¿Cómo le hizo Hillary para perder la elección?

A Hillary Clinton la respaldaron todos, menos los votantes que necesitaba. ¿Qué fue lo que hizo mal? Acá van 10 razones de su derrota.

Por: Kurt Hackbarth

Ex secretaria de Estado durante cuatro años. Ex primera dama durante ocho. Conectada, poderosa, rica, capaz de recaudar fondos casi ilimitados gracias a una amplia red de donadores entre financieros, empresarios y celebridades. Respaldada casi por unanimidad por la élite política –incluyendo el presidente Barack Obama– y de una serie de influyentes medios de comunicación. Y, a la postre, oponiéndose a un candidato neófito, indisciplinado, propenso a insultar bloques enteros de votantes y repudiado por figuras clave dentro de su propio partido. ¿Cómo, entonces, logró Hillary Clinton perder la campaña para la presidencia de Estados Unidos? Van diez razones.

  1. La sombra de Wall Street: Clinton nunca logró liberarse de las estrechas relaciones que mantenía con los financieros de Wall Street y, por ende, la percepción generalizada de formar parte de la misma élite que causó la crisis mundial de 2008. Criticada por su contrincante en las elecciones primarias, el senador Bernie Sanders, por haber dado una serie de discursos para el vilipendiado banco de inversiones Goldman Sachs por la nada despreciable cantidad de $225,000 dólares cada uno, Clinton se disculpó con el inverosímil argumento que ni eso ni los donativos a su campaña que recibía del sector financiero (y otros intereses como los energéticos, los farmacéuticos, las industrias de alimentos transgénicos y cárceles privadas) afectaba sus posturas políticas. Durante la campaña, parecía pasar más tiempo en eventos de recaudación de alto vuelo que en contacto con el público o en sus escasas conferencias de prensa. En total, su campaña terminó gastando casi el doble de lo de la campaña de Donald Trump. En vano.
  1. Falta de mensaje: A lo largo del año y medio que duró su campaña, Clinton nunca pudo forjar un mensaje claro que justificara su participación en la contienda. Frente a la ambiciosa plataforma de Sanders en las elecciones primarias (sanidad universal, universidades públicas sin colegiatura, un salario mínimo de $ 15 dólares por hora, fraccionamiento de los grandes bancos, etc.), Clinton se retrataba como el candidato “realista”, etiquetando las propuestas de Sanders como poco factibles. Aunque por un lado su actitud pudiera verse como responsable, no estaba destinada a prender fuego en los votantes. Luego, durante la campaña general, dedicó gran parte de su esfuerzo en criticar a Trump y su falta de aptitud para la presidencia, perdiendo así otra oportunidad para definirse. No ayudó en nada que Clinton hubiera cambiado su postura en una larga lista de temas a lo largo de su carrera: la guerra en Irak (votó a favor como senadora y luego dijo que era un “error”), el embargo contra Cuba (a favor y luego en contra) y el matrimonio gay (en contra y luego a favor), entre otros. Es más, en temas de actualidad durante la campaña, como el Tratado de Asociación Transpacífico, la controvertida práctica de fracturación hidráulica conocido como fracking y el oleoducto Keystone, el cual transportaría petróleo de Canadá al Golfo de México, no daba posturas claras en absoluto.
  1. Desdén hacia la izquierda: En una serie de filtraciones, la organización mediática Wikileaks mostró cómo el Comité Nacional Demócrata (DNC) –a pesar de un reglamento que exige su neutralidad respecto a sus precandidatos– hizo de todo con tal de inclinar las elecciones primarias a favor de Hillary Clinton, limitando el número de debates entre los precandidatos, conspirando con sus aliados en la prensa para calumniar a Sanders, e incurriendo en una cuestionable recaudación de fondos en conjunto con la campaña de Clinton. Las elecciones primarias del partido demócrata fueron plagadas de irregularidades, con votantes en estado tras estado enfrentado filas enormes, el cierre de casillas y la supresión del voto: miles acudieron a votar sólo para descubrir que sus nombres habían sido eliminados del padrón electoral o cambiados a otro partido. En la Convención Nacional Demócrata, convocada en la ciudad de Filadelfia en julio, los delegados y simpatizantes de Sanders fueron marginalizados, incluso ridiculizados. Todo eso generó una ira entre la mitad de la base del partido que Clinton hizo poco para sanar: en lugar de abrazar a su contrariada ala izquierda, ejecutó un “pivote hacia la derecha” en la campaña general, dedicándose a ganar el apoyo de republicanos desafectos con Trump, lo cual sólo sirvió para convencer a más progresistas a abstenerse de ir a las urnas.
  1. Abandono de la clase obrera: Desde el Nuevo Trato de los años 30 hasta los 60, el voto obrero era uno de los ejes del Partido Demócrata. Desde hace una generación, sin embargo, los demócratas abandonaron la clase trabajadora para adherirse al consenso neoliberal. Sin el apoyo de su viejo partido, debilitados los sindicatos y con un sector manufacturero en constante declive debido a la globalización, gran parte de la clase obrera migró o al Partido Republicano –que canalizaba su enojo hacia minorías, inmigrantes y temas sociales como el aborto y el matrimonio gay– o al abstencionismo. Aunque esa tendencia no era culpa de Hillary Clinton individualmente, había empezado durante el mandato de su esposo (con el cual, para bien o para mal, el público la identificaba) y su plataforma no hizo nada para contrarrestarla. De hecho, los estados clave que decidieron la elección a favor de Trump forman parte del “Cinturón del Óxido” de estados centrales donde una vez se concentraban las industrias pesadas del país: Michigan, Wisconsin y Ohio.
  1. Los escándalos: Al asumir su cargo como secretaria de estado, Hillary Clinton decidió utilizar un correo privado para realizar sus comunicaciones, instalando un servidor propio en el sótano de su casa para almacenar los datos. Este arreglo –que contravenía las reglas del Departamento de Estado– desencadenó una investigación de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) para determinar si había puesto en riesgo información clasificada. Ante las acusaciones, Clinton ejecutó una serie de piruetas, primero afirmando que no había hecho nada indebido, luego insistiendo que había entregado todos los correos relevantes a los investigadores, cosa que resultó no ser cierta. Finalmente en julio el director del FBI, James Comey, anunció que no recomendaría que se levantaran cargos contra Clinton, ya que no había evidencia que hubiera actuado con el propósito de violar la ley; sin embargo, afirmó que su comportamiento había sido “extremamente descuidado”. Luego, once días antes de las elecciones, Comey anunció que, a base de nuevos correos encontrados, volvería a abrir el caso. Aunque afirmó una semana después que no habían encontrado material incriminatorio en ellos, el daño estaba hecho. Para acabarla de amolar, las filtraciones de Wikileaks de los correos de John Podesta, presidente de su campaña presidencial, revelaron que Clinton había utilizado su puesto como Secretaria de Estado indebidamente, ofreciendo acceso especial a los que habían donado grandes sumas a la Fundación Clinton, una organización filántropa fundada por su esposo en 1997. Este escándalo, conocido como “Pay for Play” (Pagar para jugar), consolidó aún más la reputación de la candidata como deshonesta.
  1. Salud: Una serie de rumores circularon durante la campaña acerca de la salud de Clinton, que cumplió 69 años en octubre. Aunque la mayoría de ellos no eran más que eso –rumores– un video de apenas un minuto dio una vuelta inesperada al asunto. El día 11 de septiembre, Clinton salió temprano de un evento conmemorativo de los atentados de 2001, diciendo que se sentía mareada. Luego, un transeúnte grabó con su celular el momento en que Clinton sufrió un desmayo y tuvo que ser efectivamente arrastrada al coche que llegó para recogerla. El video, por supuesto, se tornó viral. Su campaña admitió posteriormente que sufría de neumonía desde hacía varios días, noticia que había decidido no revelar. Después de varios días de descanso, la candidata retomó sus actividades con normalidad hasta el final de la campaña pero, otra vez, el daño ya estaba hecho.
  1. La ‘brecha’ de entusiasmo: Por las razones anteriormente mencionadas, la campaña de Clinton no generó el entusiasmo necesario entre el público para tomar impulso. A diferencia de los públicos masivos que acudieron a los mítines de Sanders durante las primarias y los públicos grandes de Trump durante la campaña general, los públicos de Clinton muchas veces no llenaban los recintos. Aunque su campaña intentó justificar el asunto afirmando que la candidata prefería conducir eventos más íntimos en lugares más pequeños, la desgana era palpable. Para remate, Clinton escogió como compañero de fórmula al senador Tim Kaine de Virginia, un poco carismático centrista cuyas posturas proempresariales y socialmente conservadoras acaso habrían sido aptos para 1996, pero no para 2016. En última instancia, esta “brecha” de entusiasmo habría de ser decisivo: aunque Donald Trump ganó un millón de votos menos que el candidato republicano Mitt Romney en la última elección presidencial en 2012, Clinton ganó seis millones menos que Barack Obama en este mismo año. Los simpatizantes del partido demócrata no salieron a votar en masa por Trump; muchos sencillamente no votaron.
  1. El sistema electoral: En Estados Unidos, gracias a un sistema electoral que no se ha modificado fundamentalmente desde 1787, lo que decide la elección presidencial no es el voto popular, sino el voto electoral, decidido estado por estado: una suerte de federalismo a ultranza. Aunque Clinton ganó el voto popular por unos 395,000 votos, Trump ganó en los estados clave que le dieron un triunfo de 290 a 232 en el colegio electoral.
  1. El voto femenino: Aunque Hillary Clinton –quien habría sido la primera mujer presidenta de los Estados Unidos– buscó activamente el voto femenino, y a pesar de un historial de atroces comentarios misóginos por parte de Donald Trump (incluyendo un video que salió durante la campaña en el que el magnate defiende abiertamente el abuso sexual), el respaldo femenino a la candidatura de Clinton distó mucho de ser inequívoco: 54 % de las mujeres en general votaron por ella, una mayoría escasa, pero un 53 % de las mujeres blancas votaron por Trump. Tomando en cuenta que siete de cada diez votantes eran blancos, ese apoyo sorprendente fue una de las claves de la victoria del candidato republicano.
  1. El voto hispano: El bloque hispano fue otro grupo cuyo respaldo a Clinton no alcanzó las expectativas, eso a pesar del ataque frontal de Donald Trump a lo largo de la campaña, equiparando a los mexicanos con violadores y prometiendo construir un muro en la frontera que México tendría que pagar. Aunque un 65 % de hispanos votaron por la candidata demócrata, una considerable minoría de 29 % optó por Trump. Cuando recordamos que Barack Obama logró conseguir un 71 % del voto hispano en 2012, el fracaso de la campaña de Clinton en atraer más apoyo de los latinos, en circunstancias por demás favorables a ella, se vuelve todavía más patente.

La derrota de Hillary Clinton no sólo le afectó a ella, sino al desempeño de su partido entero. Los demócratas perdieron en todos los campos. Aunque tenían muchas expectativas por retomar el Senado, quedó en manos de los republicanos, al igual que la Cámara de Representantes. Los republicanos ahora controlarán los tres poderes del gobierno federal, dando al presidente electo Trump un poder casi sin precedentes. Los republicanos también tendrán 34 de las 50 gubernaturas en sus manos, así como la gran mayoría de los congresos estatales. Para una candidata cuya ascensión al poder parecía inevitable hace apenas un año, Hillary Clinton será reconocida por la historia como la que permitió lo que una vez era impensable: la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

 

* Kurt Hackbarth es narrador, dramaturgo y periodista de origen estadounidense radicado en México. Politólogo de profesión, egresado de la Universidad Fairfield.

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Comentarios

  1. Лев

    11. No es Bernie Sanders.