Brexit: ¿inevitable preludio a un “presidente Trump”?

Es cierto que existe una probabilidad alta de que la elección presidencial de Estados Unidos sea más incierta que las elecciones recientes. Pero eso no garantiza, de manera alguna, que Donald Trump sea presidente.

Por: Marco A. Morales (@marco_morales)

Los resultados del referéndum británico (Brexit) del pasado viernes han dado motivo a un número importante de reflexiones en la comentocracia, incluyendo la “inevitabilidad” de Donald Trump. El axioma: los argumentos que motivaron el Brexit son extremadamente similares al discurso nativista de Trump, y constituye la “prueba” de su inevitabilidad. La realidad – afortunada o desafortunadamente – es más compleja. Es cierto que existe una probabilidad alta de que la elección sea más incierta que las elecciones recientes. Pero eso no garantiza, de manera alguna, que Trump sea presidente.

Con la última elección del 14 de junio, terminaron las elecciones primarias que definieron las candidaturas republicana y demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Como era claro desde hacia muchos meses, Clinton obtendría los votos necesarios para la nominación demócrata. Menos claro era que Trump tendría vía libre para la nominación republicana durante los primeros meses de las primarias.

El siguiente paso son las convenciones partidistas que sucederán en la segunda mitad de julio. Una vez nominados formalmente, los candidatos tendrán poco más de tres meses para hacer campaña antes de la elección general de noviembre.

Es importante recordar, sin embargo, que las elecciones en Estados Unidos no son directas. Se ganan en una votación indirecta en el Colegio Electoral donde participan los electores que – en su mayoría – votan por el candidato que ganó más votos en cada estado. Esto tiene un par de consecuencias importantes. Por una parte, ganar la mayoría de los votos a nivel nacional no garantiza ganar la elección. Por la otra, las campañas se concentran principalmente en un puñado de estados donde la elección es realmente competitiva.

Estamos, pues, cerca del inicio formal de las campañas presidenciales en Estados Unidos. En este momento del calendario electoral, ¿es posible saber algo sobre lo que podemos esperar en los siguientes meses? El análisis de los últimos 60 años de elecciones presidenciales en Estados Unidos sugiere algunas constantes.

Sabemos que las encuestas, a partir de este momento, comienzan a capturar la intención de voto del electorado con mayor fidelidad. Una vez que las convenciones nominan a los candidatos, las encuestas comienzan a converger con el resultado final de la elección. Esto sucede, esencialmente, porque las encuestas comienzan a estimar con mayor nitidez la distribución de la identificación partidista entre los votantes.

Sabemos, también, que las campañas importan, porque durante los siguientes meses los votantes conocerán a los candidatos y sus propuestas con mayor detalle. Pero ningún evento – incluyendo los debates presidenciales – tiene tanta influencia en la intención de voto como el arranque de las convenciones.

Todo esto, por supuesto, tiende a suceder en una campaña “normal”; tal como se han observado en los últimos 60 años. Pero ésta podría ser una elección potencialmente incierta por varias razones.

Desde Eisenhower (1952), ninguno de los dos grandes partidos estadunidenses ha competido con un candidato presidencial externo al partido. Esto puede ser relevante en términos del respaldo que los votantes que se identifican como republicanos darían a Trump en las urnas. En otras palabras, ¿contará Trump con la totalidad del voto duro republicano?

En el último medio siglo ningún candidato de los dos grandes partidos estadunidenses ha basado su campaña en una retorica xenófoba y de miedo a un ataque terrorista. Esto puede ser relevante porque de acuerdo con encuestas de salida en las elecciones primarias, la única diferencia entre los votantes republicanos que respaldaron a Bush, Rubio, Cruz o Kasich y los que respaldaron a Trump fue su acuerdo con la xenofobia o con el miedo a un ataque terrorista.

Ciertamente los votantes en una elección primaria no reflejan al electorado general, pero tampoco era claro hace unos meses que tantos votantes tuvieran esta preocupación en mente al votar. Más importante, no queda claro aún si este discurso puede convencer a más votantes en el electorado.

En el lado Demócrata, tampoco es claro el efecto del prolongado enfrentamiento Clinton – Sanders en términos de la consolidación del respaldo de los votantes demócratas a Clinton. Esto es especialmente importante por el efecto de las convenciones en la elección. Si Clinton no logra atraer a la totalidad de los simpatizantes de Sanders antes de que termine la convención, podría entrar en la campaña con un handicap en contra que claramente no necesitaba. Si algo sabemos de 60 años de elecciones presidenciales en Estados Unidos es que, por lo general, el candidato que tiene una ventaja al terminar las convenciones, la mantiene hasta el día de la elección.

Habiendo dicho todo esto, si realmente esta fuese una elección atípica e incierta, ¿hay algo que podamos saber hoy sobre el resultado de la elección en noviembre? Desde hace décadas sabemos que la mejor predicción es la que resulta de la agregación de predicciones. Más de cuarenta años de investigación sobre predicciones basadas en series de tiempo lo han confirmado.

Los agregadores de predicciones – como PollyVote y PredictWise – utilizan información de diversas fuentes: encuestas, mercados de futuros, mercados de apuestas, encuestas de expertos, y modelos econométricos. Individualmente, cada una de estas fuentes de información tiene un alto margen de error en estos meses de la campaña. En conjunto, sin embargo, el error en la predicción se reduce drásticamente. Sobra decir que, por esta razón, son la mejor fuente de información con la que contamos en esta etapa de la elección.

Los agregadores de predicciones dan hoy a Clinton una probabilidad de 73% de ganar la presidencia (3:1) y con 52% del voto nacional. Una nota importante es que aún después de conocerse los resultados del referéndum británico, no mostraron cambios en la predicción.

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Los siguientes meses proveerán información que nos ayude a reducir la incertidumbre sobre el resultado de la elección. Será importante dar seguimiento puntual a tres variables.

Primero, dadas las reglas en el Colegio Electoral, el resultado de la elección presidencial se decide en un puñado de estados competidos (swing states). La “identidad” de estos estados se “descubre” por una mezcla de resultados históricos, la diferencia en los resultados de la elección presidencial previa, y encuestas en la elección en curso. En elecciones recientes, los estados competidos han sido entre 8 y 12.

Si, conforme avanzan las campañas, comenzara a aumentar el número de estados competidos, las dinámicas de la campaña presidencial podrían tomar un giro distinto al que tradicionalmente conocemos. Esto podría ser particularmente definitorio si estos nuevos estados tienen grandes números de votos en el colegio electoral (determinados por la suma del número de senadores y representantes en ese estado).

Segundo, si lo anterior sucede, la variable más importante a observar sería la composición de las coaliciones de votantes que respaldan a Clinton y a Trump. Si Clinton logra solamente atraer el respaldo de los votantes demócratas tradicionales, pero no ampliar su base de votantes podría estar en una situación electoralmente vulnerable frente a Trump. Si Trump logra mantener el respaldo de la base republicana y, además, atraer a votantes que tradicionalmente no participan, presumiblemente por el discurso xenófobo y de miedo, podría hacerlo realmente competitivo. La combinación de ambas, por supuesto, sería desastrosa para Clinton.

Tercero, vinculado al punto anterior esta la participación electoral. Estados Unidos es la democracia desarrollada con la tasa de participación electoral más baja en el mundo. En las últimas ocho elecciones, en promedio, sólo el 56% de la población elegible para votar salió a emitir su voto.[1] Un incremento en la tasa de participación podría indicar simplemente que hay interés atípico en la elección, que Trump convenció a votantes de salir a las urnas o que Clinton lo hizo. No es claro aún a quién respaldarían estos “nuevos” votantes.

Por todo lo anterior, la pregunta relevante no es si Trump puede ganar. La pregunta indispensable, de hecho, es si alguien puede hacer alguna inferencia válida en estas condiciones y en este momento de la elección.

 

* Marco A. Morales es investigador Afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

 

 

[1] De acuerdo con estimaciones de Michael McDonald a través del United States Election Project. La tasa de participación es aún más baja si consideramos a la población en edad de votar (VEP): 53%

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