Trump presidente: el mito del debate

Aunque los debates pueden aportar elementos no vistos previamente en la campaña, no son la respuesta definitiva en una contienda. Aquí algunas reflexiones para entender y desbancar el mito de los debates en las campañas.

Por: René Bautista (@rene_bautista) y Marco A. Morales (@marco_morales)

El primer debate entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos sucede este lunes. En estos días hemos escuchado ya a muchos comentócratas asegurar que grandes cambios en intención de voto sucederán como resultado del debate. No sólo eso, comentócratas, analistas y políticos presumen que ese movimiento dará la victoria a Trump.

Aunque los debates pueden aportar elementos no vistos previamente en la campaña, no son la respuesta definitiva en una contienda. Aquí algunas reflexiones para entender y desbancar el mito de los debates en las campañas.

Primero. Los debates nunca han tenido efectos sustantivos en la intención de voto y, mucho menos, en los resultados de la elección presidencial estadounidense. Históricamente, quienes ven los debates, generalmente terminan confirmando sus predisposiciones. Ahí termina su efecto.

Si algún evento televisivo genera movimiento durante la campaña, suele ser la convención de cada partido, no los debates. Pero, además, es muy probable que estos “movimientos” en las encuestas no sean cambios en la intención de voto sino en la propensión a participar en sondeos de opinión. Es decir, después de la convención republicana, los republicanos estarían más motivados a responder encuestas que los demócratas, y viceversa. Esto genera un aparente cambio en la proporción de partidistas entre quienes responden una encuesta, pero no necesariamente la intención de voto.

Segundo. Los debates en esta elección parecieran ser más importantes a los ojos de la comentocracia en el contexto de la “caída” de Clinton y el “crecimiento” de Trump en las encuestas recientes. No obstante, basta un poco de atención para notar que Clinton “cayó” y Trump “creció” a los niveles de intención nacional de voto que tenían antes de sus nominaciones. Es decir, regresaron a los niveles que tenían previo a las convenciones.

En Estados Unidos suele observarse que antes de Labor Day (el primer lunes de septiembre) tiende a haber mayores movimientos en las tendencias nacionales agregadas, comparado con el periodo posterior. Estos movimientos incluso pueden llegar a registrar un cruce de ganador en las tendencias. En las semanas posteriores a Labor Day, suele observarse en las tendencias agregadas una competencia cerrada que incrementalmente va desempatándose. En ese contexto, esta elección ha mostrado tendencias menos inestables que las anteriores: mientras que en 2004, 2008 y 2012 se observaron cambios o cruces en el orden de ganador previo a Labor Day en las tendencias agregadas, en 2016 no vimos cruce alguno.

Después del debate es de esperarse un cierre en la intención de voto, lo cual es enteramente consistente con lo que se ha observado en las últimas tres campañas presidenciales en Estados Unidos. Este es el periodo en que los electores entran en la fase de toma de decisión usando toda la información a la que han estado expuestos desde el inicio del verano, ya sea mediante consumo de noticias o comentarios de amigos y familiares sobre diversas posiciones de los candidatos. El “cierre” en la intención de voto poco tiene que ver con lo que sucede en el debate, y mucho más con la acumulación de la información que ha fluido de las campañas y la cercanía de la elección. Sería muy inocente creer que una hora frente al televisor decida enteramente una elección.

Consistente, también, con la tendencia observada históricamente, esperaríamos que en octubre se abriera la elección entre 2 y 8 puntos porcentuales como ha sucedido en las últimas tres elecciones.

Tercero. Resulta increíble que los comentócratas tengan tanta fe en los debates. Más increíble es el peso que los políticos han dado a las tendencias previas a Labor Day. Antes de Labor Day, las encuestas están sujetas a un mayor error, especialmente porque la mayoría de los votantes potenciales comienzan apenas a absorber y comprender la información sobre cuestiones tan básicas como los candidatos que compiten (en este caso, entender que es una personalidad del clan Clinton contra un magnate convertido en estrella de reality show), los temas, y las dinámicas de comunicación.

En esa parte de la campaña, es difícil tener una medición certera. Es bien sabido entre analistas que, entre más lejana la elección, la predicción basada en encuestas es menos confiable. Por el contrario, después de Labor Day, tiene más sentido intentar interpretar tendencias. 

Para reflexionar. Leer de más en las encuestas antes de Labor Day fue un proceso doloroso para México. Nos costó la vergüenza pública internacional, una crisis diplomática e, inclusive, una salida penosa de un secretario de Estado. Es difícil entender cómo y cuándo la comentocracia y la clase política empezó a creer en México que Trump tiene ganada la elección. Desde el inicio de la campaña presidencial en Estados Unidos y hasta este momento, nadie que sea un profesional de la política, de las encuestas o de medios de comunicación en Estados Unidos se ha atrevido a “cantar” el resultado de la elección presidencial. Si hay alguna, la narrativa es de incertidumbre sobre resultado.

Esta misma experiencia debería servir para dimensionar que el debate es, a todas luces, insuficiente para dar por ganador a Trump… o a Clinton.

 

* René Bautista es consultor en metodologías de investigación por encuestas en NORC at the University of Chicago. Marco A. Morales es investigador asociado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Las opiniones vertidas por los autores se hacen a título personal y no reflejan necesariamente la posición de las instituciones con las cuales están afiliados.

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