del nombre? ¿Están reaccionando a un reconocimiento del apodo del candidato? ¿Están adoptando una esperanza? ¿Están reaccionando hacia un desencanto en la política? Más importante aún, ¿lo registrado por las preguntas electorales se traduce directamente en votos en las urnas? ¿Qué pasa cuando aparece el nombre —y no el apodo— del candidato en la boleta? ¿Dejarán de votar por el candidato?

Si lo vemos así, tal vez no sea tan extraño ver poca consistencia en la intención de voto publicada para elecciones con candidatos independientes fuertes, como en Nuevo León o en Morelia.

ii) Los nuevos partidos políticos. Aunque hay más de uno, pareciera que realmente uno es quien tiene consecuencias electorales en las encuestas: MORENA. No obstante, ¿qué exactamente está capturando la pregunta de intención de voto por MORENA? ¿Es simplemente un reflejo de la popularidad de López Obrador? ¿O mide simplemente la reacción a una nueva “marca” que presuntamente no estaría desgastada? O más interesante aún, ¿se trata de un reacomodo verídico de preferencias del PRD hacia MORENA?

iii) Campañas de voto nulo. La elección intermedia de 2009 demostró que especulamos mucho, pero sabemos poco sobre el efecto de las campañas de voto nulo en las encuestas. El problema no es menor. Generalmente, los encuestadores buscan determinar el grupo de ciudadanos que va a ir a las urnas. Los encuestadores intentan hacer la separación con modelos de “votante probable”. Pero el reto más interesante en esta elección es saber quiénes (de entre quienes van a ir a la casilla), van a anular su voto y cómo lo van a anular (dejándolo en blanco o indicando un candidato no registrado).

Para la mayoría de estas situaciones no existe un precedente claro en México. Por eso es importante plantear estas preguntas e intentar contestarlas con investigación empírica, porque de ellas dependerá que la elección de 2018 pueda ser medida con un mejor entendimiento. En el mejor de los escenarios, esperaríamos que los encuestadores preocupados por mejorar sus métodos estén experimentando ahora para responder estas preguntas. Y por supuesto, será fundamental conocer sus respuestas.

De ahí que la gran pregunta, la relevante, es si después de las elecciones las encuestadoras nos darán elementos para comenzar a contestar estas preguntas y elaborar sobre estas reflexiones. Sólo de esa forma podremos comenzar a entender la posible magnitud de los efectos.

 

* René Bautista es consultor en metodologías de investigación por encuestas en NORC at the University of Chicago. Marco A. Morales es investigador afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)

Close
Comentarios