Ni Trump ni Bern

Las elecciones en Estados Unidos no se deciden por el cambio más reciente, sino por las reglas del juego. Vale la pena, pues, recordar algunos puntos cruciales para entender la aritmética electoral detrás de las elecciones estadounidenses.

Por: Marco A. Morales (@marco_morales)

Faltan más de tres meses para conocer la identidad de los candidatos que competirán en la elección presidencial estadounidense. Como cada cuatro años, la subjetividad gana a los analistas y declaran “muerta” la campaña de Hillary Clinton, “imparable” a Bernie Sanders, “invencible” a Jeb Bush y, más recientemente, “inevitable” que Donald Trump gane la presidencia.

Las elecciones en Estados Unidos no se deciden por el cambio más reciente, sino por las reglas del juego. Vale la pena, pues, recordar algunos puntos cruciales para entender la aritmética electoral detrás de las elecciones estadounidenses.

Primero. Las elecciones presidenciales en Estados Unidos no son directas. Durante las elecciones primarias que suceden entre febrero y junio, los votantes eligen delegados que votarán en las convenciones partidistas –que suceden en julio– para elegir al candidato de cada partido. Las reglas en cada estado, típicamente obligan a cada delegado a votar por el candidato que ganó la elección, un distrito, o un porcentaje de los votos en la primera ronda de votación de la convención partidista.

En noviembre, los votantes en la elección general eligen electores que votarán para elegir al Presidente. Por lo tanto, las proporciones de votos en cada primaria son malos indicadores del estado de la contienda. Lo que realmente importa es la aritmética electoral de la que pocos hablan.

Gráfica: Marco Morales
Gráfica: Marco Morales

El estado de las cosas hoy es claro. En el lado Demócrata, Hillary Clinton tiene mucho más de dos tercios (72%) de los delegados que necesita para asegurar la nominación. Esto le da una ventaja de 70% sobre Sanders en el conteo de delegados. Poco menos que imposible remontar la desventaja.

En el lado Republicano, Donald Trump tiene hoy 60% de los delegados que necesitaría para asegurar la nominación. Esto de ninguna forma asegura que será el candidato Republicano. En principio porque los otros tres precandidatos que han acumulado delegados -Cruz, Kasich y Rubio- tienen hoy, en conjunto, más delegados que Trump. Esto importa porque, dadas las reglas tradicionales de la convención, si Trump no tiene obtiene el respaldo de más de la mitad de los delegados en la votación inicial, habrá una segunda vuelta obligada.

En ese momento, la mayoría de los delegados podrán realinearse con cualquier otro precandidato. Aquí es donde puede armarse una coalición ganadora que derrote a Trump y le dé la nominación a Cruz o a alguien más. Esta es la apuesta del aparato Republicano para negar la nominación a Trump. Si bien no es el escenario más probable, tampoco podemos descartarlo porque sigue siendo relativamente posible.

Segundo. Pocas conclusiones relevantes para la elección presidencial pueden obtenerse de los resultados de las encuestas de salida de las elecciones primarias. Los electores que votan en las elecciones primarias no son representativos de quienes votan en la elección general. Quienes votan en las primarias típicamente se identifican fuertemente con un partido y son ideológicamente extremos. En contraste, una parte creciente de los votantes en una elección presidencial, no se identifican con partido alguno y son, esencialmente, de centro. Dicho esto, las tasas de participación en las primarias nos pueden decir algo sobre la capacidad de movilización de las campañas de Sanders y Trump, que han dominado los argumentos de muchos analistas.

Si revisamos las tasas de participación con respecto de la población elegible para votar, como manera de evaluar la movilización de votantes, vemos que comparando las elecciones primarias en 2016 con las de 2008 –la elección más reciente sin un presidente buscando reelegirse– los estadunidenses han votado en tasas promedio similares en ambas elecciones.

Gráfica: Marco Morales.
Gráfica: Marco Morales.

La diferencia, sin embargo, está en los detalles. En promedio, la tasa de participación en las primarias Demócratas ha sido 3% menor que en 2008. Es decir, hay poca evidencia clara de la movilización masiva de Sanders en las primarias. Sin embargo, la tasa de participación en el lado Republicano ha sido 3% mayor que en 2008. Si algo está sucediendo es que hay más interés y movilización en las primarias Republicanas. Posiblemente –aunque es difícil verificarlo– esto pudiera indicar interés entre los Republicanos registrados por Donald Trump.

Tercero. Hay mucha información sobre la elección que seguimos ignorando. Después de más de 40 años de investigación, la estadística ha concluido que la mejor predicción surge de la agregación de predicciones. Los modelos de agregación de predicciones que incorporan encuestas, mercados de predicción, modelos econométricos, predicciones de expertos, etc., han demostrado –en las elecciones en Estados Unidos, al menos– ser mucho más certeros que cualquiera de ellos individualmente.

Al día de hoy, los mejores modelos de agregación (Pollyvote y PredictWise) predicen que Clinton tiene 91% de probabilidad de ser la candidata Demócrata y Trump 80% de ser el candidato Republicano. Predicen también que la (el) candidata(o) Demócrata tiene 71% de probabilidad de ganar la Presidencia y que obtendría 53% del voto nacional.

Faltan aún 7 meses para la elección general, pero esta es la mejor información de que disponemos hasta el momento.

Cuarto. La pregunta en la mente de muchos: ¿Es posible que Trump llegue a la presidencia? Además de los obstáculos arriba mencionados y manteniendo todo lo demás constante, aún si llegara a obtener la nominación Republicana, Trump tendría que atraer a votantes mucho más centristas en un puñado de estados en disputa en la elección general –los llamados swing states. Dado lo que hemos visto hasta ahora, se antoja muy difícil.

Un último punto. El sistema electoral estadunidense fue diseñado precisamente para aislar a la voluntad popular de las urnas. Los founding fathers creían que el populismo era el mal a vencer en el nuevo modelo de gobierno, y diseñaron un sistema para evitar que candidatos como Trump obtuvieran cargos de elección popular. Por eso, en las elecciones estadunidenses (como en el baseball), esto no se acaba hasta que se acaba. Lo demás, tristemente, es política ficción.

 

* Marco A. Morales es Investigador Afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

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