El bullying institucional

La violencia también se manifiesta cuando un director asegura que por más que habla con sus estudiantes ellas no entienden que si se ponen esas falditas no se pueden quejar de que los docentes les miren las piernas; o cuando una funcionaria evita la difusión de información sobre salud sexual y reproductiva entre las y los estudiantes y "promueve la abstinencia".

El bullying no es la única forma ni manifestación de la violencia en las escuelas. Es posible encontrar a un director que cobra la inscripción, los exámenes ordinarios y extraordinarios, las credenciales, el forro de los libros y hasta la utilización de pelotas de fútbol o básquetbol o beisbol; o a un estudiante que inhala y exhala para que se le pasen las ganas de evacuar porque el baño de su escuela está cerrado y cuando lo abren no tiene puertas, ni agua, ni papel, ni jabón; o salones sin ventanas, ni mesas, ni bancos; o laboratorios sin equipamiento ni utensilios ni elementos; o talleres de carpintería sin sierras, de computación sin computadoras, de costura sin máquinas de coser; o patios como focos de dengue y de chikungunya y rickettsia; o planteles con fugas de agua y gas y sin aires acondicionados donde las temperaturas superan los 35 grados; o una cooperativa que vende a precios prohibitivos aguas frescas con el mismo contenido de azúcar que un refresco y comida alta en grasas y carbohidratos e irritantes; o un consultorio médico donde la doctora no tiene medicinas ni alcohol ni vendas ni curitas para atender a la comunidad educativa.

La violencia también se manifiesta cuando un director asegura que por más que habla con sus estudiantes ellas no entienden que si se ponen esas falditas no se pueden quejar de que los docentes les miren las piernas; o cuando una funcionaria evita la difusión de información sobre salud sexual y reproductiva entre las y los estudiantes y “promueve la abstinencia”; o cuando una prefecta no permite que vayan dos mujeres juntas al baño porque no vaya a ser que se conviertan en lesbianas; o cuando hay estudiantes que son detenidos, extorsionados, golpeados o llevados al tutelar por “andar de vagos” fuera de la escuela con el uniforme; o cuando un trabajador social concluye que una estudiante detenida es consecuencia de que su madre sea soltera y trabaje; o cuando se emiten citatorios en lugar de reportes por faltar a una clase; o cuando una escuela realiza operativos con perros y se revisan mochilas en busca de armas o drogas o brazos y piernas en busca de cortes en la piel; o cuando se obliga a estudiantes con problemas de adicciones a asistir a la procuraduría para recibir tratamiento sin el cual se le impide el regreso a clases; o cuando el receso en una escuela se aprovecha para la compra-venta de drogas ante directivos que lo ignoran porque no sienten la protección del gobierno frente al narco; o cuando se orilla a estudiantes a la deserción escolar o la informalidad o a la ilegalidad laboral con la prohibición del trabajo antes de los 15 años.

Además, la violencia se refleja en la conducta de docentes hacia estudiantes, cuando un docente le grita a un estudiante que si él no estuviera en la escuela no tendrían problema alguno; cuando un prefecto le contesta los golpes a un estudiante; cuando un maestro obliga a sus estudiantes a permanecer de pie y ganarse el derecho a sentarse; cuando hay estudiantes que tienen una o dos o tres horas libres cada día porque sus maestros o maestras no llegan a impartir clases; cuando un maestro imparte clases a estudiantes que no tienen su libro de texto; cuando una maestra ya no se prepara porque espera que aparezca su nombre en la lista de docentes a quienes les toca jubilarse.

O cuando son las y los docentes quienes son violentadas/os. Cuando una directora acosa sexualmente a un maestro y se desquita con sanciones porque no es correspondida; cuando un funcionario presume ante los medios la entrega de cámaras de video vigilancia para una escuela y se las lleva al final del evento; o cuando se atenta contra el derecho a la evaluación de las y los docentes para su ingreso, promoción y permanencia; o cuando una sección sindical que obliga a directivos a cambiar de escuela por no aceptar horarios que afectan el aprendizaje del estudiantado; o cuando una dependencia que retrasa los pagos a docentes durante días y semanas y quincenas y meses, o cuando un colectivo suspende totalmente las labores más de 10 veces en un bimestre por dicho retraso.

La existencia de reglamentos escolares construidos alrededor de suspensiones o expulsiones que no plantean la conducta que sí deberían tener las y los integrantes de la comunidad educativa y que contienen disposiciones discriminatorias y de escuelas sin protocolos sobre cómo reaccionar ante una situación de violencia o de riesgo dentro o fuera del plantel educativo.

Todos estos son ejemplos ilustrativos de una forma de violencia que se manifiesta en las escuelas: la violencia institucional.

Comúnmente unos integrantes de la comunidad educativa transfieren la responsabilidad de la existencia de violencia en el entorno escolar a los demás integrantes de la comunidad. Directivos, prefectos, docentes e intendentes aseguran que hay violencia en las escuelas porque hay violencia en las casas. Madres, padres y cuidadores aseguran que hay violencia en las casas porque hay violencia en las calles. Autoridades aseguran que hay violencia en las calles porque hay violencia en las escuelas y en las casas. Las y los estudiantes aseguran que ellas y ellos no son quienes ejercen la violencia sino quienes la sufren.

La construcción de entornos escolares para la convivencia pacífica y libre de acoso escolar o bullying no será posible si los órdenes de gobierno y poderes de la unión ejercen violencia institucional contra las comunidades educativas, tanto por sus actos como por sus omisiones. Quizás ahora que la SEP y la SEGOB han creado el Grupo de Trabajo para el Fortalecimiento de la Convivencia Escolar veamos que el Estado mexicano -o al menos cada una de las 10 dependencias y entidades de la Administración Pública Federal que lo conforman- asume su responsabilidad en garantizar los derechos a la educación de calidad y a la vida libre de violencia y define una ruta de acción para revertir y erradicar la violencia institucional en las escuelas.

 

*Suhayla Bazbaz Kuri (@SuhaylaCCIS) es fundadora y Directora General de Cohesión Comunitaria e Innovación Social AC y durante el ciclo escolar 2014-2015 ha trabajado en prevenir la violencia escolar mediante el fortalecimiento de la cohesión comunitaria en secundarias públicas.

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