Lo indefendible de la homeopatía

Es totalmente inaceptable destinar recursos públicos escasos a la práctica homeopática. Réplica a la Dra. Paulina Rivero Weber, directora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

Por: César Palacios González (@CPalaciosG)

Hace algunas semanas escribí una columna en donde defendí que el Estado mexicano no debe otorgarle recursos a la práctica homeopática. Mi argumento es bastante simple:

  • Los recursos destinados a la salud pública son limitados.
  • Sólo se deben utilizar recursos públicos médicos escasos en tratamientos que se ha demostrado científicamente que funcionan.
  • Se ha demostrado científicamente que la homeopatía no funciona.
  • Por lo tanto, no se deben de utilizar recursos públicos médicos escasos en la homeopatía, lo cual incluye: pagar ‘medicamentos’ homeopáticos, salarios de homeópatas, y la formación de nuevos homeópatas.

En términos prácticos esto quiere decir que tanto la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía, como el Hospital Nacional Homeopático, deberían de dejar de recibir dinero del Estado para la práctica homeopática y su enseñanza.

Dos semanas después de mi publicación apareció la columna Todo lo que no es alopatía… de la Dra. Paulina Rivero Weber, directora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM. En su columna, la Dra. Rivero defiende la homeopatía con tres argumentos. El primero, que médicos de gran renombre recetan medicamentos homeopáticos. El segundo, que ella ha recurrido a la homeopatía y le ha funcionado. El tercero, que la medicina alternativa, la cual incluye a la homeopatía, está ampliamente extendida y ‘mantiene’ la salud de muchas personas. Agradezco muchísimo a la Dra. Rivero por su columna, pues me da un excelente pretexto para volver a hablar sobre la homeopatía y la medicina alternativa.

Antes de decir por qué el texto de la Dra. Rivero es problemático, debo aceptar que en mi columna anterior debí de haber dado una definición de homeopatía con el fin de dejar claro que mi argumento concierne únicamente a la homeopatía y no a otros tipos de “medicina alternativa” (que requerirían un argumento específico a las particularidades de cada práctica). La Real Academia Española define la homeopatía como el: “Sistema curativo que aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían al hombre sano síntomas iguales o parecidos a los que se trata de combatir”. Este sistema, inventado por Samuel Hahnemann, tiene a su base dos ideas principales: “la ‘ley de los similares’ y la ‘ley de los infinitesimales’. Según la primera, una sustancia que causa ciertos síntomas en un individuo sano curará al paciente enfermo con los mismos síntomas. Según la segunda -una especie de ‘menos es más’- un remedio se vuelve más efectivo al diluirse, de modo que los más potentes son aquellos diluidos al punto de no contener una sola molécula de la sustancia activa”. En mi columna anterior dije, y aquí lo repito, que no existe evidencia científica de que la homeopatía funcione (algunos de los estudios científicos que muestran esto están aquí, aquí, aquí y aquí).

Una vez aclarado lo anterior me concentro en por qué la columna de la Dra. Rivero es problemática. En lugar de detenerme en todos los problemas y falacias argumentativas presentes en el texto, pues esto sería tedioso para el lector, sólo voy explorar los puntos principales.

El primer problema con el texto de la Dra. Rivero es que comete una falacia argumentativa llamada ‘argumento de autoridad’. El argumento de autoridad funciona de la siguiente manera: alguien en una posición de autoridad mantiene cierta creencia, luego dicha creencia ha de ser verdadera simplemente porque la autoridad la mantiene. Lo que hace a este argumento falaz es que en lugar de presentarse evidencia y argumentos para sustentar la creencia sólo se toma en cuenta la posición de autoridad para determinar su validez. En este caso en específico, la Dra. Rivero comienza respaldando la homeopatía diciendo que “médicos alópatas de gran renombre” le han recetado medicamentos homeopáticos. Sin embargo se debe de tomar en cuenta que la opinión de estos médicos sería válida únicamente si presentan argumentos y evidencia que la respalden; su opinión no adquiere validez únicamente porque son “médicos de gran renombre”. Lo que se discute es si la homeopatía funciona o no. Y justo lo que la Dra. Rivero tiene que proporcionar es evidencia científica, no anecdótica.

La falta de evidencia es el segundo problema principal del texto de la Dra. Rivero. En su columna, la Dra. Rivero no presenta ninguna evidencia científica, ni nos dirige hacia donde se encuentre la evidencia necesaria para sostener que la homeopatía funciona. Lo que sí presenta es evidencia anecdótica y la utiliza para respaldar a la homeopatía. La evidencia anecdótica es aquella que se obtiene de manera informal, casual, y no sistemática. En este caso la Dra. Rivero nos dice: “He comprobado los efectos (…) [de la] hierba de San Juan dosificada en Alemania para algunos periodos difíciles y muchas otras medicinas dosificadas en Francia”. Lo que la Dra. tendría que presentar para defender la homeopatía es evidencia obtenida de manera sistemática en estudios clínicos controlados, sin prejuicios, que sea replicable, y conseguida de acuerdo a los estándares de la medicina contemporánea (por ejemplo, por pruebas de doble-ciego).

El tercer problema con su columna es que ‘mete en un sólo saco’ diversas prácticas (la homeopatía, la herbolaria, la acupuntura china, y la acutomía), y habla de ellas como si fueran intercambiables en términos de efectividad. Esto es problemático pues los supuestos métodos de acción de todas estas prácticas son distintos y, por lo tanto, defender una no implica que se defienda la otra. Por ejemplo, es un desatino total meter a la herbolaria, entendida de manera general como el uso de plantas para el trato de padecimientos médicos, en la misma bolsa que la homeopatía. Hoy en día sabemos que ciertas prácticas dentro de la herbolaria funcionan por los elementos químicos que las plantas contienen; por ejemplo, el uso de mariguana para tratar dolor crónico.

Dado todo lo que conocemos sobre el cuerpo humano, la física y la química, defender la homeopatía es prácticamente imposible. Y aquél que quiera embarcarse en esta sisífica tarea tendrá que proporcionar la evidencia científica adecuada. Cierro esta columna reiterando que es totalmente inaceptable destinar recursos públicos escasos a la práctica homeopática.

 

* César Palacios González es doctor en Ética de la Ciencia por la Universidad de Manchester (Reino Unido). Actualmente es investigador asociado del Centre of Medical Law and Ethics, del King’s College London (Reino Unido).

Close
Comentarios